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Umberto

The child

Deep Distance

La llorona

Mind Records

8 / 7,5

Dark disco

Vidal Romero

 

 

Después de cuatro (recomendables) discos en los que se ha dedicado a exhumar el cadáver del giallo italiano y de las películas ochenteras de serie B, el norteamericano Matt Hill ha decidido dar un giro a la música que graba como Umberto. No es un giro radical, porque su ADN sigue firmemente enraizado en los lugares comunes del (sub)género; en esa extraña mezcla entre prog-rock, ambient planeador y atmósferas góticas que artistas como Goblin o John Carpenter elevaron a la categoría de arte. Se trata más bien de una evolución lógica, en la que el disco (un disco a lo Giorgio Moroder, faltaría más) y algunos retazos de electro primitivo aparecen en la ecuación, acercando las canciones a la pista de baile.

 

La primera evidencia de que ese cambio estaba en marcha llegó hace un par de meses con “Temple room” (14), un maxi en el que Hill retomaba una de las mejores canciones de su segundo disco, “Prophecy of the black widow” (10), le añadía drones, teclados espaciales y ritmos disco, y la expandía hasta rozar los quince minutos de felicidad cósmica. Una estrategia que se repite con “The child”, esta vez utilizando como materia prima un corte de su debut en largo, “From the grave…” (09), que para la ocasión llega bañado con masas corales ultraterrenas y una línea de bajo que haría feliz al tito Carpenter; un delirante y gozoso carrusel de vocoders, gruñidos amenazadores y punteos sintetizados que se extiende hasta los doce minutos. Como también sucedía en “Temple room”, la cara B la ocupa una remezcla a cargo del enigmático Silvio (¿tal vez un nuevo heterónimo del propio Hill?), que reduce el misterio del original, retira drones y telarañas atmosféricas y añade ritmos de naturaleza funky, que permitirían llegar a bailarla en algún club, a poder ser a oscuras y mientras alguien proyecta “Suspiria” sobre el público de la sala.

 

También estos días se publica “La llorona”, un siete pulgadas con dos canciones que manejan el mismo vocabulario –melodías herederas del terror gótico, sintetizadores analógicos, líneas de bajo musculosas y voces de origen fantasmal-, pero con el añadido de ritmos descaradamente electro. Ritmos que convierten el tema titular en algo que casi se puede bailar (como demuestra el divertido vídeo que tienen ahí debajo), y que en la cara B, “Carla Moran”, contribuyen a potenciar la densidad atmosférica. Los dos vinilos son extremadamente limitados, así que no se lo piensen mucho.

 

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com