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Juego de Tronos 4x09

"Los vigilantes del Muro”

7,9

 

Milo J Krmpotic'

 

Después de que Oberyn Martell recibiera el tratamiento “Scanners” a manos (nunca mejor dicho) de Ser Gregor Clegane, tras la consiguiente condena a muerte del bueno de Tyrion Lannister, nuestros ojos y nuestro corazón (partido, como el de Ellaria Arena) se hallaban en Desembarco del Rey. Pero, porque ese desenlace en particular resultaba demasiado suculento como para no reservárselo de cara al último episodio de la temporada, Benioff y Weiss decidieron desviar nuestras miradas hacia el Norte, dedicando todo un capítulo a la batalla del Muro. Y lo que perdimos en carisma interpretativo y, por tanto, contenido humano (Peter Dinklage frente a Kit Harington: es como enfrentar a “La Montaña” con Bran Stark) lo ganamos en espectacularidad bélica, de la mano de un Neil “Centurión” Marshall que, tras “Aguasnegras” (2x09), parece haberse convertido en el especialista en batallas de la serie.

 

En la calma que precede a la tempestad, asistimos a hasta tres conversaciones en las que los morituri en potencia rememoraron –bajo la frágil luz de unas antorchas azotadas por el viento, de una hoguera al raso o del candil de una biblioteca– viejas conquistas amorosas (con mujeres e incluso con un plantígrado), aquello que de veras vale la pena recordar sobre el ayer cuando, tal y como dijo el maestre Aemon, pinta que uno no tendrá demasiado mañana. Sostuvo también el sabio, por cierto, que el amor representa la muerte del deber. Y, en su defensa del Muro, sólo uno de los Cuervos, Sam, precisamente el receptor de esas palabras, intentará desmentirle luchando por sus sentimientos hacia otra persona, ahora que Elí ha regresado a Castillo Negro en busca de refugio.

 

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Las razones del resto de sus hermanos, en cambio, discurrirán entre el ansia por salvar el pellejo propio, la fidelidad a un ideal y un cierto concepto trágico de la vida. Así, escarbando en ese apartado más íntimo de la contienda (sean pacientes, dentro de nada nos dejamos pisotear por los mamuts), con Sam siempre como elemento conductor, asistimos a dos grandes momentos inesperados y a otro tan anticipado como, a la postre, tirando a blandengue. El primero fue la muerte de Pyp, finiquitado antes que en los libros para que el combate nos doliera razonablemente pese a la ausencia de nombres de verdadera importancia en el parte de bajas. El segundo brotó de la defensa del túnel por parte de Grenn, quien logró que otros cinco compañeros hallaran los arrestos para enfrentarse al gigante galopante recitando el juramento de la Guardia de la Noche. Y el tercero, mucho menos emotivo, tuvo lugar con la muerte de Ygritte en brazos de Jon Nieve: no hay más que comparar la despedida de los antiguos amantes con, de nuevo, el dolor de Ellaria Arena la semana anterior para constatar lo inocuo de la escena.

 

“Los vigilante del Muro”, en cualquier caso, no debía ser un episodio afín a la sutileza dramática e interpretativa, sino que su misión consistía en transmitir toda la espectacularidad de una batalla capital para el devenir de los Siete Reinos. Y bien podríamos decir que cumplió con tal cometido en un ochenta por ciento. Porque –y aquí debo recuperar una de mis pegas recurrentes a la serie en este apartado–, si bien siempre fuimos conscientes de la escasez de recursos de los defensores de Castillo Negro (aunque no hicieran un “Beau Geste”, como en la novela), la magnitud de las fuerzas atacantes no quedó visualmente sentada. ¿Un ejército de 100.000 salvajes y gigantes? Lo cierto es que vimos correr y trepar y caer bajo las flechas a un puñado de los primeros y a apenas dos de los segundos. Por ello, en ausencia de un Mance Rayder que desprendiera carisma en su dirección de las hostilidades, el ataque al Muro siempre resultó menos amenazante que la escaramuza supuestamente menor de la puerta sur, donde la fiereza de Styr y Turmond campó a sus anchas y encontró buenas respuestas en Ser Alliser, Sam y un Jon Nieve constantemente necesitado de reafirmarse como líder haciendo uso de la espada.       

 

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Más allá de la pega numérica, cabe reconocer que Neil Marshall supo lucirse. Y lo hizo describiendo a la perfección la geografía de la batalla, narrando la confusión desde una claridad encomiable (cosa que no había acabado de hacer en “Aguasnegras”, donde la irrupción final del ejército de Tywin Lannister se vio explicada antes desde los diálogos que en imágenes), poniéndose estupendo con soluciones tan llamativas como ese plano que, a lo largo de casi 360 sangrientos grados, fue tomando y abandonando a diferentes protagonistas de la pelea en la puerta sur, un pequeño prodigio de coreografía gracias al uso de una grúa que se suma a los planos-secuencia de “True Detective” 1x04 y “Fargo” 1x07 como una de las más ambiciosas y espectaculares propuestas narrativas de la temporada catódica.

 

Pero el realizador británico tampoco se mostró Jaime Lannister (es decir, manco) en los detalles, ayudado como estuvo por el departamento de efectos digitales: los dichosos gigantes, sólo dos pero excelentemente definidos; el guardia del Muro que vuela ensartado por la flecha que dispara uno de ellos, la mano que cuelga cercenada tras la caída de la guadaña… todos ellos fueron hitos de un episodio notable, que se cerró además con gran inteligencia: un diálogo entre Jon Nieve y Sam inverso al que había servido para abrirlo (hemos pasado de las alturas del Muro a las profundidades del túnel y los papeles también se han intercambiado, pues uno ha perdido a su interés romántico mientras que el otro ha vuelto a dar con él) y un fundido a blanco (¿de qué otro color podría ser?) que da fe del carácter suicida de la misión que se apresta a emprender el bastardo de la casa Stark.

 

 

Bonus tracks:

* Entre el final del tuberculoso comandante de los hombres de hierro durante el episodio pasado y la conclusión del combate entre Styr y Jon Snow, queda claro que la alopecia resulta muy suculenta cuando de mostrar la brutalidad de Poniente se trata.

* Justo antes de su captura, Turmond se revuelve como un oso herido y acosado. ¿Veríamos tan claro el paralelismo si, unas horas antes, él mismo no hubiera presumido de haberse beneficiado a una hembra de esa especie? 

* Sam a Elí: “Te prometo que no voy a morir”. Pero tenemos demasiado fresca la herida de Oberyn como para que ese tipo de promesas dejen de encender todas las alarmas.

* ¡La semana que viene regresa Tyrion! Y de corazón esperamos que conserve el cuello, aunque en “Juego de Tronos”, especialmente desde que vuela también por libre, todo es posible, incluso que muerdan el polvo sus dos grandes personajes de la temporada.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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