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sukierae  

Tweedy

Sukierae

dBpm

7,6

Americana-Pop

Milo J. Krmpotic'

 

Spencer Tweedy contaba un lustro de edad cuando protagonizó la secuencia más entrañable del “I Am Trying to Break Your Heart” de Sam Jones (aquí, minuto 77 y medio), aquella en la que retaba a su señor padre a reconocer una de sus canciones a través de las palmadas que se propinaba en los muslos. Por lo que parece, apenas dos años después de ese improvisado (y poco reconocible, para qué engañarnos) “Heavy Metal Drummer”, el chaval había mejorado tanto en el noble arte de la percusión que integraba ya su propia banda, The Blisters, a la que continúa ligado. Y su adolescencia ha ido manteniendo en general el tono de genialidad Tenenbaum sin –por lo que parece– los traumas que suelen afectar a las criaturas de Wes Anderson: ha dirigido algún vídeo de Wilco, ha tocado la batería en álbums de Mavis Staples y White Denim, y ahora, recién alcanzada la mayoría de edad en términos europeos –que no norteamericanos–, ha sido escogido como escudero en lo que durante algunos meses pareció que iba a representar el primer trabajo en solitario de Jeff Tweedy.

 

La asociación, a priori, se antoja justificada por el tema que desde el título mismo ha acabado recorriendo el disco: Sue Miller, esposa de Jeff y madre de Spencer, conocida como “Sukie Rae” en el ámbito familiar, y el cáncer al que está haciendo frente. Pero, toda vez escuchadas las veinte composiciones que con ánimo de álbum doble han pasado el corte (Tweedy padre partió de noventa demos, de las que trabajó cuarenta en el estudio), debemos reconocerle al chaval excelentes maneras musicales (va, servidor se las intuye, quienes se las han reconocido con verdadero criterio han sido medios como Pitchfork o Paste Magazine) y una madurez impropia de su edad, que prima la atmósfera sobre la fractura y que, en respuesta a quienes puedan sentir la tentación de adjudicarla a la tutela paterna, luce no mucho más desmelenada en el “Finally Bored” de sus The Blisters.

 

 

Spencer, claro, carga con el cartel de novedad, y de ahí el espacio que le hemos dedicado en esta reseña. Pero “Sukierae” aparece, principal y evidentemente, como un disco de Jeff, pertenencia que queda a las claras en las diversas piezas que, limitadas a su labor de voz y guitarra acústica, vertebran la obra e invitan a conferirle el adjetivo de “intimista”. A la vez, la huella de Wilco –y he aquí la principal buena nueva para los haters de Nels Cline– brota con asiduidad pero siempre a modo de indicio, de estallido primigenio, apenas moldeada por la matemática que viene caracterizando la última etapa de la banda. Tal y como surgen una y otra vez los grandes referentes tweedyanos, las melodías de Lennon, los fraseos (y más de un rasguido) de Dylan. Honesto, en ocasiones doloroso, siempre bello pero no exento de pequeñas irregularidades, “Sukierae” presume de su espíritu embrionario (Tweedy mismo ha dicho que disfruta imaginando lo que algunos temas hubieran acabado siendo de pasar también por las manos de los Stirratt, Kotche, Jorgensen…) sin dejar de resultar una notable consecución por sí mismo.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com