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Monuments-to-an-Elegy  

The Smashing Pumpkins

Monuments to an Elegy

BMG

6,8

Rock alternativo

Milo J. Krmpotic'

 

Granizo empapado en sangre, una montaña de fuego lanzada contra el mar, un meteorito que envenene todas las fuentes de agua del planeta, el advenimiento de la oscuridad total, volcanes que escupan escorpiones, un ejército de ángeles exterminadores y un disco de Smashing Pumpkins que no llegue a los 34 minutos de duración: en verdad os digo que tales son las señales del Apocalipsis y que la última acaba de verse cumplida.

 

La letra pequeña, no obstante, invita al inmediato alivio existencial: este “Monuments to an Elegy” representa, en realidad, la primera parte de un disco doble que se completará a lo largo de 2015 con la entrega titulada “Day for Night”. Y, de hecho, ambas contribuyen a cerrar un proyecto bastante más amplio, ese “Teargarden by Kaleidyscope” que, inspirado en la baraja del Tarot, viene cosechando entregas tanto cibernéticas como editadas en formatos tradicionales (el precedente “Oceania”, por ejemplo) desde el ya lejano 2010.

 

Estamos hablando, pues, de un Billy Corgan quizá más sabio y astuto, pero también en su máxima expresión… y, tras escuchar este “Monuments to an Elegy”, diríamos que incluso en una forma tirando a notable. Porque bajo The Smashing Pumpkins se habrá escondido desde hace tiempo un one-man show, pero nunca a tal nivel: Corgan corre a cargo de voces, guitarra, bajo, teclados y sintetizadores; Jeff Schroeder repite a las seis cuerdas y, por si el reemplazo del semi-japonés James Iha por un semi-coreano no había representado ya una señal del muy peculiar sentido del humor que gasta el amigo (tal y como Nicole Fiorentino había sustituido a Melissa Auf der Maur, a su vez sucesora de la seminal D’Arcy), el pimpollo Mike Byrne cede aquí las baquetas al abuelo Tommy “Mötley Crüe” Lee, lo cual se traduce en los detalles más inesperados (pero también quizá dudosos) del álbum.

 

“Monuments to an Elegy” resulta, en fin, un trabajo tan correoso como guitarrero (“Tiberius”, “One and all”), inspirado y, por breve, dos veces atractivo; plagado de pequeñas sorpresas (la introducción de “Anaise!” o ese “Run2Me” que parece compuesto por Brandon Flowers) pero siempre caracterizado poderosamente por el sello marca de la casa (“Being Beige”, “Monuments” –de lejos, la pieza más heterogénea del disco–, “Dorian”…). Frente a los pronósticos más razonables, no hace falta ser despanzurra-calabazas de pro para, por una vez en lo que a Corgan se refiere, quedarse con algo de hambre, comenzar a otear el horizonte en espera del inminente “Day for Night”. Y eso sí que no lo previo San Juan en su escatológico texto bíblico.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com