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Marco-Serrato  

Marco Serrato

Seis canciones para cuervo

Alone Records

8

Neoclásica

Vidal Romero

 

Aunque muchos le recuerdan por haber sido el marido de Sylvia Plath, el inglés Ted Hughes era un poeta de gran estatura: un tipo criado al calor de los bosques y los montes, en perpetuo contacto con las bestias salvajes, que creía en las fuerzas sobrenaturales y que poseía una visión poco amigable de la existencia humana. Una personalidad que queda bien reflejada en “La vida y canciones del cuervo”, un libro violento y oscuro (en todos los sentidos de la palabra), que según parece le sirvió para exorcizar sus fantasmas personales tras el suicidio de Plath, y que está compuesto como un ciclo: “la idea era escribir las canciones que el cuervo cantaría; canciones sin música, escritas en un lenguaje muy simple y muy feo, que repeliera cualquier cosa excepto la idea principal, lo que de verdad quisiera decir el animal”.

 

Ese es el complicado punto de partida que el sevillano Marco Serrato, bajista y cantante en bandas como Orthodox, Jacob o Hidden Forces Trio, ha escogido para dar forma a su primer disco en solitario –aunque ya existía una casete en Knockturne, “Taaru” (13)-. Un mini LP en el que las distintas canciones también funcionan de algún modo como un ciclo, bases desde las que explorar las posibilidades que ofrece un instrumento como el contrabajo, que es protagonista absoluto en “Seis canciones para cuervo”. Así, el viaje arranca con “Cuervo canta su balada”, donde los rasgueos de cuerda, los chirridos y los golpes a la madera se suceden en aparente desorden, como advirtiendo al oyente del extraño universo en el que piensa abismarse. Chirridos que también aparecen en “Cuervo sueña que es mujer”, pero de manera más sutil, definiendo un ambiente de pesadilla sobre el que emerge una extraña melodía. “Cuervo devora los ojos de su padre” y “¡Baila Cuervo, baila!”, justo después, se hunden en un carrusel de texturas, melodías abortadas y extrañas formas cubistas; un prólogo perfecto para la pieza que funciona (al menos para este servidor) como centro de gravedad del disco: “Las dos caídas de Cuervo”, una composición violenta y abrasiva, que crece enroscada a las negras atmósferas que Serrato arranca al contrabajo, y que estalla en una orgía de free jazz, a la que se suman percusiones, trompetas y pianos. Y, tras la tormenta la calma, “De Cuervo y las estrellas” cierra el viaje entre arpegios delicados, crujidos y melodías como de caja de música. Un final perfecto para una obra exigente y de escucha difícil, que deja el alma encogida y el corazón devastado. Que, no lo duden, es a buen seguro lo que Serrato andaba buscando.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com