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Metronomy

El orgullo de Darwin

 

Brais Suárez

 

Metronomy es Joseph Mount, pero Joseph Mount no es Metronomy. Al margen de esta relación de dependencia y de su indiscutible condición de británicos, poco se puede afirmar rotundamente de Metronomy. Bueno, sí: hoy sacan su cuarto disco con la intención de romper los esquemas por cuarta vez a sus fans y dar un paso más en su escala evolutiva. Lo desconcertante es que, a pesar de que lo más destacable de este "Love Letters" (Because / Warner, 2014) es la ambición por sorprender que comparte con sus predecesores, tiene un veneno y un duende propios que lo asocian irresistiblemente a esa especie psicodélica de los sesenta ya característica de Metronomy que acaba fusionándose según los achaques de Joseph Mount con el brit-pop, la electrónica o incluso el soul. O todos a la vez. La estirpe de Metronomy muestra hoy su nuevo ejemplar. Los podrás ver en el PRIMAVERA SOUND, puedes comprar las entradas aquí.

 

No fue fácil concertar el horario. ¿Estáis muy ocupados estos días?

Sí, la verdad es que bastante, pero es muy emocionante. Me gusta.

 

Supongo que aunque se trate del cuarto disco, siempre hay unos nervios a la hora de publicar algo tan propio. ¿Cómo te sientes de cara a la acogida que tendrá ‘Love Letters’?

Yo creo que la gente entiende muy bien Metronomy. Entienden que las canciones que escribo son diferentes y este disco también lo será. Por eso creo que gustará y no me siento especialmente nervioso.

 

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Sin embargo, debe ser bastante complicado sorprender con cambios tan pronunciados en cada disco. ¿Es una cuestión de autoconfianza?

No exactamente. Siempre parto de la base de que tengo que mejorar lo que hago, cambiar hacia lo que me hace sentir cómodo en cada momento y, a la vez, disfrutar una música que considero de calidad. Para mí es una manera importante de evolucionar y seguir aprendiendo y probando cosas distintas. Si no lo hiciera, acabaría estancándome. 

 

¿A qué se deben unos cambios tan bruscos, ese apetito por sorprender?

Diría que es una reacción hacia los procesos anteriores. Por ejemplo, hasta ahora había trabajado mucho con ordenadores, encerrado en el estudio, y sentía que me apetecía cambiar. Quería tener un sentimiento diferente mientras hacía el disco del que había tenido con los anteriores. Acercarme más a él.

 

Al escuchar las nuevas canciones, se nota que, al margen de ser bastante innovadores, conserváis un estilo propio, bastante alejado además de los sonidos actuales.

Desde luego, el disco que hice sigue sin escapar a la música de los sesenta. Y aunque eso no quita que encuentre muy interesante alguna música actual, no son los grupos que solían emocionarme y que llevo escuchando durante toda mi vida.

 

¿Es una especie de nostalgia?

Bueno, no estaba allí, pero sí se podría calificar como un sentimiento de romanticismo hacia su vida, su música, su estética… Es incluso curiosidad por algo que no tuve la oportunidad de sentir y sí me hubiera gustado: ser un músico en aquella época.

 

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Por lo que sé, la grabación en el estudio se acercó a lo artesanal. ¿A qué se debe el prescindir hoy en día de los ordenadores?

Algo así. No utilizamos ordenadores para grabar el disco porque quería llevar a cabo el proceso de la misma manera en que se solía hacer en los sesenta. Quería grabar bajo las mismas condiciones de esa época que añoro.

 

¿Es otra manera de reivindicar la música de los 60?

Se podría interpretar así.

 

Por otra parte, ¿te lo planteaste como algo más bailable?

No especialmente. Sí hay algunas canciones para bailar, pero no un estilo bajo el que definirlo. Yo lo hice pensando en proporcionar 45 minutos variados que permitan bailar, divertirse e incluso relajarse.

 

Vamos a lo que no se ve a simple vista: ¿reafirma este álbum, en el que ya sois cinco, la idea de grupo (por encima de proyecto individual) a la que dabas paso con el anterior, "English Riviera" (2012)?

Nos estamos haciendo más grupo, pero una cosa es escribir y componer la música y otra es tocarla. Lo primero es más personal; pero claro, luego están los viajes, los conciertos y ahí sí que somos una grupo con todas las de la ley…

 

Entonces, la gira, al menos, será más que un proyecto individual.

Todos tocamos en todas las canciones, así que sí; ahí no queda más remedio que ser un grupo.

 

Choca bastante con las típicas declaraciones de otros líderes, que siempre dan protagonismo al conjunto. ¿Cómo se toman los demás esta preeminencia?

No es nada raro; es simplemente la manera en que trabajamos. Lo entienden perfectamente.

 

"English Riviera" giraba en torno a tus recuerdos veraniegos. ¿Hay alguna idea subyacente bajo todas las canciones de "Love Letters"?

No de la misma manera. Fui adquiriendo mucho material sobre el que escribir mientras girábamos, entre viaje y viaje. Tuve tiempo para pensar en muchos asuntos como la familia y los amigos. Pero tenía claro que no quería centrarme en un concepto concreto, sino que busqué conseguir algo más amplio.

 

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Por otra parte, algunos ya se atreven a decir que "Love Letters" confirma el paso que diste con "English Riviera" hacia lo mainstream y que lo sorprendente de "Nights Out" se diluyó.

No creo que sea cierto y me parece una suposición bastante alejada de la realidad. Siempre cambiamos con cada disco; este es el cuarto y la cuarta vez que nos acusan de lo mismo. Creo que siempre hay muy distintas opiniones y no puedo sentirme frustrado por ello. A mí me parece que es mil veces más original que muchísimas otras cosas que haya hecho antes y si alguien se siente decepcionado, que espere, porque habrá un quinto disco y volverá a ser diferente, también con todas sus críticas diferentes.

 

No obstante, parece que las letras sí son más personales.

Si no más personales, sí he intentado hacerlas más interesantes. Así como "Nights Out" estaba más basado en la música, "Love Letters" busca un equilibrio conjunto.

 

Y para acabar de redondearlo, vuelves a sorprender con unos videoclips tan sencillos como psicodélicos.

Tenemos que pensar en ellos con cada disco; es una manera de alcanzar a la gente y de acercarla a lo que hacemos. En el fondo, reflejan lo que las canciones nos inspiran y permiten visualizarlo.

 

 

Brais Suárez

Brais Suárez (Vigo, 1991) acaba de estrellarse con su idea de vivir escribiendo aun sin ser escritor. Dos periódicos gallegos se encargaron de dejarle claro que mejor le iría si recordara mineralizarse y supervitaminarse, lo que intenta gracias a colaboraciones esporádicas con algunas revistas y otros trabajos más mundanos que le permiten pagarse su abono anual del Celta y un libro a la semana. Por lo demás, viajar, Gatsby y estroboscopia lo sacan de vez en cuando de su hibernación.