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Fargo 01x06

"Buridan's Ass”

8,4

 

Milo J Krmpotic'

 

Tal y como Guillermo de Ockham pasó a formar parte del saber popular gracias a una navaja, su discípulo Jean Buridan lo es por un asno que, en tiempos de Aristóteles, había sido persona. Reza la paradoja, humana cuando el estagirita y équida en la versión de los detractores del filósofo francés, que, a idéntica distancia de sendos montones de heno (o de un montón de heno y un cubo de agua), el animal morirá de inanición al ignorar cuál se halla más cerca y acabar por no dirigirse hacia ninguno de ellos para saciar su hambre (o sed). Los placeres de la razón y el libre albedrío, tan peludos hoy día como hace veinticuatro siglos…

 

Buridan, por cierto, también es recordado como uno de los impulsores de la teoría del ímpetu, remedo medieval de las ideas aristotélicas sobre el movimiento que vendría a equivaler a nuestro concepto de inercia. Sometido a la fuerza de la gravedad y a la oposición del aire, un cuerpo tiende a ver detenida su traslación a menos que se le aplique de nuevo una fuente de fuerza. Y así es precisamente cómo se comportó este 1x06, dueño de un estilo visual tirando a cansino, sin rastro de los jugosos diálogos del episodio anterior, un globo que parecía a punto de desinflarse por completo… hasta que, como en el capítulo piloto, la violencia irrumpió para volver a ponerlo todo en marcha (y dejarlo, de paso, perdido de sangre). Y esta vez, para más inri, Lorne Malvo no es ya el único instigador del trágico (des)orden de la cuestión.  

 

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Todo ello se vio anunciado durante el prólogo en el restaurante chino, cuando el personaje de marcado acento australiano (símbolo, si no le estamos buscando los tres pies al guionista, de los personajes excéntricos que tanto brillo dan a la serie) vio interrumpido su discurso (uno de esos relatos de los que tanto recorrido extrae la serie) por el jefe mafioso, hombre de pocas palabras y mucha violencia que decretó muerte bajo la ley del talión (“kill and be killed”). Y muerte hubo, en efecto. Y esa muerte nos fue mostrada con una fiereza y un detenimiento hasta ahora inéditos (no estamos hablando en clave de “Juego de Tronos”, ciertamente, pero hubo cámara lenta en el acribillamiento de Don Chumph y asistimos en primer plano al degollamiento de Mr. Numbers). Y, a la vez, no toda esa muerte se produjo por la mano del hombre: Stavros Milos quiso creer en un Dios bondadoso y se encontró con el del Antiguo Testamento, tan terco a la hora de saldar cuentas.

 

Los caminos del Señor son, en efecto, inescrutables. Le devuelves el millón de dólares que te prestó, crees que las cosas han regresado a su estado original y, de repente, una lluvia de peces en pleno Minnesota te arrebata a tu primogénito. Pobres todos nosotros, pues, tan limitados a la hora de decretar la relación entre unas causas y otros efectos. Pero si el cielo es tragedia tirando a absurda, sólo comprensible en términos de ironía, a pie de tierra el Mal se nos aparece como una fuerza mucho más reconocible. Y, lo mismo que en ese otro puntal catódico de la temporada que fue “True Detective”, casi podríamos calificarla de infecciosa: tras entrar en contacto con Malvo, Lester Nygaard se ha acabado convirtiendo en un nuevo geniecillo diabólico, capaz de vender a su madre (o, para el caso, a toda la familia de su hermano) con tal de escapar al castigo que merecerían sus actos. Y todo ello sin pestañear.   

 

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Ya hemos comentado en varias de estas reseñas el aprecio que siente Noah Hawley por las repeticiones como elemento que prolongue o multiplique el contenido de la narración. En este 1x06, sin ir más lejos, vimos paralelismos entre los copos de nieve de la tan anunciada tormenta y las motas de polvo que brillan bajo la luz mientras cruzan el sótano de los Nygaard cuando el plano se detiene sobre el ya conocido póster de los peces… tal y como un pez sacrificado comenzó poniéndonos en situación y una lluvia de peces cerró prácticamente el capítulo con el sacrificio del joven Milos. Y, en su particular proceso de hermanamiento, Malvo y Lester se aprovecharon de sendos pobres diablos en inferioridad de condiciones (intelectuales o físicas), incapaces ambos de oponer resistencia verbal al hallarse sus rostros cubiertos por, respectivamente, vendas y celo industrial (la diferencia entre el destino de uno y otro se explica por hallarse el vendedor de seguros aún en fase de aprendizaje, pero denle tiempo). Y, al igual que en la subliminal superposición de imágenes del final de “Psicosis”, esa sonrisa postrera (la expresión más atractiva y peligrosa de Malvo) selló la caída de Lester en los abismos de la amoralidad. A la vez, cuanto sembró en las secuencias precedentes, pese al elevado cómputo de bajas, promete nuevas y muy terribles inercias en este "Fargo" donde, para colmo, no sabemos si Molly Solverson morirá por fuego amigo.

 

 

Bonus tracks:

* Chazz Nygaard: “So you gotta give ‘em something. Someone”. E ignora hasta qué traicionero punto Lester va a hacerle caso, claro. Pero lo más interesante de la conversación es el modo en que ambos hermanos comienzan a intercambiar sus papeles: mientras Lester se deja llevar por la mentira, ahora es Chazz quien se interrumpe constantemente y tiene dificultades para soltar sus frases de un tirón.

* Lorne Malvo: “That’s ok. I’d be insulted if you didn’t try”. En lo que posiblemente fue el primer y único “diálogo” memorable de un capítulo donde la acción le pudo al verbo.

* ¿Qué fue de Mr. Wrench durante el tiroteo? Cegado por la nieve, sin referentes sonoros, dejado de la mano de Mr. Numbers, no nos extraña que acabara perdido…

* …en una suerte de purgatorio (o infierno decididamente blanco), pues eso es lo que nos sugirió el impactante tratamiento visual de la tan anticipada tempestad.

* Por último, ¿es Lorne Malvo el niño (metafóricamente) criado por lobos de la historia telefónica? Si así es, teniendo en cuenta que él mismo venía de definirse en términos lupinos durante el capítulo anterior, estaríamos ante la primera muestra de humanidad (torcida, pero humanidad al fin y al cabo) en las motivaciones de un personaje que hasta ahora se había comportado con diabólica arbitrariedad.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com