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Nils Frahm

Energía

 

Vidal Romero

 

Al principio, Nils Frahm era un músico de dormitorio; un tipo que tocaba el piano en la intimidad de sus aposentos y grababa discos en los que brillaban caprichos minimalistas y pequeñas piezas de aire cinematográfico. Más tarde descubrió los sintetizadores; descubrió que podía hacer más ruido y que podía pulsar una gama mayor de emociones entre los oyentes. Y al final, decidió echarse a la carretera y se dio cuenta de que lo más le gustaba era tocar en directo, crear sobre el escenario una música que nadie hubiera escuchado antes. “Spaces”, su último disco, es un homenaje a esa manera de entender la música; un artefacto colosal (cuarto mejor disco internacional de 2013 para Blisstopic, ahí es nada), que cambia de forma cada vez que el músico alemán se sienta delante del piano. 

Nils Frahm tocará el jueves 12 de junio en el Escenario SonarHall.

 

Por algún motivo que desconozco, algunas de mis canciones no llegan a funcionar en estudio pero sí en directo. Creo que es un problema de energía; de esa energía que se produce cuando tengo al público delante, cuando tengo que reaccionar ante las características de un espacio determinado o de una audiencia particular. Una energía que, en la tranquilidad del estudio, soy incapaz de replicar”. Nils Frahm habla, precisamente, desde su estudio en Berlín. Explica que fue esa necesidad de capturar el momento lo que le movió a grabar un disco como “Spaces” (Erased Tapes, 13), una colección de canciones capturadas en directo, seleccionadas de entre más de treinta conciertos. “Al principio, la idea consistía en coger mi estudio y colocarlo sobre el escenario”, prosigue, “pero la logística no siempre resultaba propicia, así que al final terminé grabando con lo que tenía a mano; a veces disponía de equipos profesionales o de mesas a las que podía conectarme, y otras veces tenía que conformarme con una grabadora colocada entre bastidores. Pero al final ese problema resulto ser una ventaja; cada espacio es diferente y tiene sus propias cualidades, y creo que esa variedad de ambientes y texturas le sientan bien al disco”.

 

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¿Cómo fue el proceso de selección de los temas? ¿Tenías una idea acerca de los querías incluir a priori, o los fuiste escogiendo según iban pasando los conciertos?

En realidad no existía ningún concepto inicial; la idea era grabar el máximo posible de conciertos, improvisar lo máximo posible y tratar de llevar las canciones a lugares que me sorprendieran incluso a mí mismo. Fue después, mientras escuchaba todas las grabaciones, y mientras trabajaba en el proceso de edición posterior, cuando comencé a tener clara la forma que tendría el disco. No se trataba de buscar las tomas más radicales o los momentos de mayor virtuosismo, sino de intentar documentar cómo es uno de mis conciertos a día de hoy.

 

“Spaces” incluye algunas versiones nuevas de temas antiguos. ¿Eres de los que piensan que las canciones deben estar siempre evolucionando, que nunca llegan a tomar una forma definitiva?

Nunca me ha gustado tocar la misma canción de la misma manera dos veces. Es algo que tiene que ver con la forma en la que aprendí a tocar el piano; como no soy muy bueno leyendo o escribiendo partituras, siempre me he aprendido las piezas de memoria, y eso provoca que al final aparezcan variaciones y cambios. Pero es algo que me parece positivo. Fíjate por ejemplo en una canción como “Round midnight”, en la cantidad tan grande de versiones que llegó a grabar Miles Davis a lo largo de su vida, y lo diferentes que podían llegar a ser entre sí. Es algo que contrasta con lo que sucede en el mundo del pop, donde hay muchos artistas que tocan las canciones exactamente igual en disco que en directo. A mí esa actitud no me gusta, creo que si alguien viene a verte tocar debes esforzarte por ofrecerle algo diferente, algo que convierta ese concierto en único.

 

 

Por supuesto, eso incluye los errores. Me gusta que el disco comience con una pista como “An aborted beginning”, en la que tienes que pedir perdón al público por haberte equivocado.

