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Roll The Dice

Es la guerra

 

Vidal Romero

 

Una nota suelta de piano tocada de manera obsesiva, a la que se van añadiendo un puñado de acordes con tintes épicos, un ritmo deslavazado y una masa de cuerdas que tiene la fuerza opresiva de un agujero negro. Así recibe al oyente el tercer disco de Roll The Dice, un “Until silence” que conjura imágenes de guerra y devastación, que maneja los resortes de la tensión de manera magistral, y que parece destinado a convertirse en uno de los grandes títulos de la temporada.

Roll The Dice tocarán el sábado 14 de junio en el Escenario SonarHall

 

Pasar tanto tiempo de gira después del último disco nos hizo plantearnos un cambio de sonido. Por un lado, queríamos capturar toda esa tormenta eléctrica que habíamos sido capaces de desatar en directo y volcarla en nuestras grabaciones en el estudio. Y por otro lado, necesitábamos aumentar el control sobre la región de subgraves, que tendía a desbocarse cuando estábamos tocando en directo. De algún modo la experiencia sobre el escenario alimentó el proceso en el estudio y los descubrimientos realizados en el estudio ayudaron a configurar los conciertos”. Así describe Malcolm Pardon la evolución de Roll The Dice, el proyecto que comparte con Peder Mannerfelt, en los tres años que han transcurrido desde que se publicó su segundo disco. “In dust” (11) era una auténtica tormenta de sonido en la que confluían sensibilidad cósmica y violencia industrial, un viaje hacia el infierno, articulado alrededor de una historia de ambición y opresión laboral, que tenía la revolución industrial como telón de fondo. “Until silence” (Leaf, 14), su nueva entrega, comienza justo donde terminó aquella historia, y sitúa al protagonista, una vez liberado de su esclavitud en la fábrica, en el corazón mismo de una Europa violentada por la guerra. Un arco narrativo que el dúo sueco diseña “al principio de todo el proceso. Se trata de una herramienta que nos sirve para conectar la música y las melodías, para darles un contexto emocional. Nos sirve para construir un armazón al que podamos anclar nuestras ideas. En este caso, el concepto gira alrededor de un personaje que está perdido en el interior de una guerra. Una guerra que al principio imaginamos que transcurriría en un pasado más o menos lejano, pero que poco a poco fue convirtiéndose en algo más personal y cercano, hasta el punto de que refleja bastante bien la situación que se está viviendo en Europa ahora mismo”.

 

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¿Cómo ha afectado la presencia de ese arco narrativo al desarrollo del disco? ¿Tenéis un plan maestro para todo lo que hacéis?

El tema general y las líneas maestras son lo primero que llega, pero justo después nos encerramos en el estudio a experimentar, a buscar sonidos y atmósferas que puedan casar con esas ideas que tenemos en la cabeza y que nos ayuden a fijarlas de una forma más precisa. Sólo al final, cuando tenemos todo el material más o menos terminado, le ponemos nombre a las canciones y las organizamos, buscamos un lugar para todas las piezas dentro del armazón.

 

O sea, que la propia historia va cambiando a medida que la música va evolucionando.

De hecho, todo forma parte de una historia mucho más grande, en la que los discos que llevamos publicados funcionarían como capítulos. Una historia que vamos ampliando y detallando a medida que grabamos nuevas canciones, pero también con las portadas de nuestros discos, nuestros videos o incluso nuestros espectáculos en directo.

 

Más allá de la historia, creo que la gran evolución entre “In dust” y “Until silence” reside en la manera en que se estructuran las canciones. La mayoría están basadas en un patrón repetitivo, que transmite una sensación de tensión opresiva; una tensión que nunca llega a romper. ¿Se trata de un disco hecho para sentir físicamente el sonido, antes que para escuchar?

