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True Detective 01x08

"Form and void”

9,2

 

Milo J Krmpotic'

 

“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” (Génesis 1:2)

 

A ver, que levante la mano quien, nada más acabar 1x07, ignorara la identidad del criminal. Y por identidad no me refiero a su nombre y apellido, detalles que son lo de menos en ese Sur oscuro y rural donde la única precisión la dicta el carácter incestuoso bajo el que se cruzan un puñado de líneas de sangre; no, estoy hablando de señalar al hombre de la cara de espagueti, al sujeto de mandíbula cauterizada que fue punta de lanza de una ola de violaciones y asesinatos de, por lo menos, dos décadas de duración. Comenzando por aquella última secuencia, una semana atrás, este final de temporada no debía apuntar al quién y casi les diría que tampoco ponerse estupendo con el qué (pues el enfrentamiento entre Childress y Hart y Cohle se antojaba inevitable), pero sí debía respetar el cómo, ese tratamiento que ha hecho de lo que podría haber constituido una típica serie de asesino en ídem el más inmediato y popular fenómeno catódico desde “Juego de Tronos 1”, cuatro años ha.

 

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Y, como con todo fenómeno de tales características, las expectativas generadas ante este season finale eran tan diversas como numerosas. Quien esto firma, sin ir más lejos, estaba convencido de que la resolución (y aquí comienzan los spoilers, quedan avisados) sería digna de lodazal, que el nihilismo de Cohle se vería recompensado con el descanso eterno mientras que el vitalismo de Hart sufriría el castigo de una vida de dolor extremo, posiblemente ligado a la muerte de su hija mayor (se trataba, en efecto, de una de las teorías más interesantes aparecidas en la Red, justificada en un sinfín de detalles visuales, desde la gang rape con cinco muñecos, como cinco eran los “jinetes” del vídeo del sacrificio, hasta el dibujo en espiral que cuelga de las paredes de su habitación infantil, pasando por el hecho de que casi siempre que vemos a la familia durante una de sus cenas el menú consta de espagueti). Pero Nic Pizzolatto optó por otra vía, optó por su vía, notablemente más “luminosa”, bíblica desde ese título mismo a vueltas con la materia y el vacío, y la respuesta del millón siguió siendo sí. Sí, aunque alienara al sector más nihilista y cohliano de sus seguidores, 1x08 se mostró del todo consecuente con el carácter de la serie. Y, aunque apostara por un cierto optimismo (actitud siempre tan ridiculizable), acabó representando un magnífico punto y aparte para una magnífica temporada.

 

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Tras un comienzo extraordinariamente perturbador, en el que conocimos el nauseabundo estilo de vida de Erroll William Childress, una oda al síndrome de Diógenes y el incesto compulsivo que la tendencia del personaje a hablar como recién salido de una comedia de Noël Coward llevó a cotas delirantes, 1x08 repitió el bache de su predecesor: el interrogatorio al sheriff Geraci hizo agua y la sarta de amenazas con que Cohle cerró el encuentro rozó la parodia. Así, mientras la línea conspirativa perdía fuerza, la investigación se veía detenida en el peor momento, en un episodio que necesitaba urgentemente ofrecer respuestas. Y, con total honestidad, uno temió lo peor. En esas, Hart demostró que lo suyo no es sólo la fuerza bruta, sino que también cuenta con una cualidad tan detectivesca como es la memoria visual. Y no representó la más trabajada de las pistas, por lo menos en términos guionistas, pero cierta lógica interna (el responsable de los murales en los escenarios criminales es… ¡el pintor!) nos llevó a abrazarla sin mentar el Deus Ex Machina para situarnos ya definitivamente en la doble prueba de fuego a la que había que hacer frente: el clímax y el epílogo que terminara de poner la serie en su lugar.

 

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Y el primero, digámoslo bien claro, dueño de una tensión prácticamente intolerable, nos entusiasmó al unificar varias de las líneas que han prestado cuerpo a “True detective”. Y es que la tan literaria Carcosa se nos reveló un lugar real, a la altura de su nefasta fama, enfermizo en su laberíntica construcción pero también presidido por el elemento natural, un tumor que se hizo fuerte en las profundidades de Louisiana y que desde allí venía escupiendo pequeños pero dolorosos síntomas de infección, las famosas esculturas hechas con ramitas, que en ese núcleo original muestran un tamaño aterrador y que amparan incluso la presencia de cuerpos embalsamados. Nótense, además, los paralelismos, pero a partir de ahí también las divergencias, con el plano-secuencia que cerraba 1x04: Cohle supo cómo escapar entonces a la maraña del mundo de los hombres, pero se ve superado en su visita al corazón de las tinieblas y a punto está de pagarlo con la vida, tras una visión sencillamente espeluznante del Mal en su más cósmica acepción.

 

Con los dos “héroes” recuperándose, Cary Fukunaga se regaló un par de travellings a la “Twin Peaks” que de inmediato se transformaron en los planos aéreos marca de la casa sobre los escenarios en los que se ha desarrollado la historia, como si quisiera reconocer el lazo espiritual entre la serie de Lynch y la suya. Y, a partir de ese hermanamiento, ¿cabría enlazar la conversión final de Cohle con el ingenuo optimismo de que hacía gala el agente Cooper ante las más malignas circunstancias? Tampoco resulta necesario, ni mucho menos. A la hora de la verdad, Cohle es nada más y nada menos que un hombre, por mucho que se escondiera bajo capas y más capas de citas de Cioran. Y desde esa humana y terrena condición reacciona (fallidamente o no) al hecho de que lo ensarten con un cuchillo y se acabe viendo en una cama de hospital cual Cristo magulladísimo y no menos confundido. Todo se reduce, en efecto, al viejo enfrentamiento entre la luz y la oscuridad. Y el siempre gris Cohle ha acabado brillando, tal y como su más limitado compañero halla también la paz en la simple visita de su exmujer e hijas. No me parece mal que se permita a ambos personajes un respiro, tras casi dos décadas de penalidades. A fin de cuentas, por la Biblia (o su negación) ha vivido la serie y por la Biblia ha muerto su primera temporada. En espera quedamos de una pronta resurrección.

 

 

Bonus tracks:

* Mientras Geraci mira el vídeo del sacrificio, Hart abandona la cabina del barco y permanece de espaldas a la pantalla, bebiendo una cerveza. Es la misma actitud que adoptó Cohle en el capítulo anterior, aunque con un cigarrillo. Y, poco después, Papania certificará la confluencia alcanzada por ambos personajes al decirle al primero: “You sound like Cohle”.

* Geraci, intentando justificarse: “It’s chain of command! Right?”. Algo en lo que el guión decidió no escarbar, en una aceptación manifiesta de que se habrá ganado una batalla (y a qué coste) pero la guerra dista mucho de haber terminado.

* Volvieron las conversaciones de automóvil. Hart: “You think you could have put me down?”. Cohle: “Ah, I don’t know… Hell, I’d have had to kill you”.

* La mujer-hermana de Erroll, explicando dónde se halla el páter familias: “All around us. Before you were born. And after you die”.

* Y, finalmente, en contrapartida a la cita anterior, el nuevo Cohle, explicando cómo quiso sumergirse en una nada sorprendentemente llena de amor: “I said: ‘Darkness, yeah, yeah’”. Que la línea no induzca a la risa vuelve a dar fe del inmenso trabajo interpretativo que ha sustentado la serie.

 

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com