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Fargo 01x04

"Eating the Blame”

8,6

 

Milo J Krmpotic'

 

Retrasado en la preparación de una comida para el maestro zen Fugai y sus seguidores, el cocinero corrió al jardín y se apresuró a cortar con su cuchillo los brotes verdes que allí crecían, sin reparar en que durante el proceso había decapitado también a una serpiente. Regresó a la cocina, lo volcó todo en la olla y preparó una sopa que fue muy celebrada por los comensales… hasta que el maestro mismo descubrió en el fondo de su tazón la cabeza del reptil. “¿Qué es esto?”, preguntó mostrándosela al cocinero, a lo que este respondió: “Vaya, gracias, maestro”. Y, acto seguido, tomó la prueba de su falta y la engulló de un bocado.

 

Gusta este “Fargo” de descolocarnos con sus secuencias introductorias, marcadas por la aparición de nuevos personajes (Mr. Numbers y Mr. Wrench en 1x02), la elección de escenarios inesperados o desconocidos (el edificio de oficinas donde Malvo secuestra a su “primera” víctima en 1x03) o, ya en lo que a este 1x04 respecta, un señor salto temporal. Así, el flashback a 1987 sirvió para revelarnos el origen de la fortuna de Stavros Milos… y, de paso, relacionar con notable elegancia y brillantez el film original de los Coen con su secuela catódica. De aquellos barros, estos lodos… o, mejor dicho, de aquellos rescates enterrados en la nieve, estas fortunas y las alimañas que por ellas se ven atraídas.  

 

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La relación establecida entre “Fargo” y “Fargo” contó, además, con un paralelismo a menor escala a fin de envolver el capítulo en un lacito simétrico: así como el maletín cargado de billetes hizo que el Stavros Milos de 1986 pasara a creer en la existencia de Dios, el reconocimiento de que tras su desgracia se esconde una maldición divina (cortesía de Lorne Malvo y su puesta en práctica de las plagas bíblicas) hará que el Stavros Milos de 2006, con el empujoncito que le prestan las pastillas estimulantes que está tomando (y que se tradujeron, a su vez, en una secuencia muy “Barton Fink”), parezca ya decidido a desprenderse de otro maletín cargado de billetes en beneficio de nuestro asesino a sueldo de cabecera.

 

Un Lorne Malvo que, descubierto por Gus Grimly, dio con sus huesos en la cárcel, si bien apenas por un par de horas. La desconfianza del jefe de policía de Duluth hacia Gus, la entrañable falta de convicción de Bill Oswalt, el carácter camaleónico de Malvo y el “paquete Frank Peterson” que él mismo solicitó ante la inminencia de su arresto confluyeron en una inmediata liberación… y en la indignación de Gus, que por fin osó enfrentarse (verbalmente) a su némesis. Y el diálogo no tuvo desperdicio, el uno erigido en buen samaritano que se pregunta cómo se puede mentir de tal manera y el otro respondiendo a la cuestión únicamente, como buen demonio que es, después de se le invocara por su nombre (o, al menos, por uno de ellos).

 

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Dos líneas de diálogo repetidas puntuaron el episodio: “God is real”, en la capa más externa, y “You’re making a mistake!”, en la central. Pero el guión siguió dando muestras de la mefistofélica habilidad de Noah Hawley para jugar hasta con los más nimios detalles. Después de presentar su acertijo sobre los tonos de verde, por ejemplo, Malvo salió a la calle para subirse a una furgoneta de color verde amazónico, que además sonó a jungla por la colección de langostas amontonadas en su parte trasera. Y, escasos segundos después de ser informado de que su coche no estaba listo, Lester Nygaard se descubrió poco preparado para hacer frente a Mr. Numbers y Mr. Wrench, quienes lo introdujeron en el maletero de un coche que por supuesto no era el suyo. Y es que hay que tener mucho cuidado con lo que se nombra (o desea) en Bemidji, porque tiende a materializarse de la forma más torcida posible.

 

A diferencia del cocinero del monasterio zen, Lester Nygaard no ha aceptado purgar su culpa. ¿Acaso no podría pasar por una mordedura de serpiente, esa herida infectada que le está deformando la mano? ¿Y acaso no se la provocó Malvo en el momento de asesinar al sheriff Thurman? El tipo fue víctima de su frustración y precipitación, quiso escapar a su crimen y ha acabado encerrado en compañía de dos mafiosos que se mueren por hundirlo en un lago helado. Mientras tanto, el propio Malvo contempla su sinfonía de langostas desde las alturas. Y “Fargo” continúa discurriendo por el notable gozosamente alto.

 

 

Bonus tracks:

* Gus Grimly: “Come on, that guy’s always sick! What has he got, the cancer? Over”. Centralita: “Yeah, leukemia. Over”. La vida conspira para que el chico deje de hacer preguntas, pero él no puede con su sino.

* Lorne Malvo: “It’s like I told this young fella. This is a boondoggle, plain and simple”. Porque, cuando imita a la buena gente de Minnesota, el cabrón resulta entrañable a más no poder.   

* Gus Grimly: “You’re making a mistake!”. ¿Y alguien dudaba que acabaría diciéndolo?

* Una colección de libros de Eduardo Punset para quienes no dieran con la solución al acertijo sobre el ojo humano y los tonos de verde.

* Como los viejos matrimonios, Mr. Numbers y Mr. Wrench son fuente constante de diálogos cargados de sarcasmo. El que mantuvieron en el diner de Lou Solverson, por su juego entre el lenguaje de manos y las reacciones habladas del primero, resultó sencillamente memorable.  

* De nuevo nos encontramos con un 613 (ya saben, el número de preceptos de la Torá, cifra recurrente en la serie), aquí aplicado al código policial para designar un caso de animal muerto de forma violenta.

* ¿Volveremos a saber de la vecina de los Grimly? La relación de Gus con Molly Solverson en este capítulo se nos antojó tan poco entusiasta que ansiamos para el tipo ese otro frente de emociones fuertes.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com