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The Strain 01x02

"The Box”

5,5

 

Rodolfo Santullo

 

El estreno de la nueva serie de Guillermo del Toro y Chuck Hogan ha partido aguas. Por un lado, se levantaron aquellos que aplauden de pie este regreso de vampiros de verdad, de los chupasangres impiadosos que vienen a exterminar –si tal cosa se les da como posible– a la raza humana (o al menos a complicarla mucho, ya que supongo yo que si la exterminan se morirán de hambre eventualmente), de estos monstruos nacidos del horror y la noche. Y, por otro, están ya presentes sus detractores que, curiosamente, no son jovencitas fans de las Young Adult Novels que sientan traicionados sus vampiros románticos y trágicos envueltos en historias rosas (ellas directamente ni ven la serie), sino que se trata del núcleo duro de los seguidores del género vampírico, quienes echan en falta una mayor originalidad a una historia que por el momento promete más de lo que cumple.

 

Probablemente, el encare más novedoso de “The Strain” se deba a que entiende la invasión vampírica que va sufriendo Nueva York (lentamente, muy lentamente) como una plaga, un virus, un contagio biológico que, como tal, debe ser enfrentado con científicos. Y este segundo episodio encuentra fundamentación para hacer de Ephraim Goodwater y su equipo los protagonistas de la serie, ya que su intervención los pone (brevemente, y la verdad es que tampoco les dan demasiada importancia) en la mira de la sociedad vampírica (que se revela más compleja de lo que parecía, a su vez). El Centro de Control de Enfermedades puede entorpecer el avance del contagio tal como lo planearon los vampiros, pero si lo hace es por seguir protocolos de contención tales como cuarentenas (que los vampiros hacen saltar moviendo aparentemente a funcionarios corruptos) y no por entender qué está pasando. Una vez más, los héroes no entienden de la misa la mitad.

 

El episodio abre con la inclusión de un nuevo personaje: Vasily Fet (el tan gigantesco como imponente Kevin Durand), un –¿policía inspector de bromatología?– a quien vemos desbaratar un restaurante con ratas. A pesar de su mínima intervención, es llamativo y prometedor. Espero que aparezca más adelante exterminando vampiros. Y, para hablar de exterminadores de vampiros, visitamos a nuestro Van Helsing, Abraham Setrakian (David Bradley) en la cárcel, donde tiene un tête-à-tête con Eichorst (Richard Sammel), uno de los vampiros más jodidos, en donde se dicen unas cuantas cosas bonitas. Nos queda claro que, a pesar de tanta risa y desprecio, Setrakian es una amenaza para los vampiros y que se lo toman bastante en serio. También nos queda claro que a Setrakian enfrentar a los chupasangres le ha costado bastante caro.

 

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Y, a pesar de estas dos escenitas prometedoras, pronto el episodio se desvirtúa por completo. Hay una necesidad en “The Strain” de generar el sobresalto a toda costa, sin importar el precio, que termina por llevarse puesta la verosimilitud del asunto. Los cuatro sobrevivientes del avión son liberados de la cuarentena porque conviene a la trama, a pesar de que están más pálidos que un muerto en formol (y ni siquiera ellos mismos lo cuestionan), la morgue de Nueva York (un lugar que apuesto es bastante transitado) puede pasar veinticuatro horas desierta sólo para que sean nuestros protagonistas quienes la recorran una vez destrozada, un padre puede recibir a su hija aparentemente fallecida y no llevarla a la clínica más cercana a pesar de que sus ojos están tan inyectados en sangre que eso explicaría la anemia del resto de su cuerpo.

 

Y, por otro lado, sus protagonistas siguen haciendo agua. Peter Russo, con peluquín de Nicolas Cage (que no entiendo, ¿por qué tomar a un actor reconociblemente calvo como Corey Stoll y hacerle semejante desaguisado? ¿No podemos tener un héroe pelado? ¿No hemos aprendido nada de Bruce Willis?), muestra algunos aspectos más de su vida personal, pero del asunto que nos ocupa no pesca ni una; la latina anónima ahora es latina anónima+interés amoroso (como era de esperar) y Samsagaz se limita a aparecer en una sola escena y vomitar (esta vez no trae ni una cajita de leche). Y el apocalipsis vampiro sigue prometiendo que llega, ahora nomás, eh, no se apuren.

 

Lo mejor: El diálogo Setrakian-Eichorst en la cárcel.

Lo peor: La tontería de la morgue.

 

Rodolfo Santullo

Rodolfo Santullo (Mexico D.F., 1979) es periodista, escritor, guionista y editor de historietas al frente de Grupo Belerofonte. Ha publicado novelas, cuentos e historietas en Uruguay, Argentina, Ecuador, Alemania, España, Chile, Gran Bretaña, Perú, Italia y Chipre. Actualmente prepara su debut como guionista de cine con la película "La teoría de los vidrios rotos".