Los errores forman parte de la improvisación. Puedes intentar esconderlos o puedes exponerlos y magnificarlos, utilizarlos para acercarte aún más al público. Al final, soy una persona que está tocando el piano; no quiero que todo suene pulido y perfecto, prefiero que tenga algunas imperfecciones. Y si de paso consigo arrancarle unas risas al público, mucho mejor.

 

Entonces, ¿tu manera de componer y de tocar está basada en la improvisación?

Hay gente que compone de manera analítica, que desarrolla estrategias y piensa en estructuras antes de ponerse a tocar. Yo prefiero jugar con el instrumento, dejarme llevar y probar cosas hasta que encuentro alguna idea que me gusta. Luego voy dando vueltas alrededor de esa idea durante días o semanas, y al final termino por fijar una versión y grabarla. Es un proceso en el que se mezclan la intención y la intuición y que, como te decía antes, no llega a terminar nunca. Es una de las cosas que me gustan de tocar en directo, que puedo seguir jugando con esa canción una y otra vez.

 

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En “Spaces” utilizas pianos y sintetizadores, pero no ordenadores. Esa decisión, ¿tiene que ver con que así te resulta más fácil improvisar, o es una reacción contra la sobreabundancia de portátiles que suelen llenar los escenarios?

Algunos músicos hacen cosas impresionantes con los ordenadores, pero ese no es mi caso. No soy un programador; me limito a utilizar los ordenadores en el estudio, para grabar mis canciones o para realizar determinados arreglos y ediciones. Además, soy un tipo que puede tocar el piano; un tipo al que le encanta tocar el piano en directo, y que disfruta viendo cómo reacciona el público, cómo responden los espacios. Me lo paso muy bien en esa situación. Pero eso no significa que tenga algo en contra de la música hecha con ordenadores, creo que puede tener tanta alma, o incluso más, que la que se realiza con instrumentos acústicos. Ahí tienes a alguien como Murcof, que hace cosas maravillosas cuando está en un escenario, y utiliza poco más que un ordenador.

 

En algunas de las canciones del disco hay un cierto aire a kosmische, o incluso a rock progresivo. ¿Es algo premeditado, o tiene que ver con el tipo de sintetizadores que utilizas?

Definitivamente, son los sintetizadores. Los utilizo porque tienen un sonido muy diferente al del piano, porque me ayudan a realizar grandes contrastes y porque además me permiten tocar a volúmenes elevados, que es algo que a veces me apetece. Pero también soy consciente de que se trata de instrumentos con cierta historia detrás, y que cuando alguien los escucha pueden provocar recuerdos inesperados acerca de otras bandas o discos. Pero es un mal menor, algo con lo que puedo convivir: adoro los sintetizadores; me encanta como huelen, me encantan su tacto y cómo suenan. De hecho, los colecciono con la misma devoción que otros ponen en los libros o los cuadros.

 

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Creo que ese amor es algo que se nota cuando escuchas cosas como las canciones de “Juno” (11), aquel single en el que forzabas los límites a los que podía llegar un sintetizador Juno 60.

Me interesa hablar a la gente a través de la música; me interesa hacer una música que no se haya escuchado antes, y tocar los instrumentos de una manera inusual ayuda a que no se establezcan relaciones como las que comentábamos antes. Por otro lado, me gusta la idea de utilizar un único instrumento para cada canción, utilizar ese límite para averiguar cómo se le puede sacar el máximo partido. Y esto sirve también para el piano, no sólo para los sintetizadores.

 

Hablemos del Sónar. ¿Tienes preparado algo especial, de cara a tu concierto en el festival?

Bueno, tocar en el Sónar es algo importante. Después de todo, se trata de uno de los nombres más grandes dentro de este pequeño mundo en el que habitamos. Tengo un par de canciones nuevas y creo que sería bonito estrenarlas allí, aunque no puedo prometerte nada: es el tipo de cosas que sólo decido una vez que estoy subido al escenario.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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