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Al-Lover  

Al Lover

Cave ritual

Stolen Body

8

Sampledelia psicodélica

Vidal Romero

 

Aunque su obra publicada es todavía escueta –un par de álbumes, un par de singles, alguna casete–, Al Lover se ha convertido en un pequeño héroe dentro de la escena psicodélica, gracias en gran medida a su colaboración con el Austin Psych Fest. El festival, auténtico Valhalla para los aficionados al género (y modelo del que maman todas las sucursales europeas, ya sea la de Liverpool, Madrid o Lisboa), lleva años invitándole a pinchar y encargándole la elaboración de mixtapes con canciones de las bandas que participan en la edición que toque. Un trabajo que este productor de San Francisco, rapero en su juventud, realiza siguiendo maneras propias del hip hop instrumental: sampleando y mezclando partes distintas de cada canción, añadiendo beats aquí y allá, utilizando técnicas de mash-up o tirando de loops. Un repertorio de trucos muy poco habitual dentro de un género de música en el que, más que DJs, hay pinchadiscos que siguen la escuela del northern soul. Es decir, tipos con maletas repletas de singles raros y joyas de coleccionista, que se dedican a poner un tema tras otro sin preocuparse de cuadrar ritmos o melodías.

 

Más cercano en espíritu a tipos como Andrew Weatherall o David Holmes (hay quien lo compara con J Dilla, pero yo no soy tan atrevido), que mezclan sin prejuicios rock y electrónica, Lover es un tipo que atesora varias virtudes. La primera es que sus mezclas son fluidas y, además del groove, exhiben una cualidad hipnótica notable. La segunda es que, también a diferencia de sus posibles compañeros de cabina, prefiere investigar y mezclar a bandas modernas antes que refugiarse en un pasado mohoso: ahí están, sin ir más lejos, el (cotizadísimo) maxi que publicó a principios de 2014 con remezclas de Goat, o el hecho de que llame a tipos como Morgan Delt, White Fence o Nest Egg para colaborar en sus grabaciones. Y la tercera virtud es que, además de técnica, el tipo gasta un gran sentido del humor, con un punto entre insider y macarra, que demuestra en títulos de canciones como “Genisis Porridge” o “Brian Jonestown masochist”.

 

Su segundo disco largo, “Cave ritual”, añade a todo lo anterior un matiz conceptual: con idea de reducir la paleta de sonidos y de unificar entre sí las canciones, nuestro hombre decidió utilizar solamente samples sacados de una vieja banda sonora de los sesenta (cuyo título no ha revelado) y limitar su equipo a un par de sintetizadores y una caja de ritmos TR-808. Un equipo mínimo, pero que a él le ha servido para dar forma a un vinilo generoso en duración, que recorre muchos de los subgéneros que existen en el rico universo de la psicodelia, y que viene armado con dos caras muy diferentes. Ocupada por completo por un único tema, el ya citado “Genisis Porridge”, la cara A está construida alrededor de una serie de drones de guitarra; una auténtica nube de electricidad estática y ruido blanco, de la que poco a poco emergen líneas melódicas y un ritmo de batería obsesivo. Elementos a los que Lover hace crecer en intensidad poco a poco, mientras manipula los volúmenes y los panoramas, mientras añade detalles, mientras juega a poner y quitar algunas de las pistas. Cualquier recurso es bueno si se trata de levantar un monstruo psicodélico y de altísimo poner hipnótico, que viene a ser como un cruce bastardo entre las bandas sonoras de John Carpenter y los mantras narcóticos de Sonic Boom.

 

Más asequibles, también más cercanas a una estructura de canción tradicional, son las pistas que contiene la cara B. Pistas que oscilan entre las atmósferas fronterizas que atraviesan “Death rattle” y el especiado telúrico (a lo Goat, otra vez) en “Flight patterns”. Que igual reinterpretan a los Rolling Stones más oníricos, pasados por el filtro de Anton Newcombe (en “Brian Jonestown masochist”), que construyen un hit irresistible y cargado de funk (la estupenda y muy ácida “Permanent now”) o mezclan sin complejos teclados de aire medieval y fondos burbujeantes (“Cave ritual”). Son los secretos que esconde el partiular universo de Al Lover, un tipo que, sin duda, atraviesa un momento dulce.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com