Construir un estado de tensión y dejar que la canción permanezca en él suele ser más interesante que provocar una explosión que lo rompa todo, al menos para nosotros. Deja las cosas mucho más abiertas, con más espacio para experimentar. De todos modos, es posible que tengas razón: la estructura está mucho más presente aquí, porque queríamos explorar ideas más musicales en un sentido clásico. Así que al final la respuesta sería que sí, que se trata de un disco en el que las canciones se sienten a un nivel físico, pero que también funciona a un nivel musical. Que busca un equilibrio entre esas dos perspectivas.

 

En ese sentido de lo físico tienen mucho protagonismo el piano, que funciona en muchas ocasiones como instrumento de percusión, y los ritmos, que tienen un cierto aire marcial.

La intención con el piano era precisamente esa, que funcionara al mismo tiempo como un instrumento melódico y como un instrumento de percusión, y creo que lo hemos conseguido. En cuanto a los ritmos, no los compusimos con imágenes militares en la cabeza, pero es cierto que hemos forzado el componente dramático en ciertas ocasiones y puede dar esa sensación. Al final, se trata de marchas fúnebres para estos tiempos que nos ha tocado vivir.

 

La otra gran novedad en “Until silence” es el protagonismo que adquieren las cuerdas, que es un elemento que hasta ahora no habíais utilizado.

Desde el principio teníamos claro que queríamos emplear una paleta de texturas sonoras diferente. Y en ese sentido las cuerdas parecían ser la opción más apropiada, la que mejor encajaba con la historia, porque permite evocar con facilidad imágenes y estados de ánimo que pueden ser reconocibles para el oyente.

 

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Las cuerdas aportan también una atmósfera cinematográfica al disco. ¿Era algo intencionado, o resulta inevitable cuando trabajas con este tipo de instrumentos?

Era intencionado. Queríamos explotar ese componente cinematográfico, porque el del cine es precisamente un lenguaje universal, un código que nos permite construir las distintas escenas que teníamos en la cabeza, y que además las dota con una interesante carga dramática.

 

Para escribir esas partes de cuerda habéis trabajado con Erik Arvinder, que es una elección curiosa, porque suele trabajar con bandas de talante mucho más pop. ¿Cuál ha sido su papel?

La verdad es que no lo conocíamos personalmente, nos lo recomendaron. Para serte sincero, todo el tema de las cuerdas nos atraía mucho, pero al mismo tiempo nos parecía una apuesta peligrosa, porque no éramos capaces de imaginar el resultado. Así que contactamos con Erik, le pusimos versiones bastante avanzadas de las canciones, y le explicamos qué tipo de emociones y qué tipo de texturas queríamos conseguir con las cuerdas. Después de algún tiempo, Erik apareció con versiones primerizas de los arreglos, y fuimos puliéndolas poco a poco entre los tres, hasta que llegamos a un punto en el que por fin nos atrevimos a grabarlas.

 

Como ya sucedía en “In dust”, la última de las canciones, “In deference”, introduce un sorprendente rayo de luz dentro de un disco que hasta entonces había transitado por la oscuridad más absoluta. ¿Todas las historias se merecen un final feliz?

Bueno, yo no lo describiría como un final feliz. Más bien se trata de un momento en el que gobierna un cierto tono reflexivo. Una pausa antes de adentrarnos en el siguiente capítulo de la historia; antes de acometer las nuevas aventuras que llegaran a continuación.

 

Para terminar, hablemos del Sónar. En vuestra actuación estrenaréis un espectáculo nuevo, construido alrededor de “In silence”. ¿Qué nos podéis contar? ¿Habrá músicos de cuerda, o al menos soldados correteando por el escenario?

Por primera vez llevaremos a un encargado de manejar las visuales en directo, lo que permitirá que estas sean mucho más maleables y dinámicas, ampliando de manera notable las posibilidades, tanto a nivel de imagen como a nivel de sonido. Aparte de eso, seguimos siendo nosotros dos solos y nuestros cacharros en el escenario. Lamento decepcionarte, pero no habrá soldados, al menos en esta ocasión.

 

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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