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Iggy-Azalea  

Iggy Azalea

The New Classic

Universal

6

Hip hop

Antonio Bret

 

Iggy Azalea es blanca, muy blanca, ectoplasmática. Es rubia, muy rubia y tiene un melenón que ni los caballos bailarines Jerezanos en su trasero. Y es rapera. Cosa de negras, ya sabéis. Pero ella tiene empeño. Mucho. Nacida Amethyst Amelia Kelly bajo el sol de Australia –más concretamente el del pueblo de Mullumbimby... exacto, no solo España tiene la patente de localidades con nombres estúpidos– y fan desde pequeñita de Tupac, se fue a Miami con tan solo 16 años a buscarse la vida –no me quiero imaginar qué vida, y no estoy insinuando nada– tras ahorrar con lo que ganaba como limpiadora. Una vez instalada, dio con la Dungeon Family –un colectivo de Atlanta, de donde surgieron Outkast, que se dedica al southern rap, o sea, el lado más hortera, más pimp y más de alhajas que tiene el género– y la acogieron en su seno. O ella los acogió en el suyo, aunque tenga más bien poco. Ni corta ni perezosa empezó a subir sus grabaciones a YouTube y en 2011 pegó un sonoro pelotazo por su tema “Pussy” o “Pu$$y”, como más os guste, un cañonazo sucio y pegadizo que dejaba claras cuales eran las intenciones de la rubia: ganarse el pan con su coño moreno. Rubio, en su caso, y hasta que no se demuestre lo contrario. No quiero decir con esto que su canción no tuviera méritos propios para erigirse en un monumento a la vagina, pero me temo que su impactante imagen tuvo mucho que ver en su difusión. Aún hoy se me pone la carne de gallina cuando la veo mover el culo en el videoclip.

 

Tres años han pasado desde aquel “Pu$$y” que se podía encontrar en su mixtape “Ignorant Art” –editada nada menos que por Def Jam–, estupendo recopilatorio de temas que incluían inofensivas canciones a lo Demi Lovato o trazallos trance en slow-motion como “My World”. Y tras otra mixtape y varios singles es ahora, en 2014, y tras retrasarse el disco hasta el agotamiento, cuando ha lanzado “The New Classic”, su tarjeta de presentación. Y si en la mixtape rebosaba ingenuidad, defectos, valentía y ganas por ser la más zorra del lugar, aunque no fuese, aún, con joyas, esta es otra Iggy Azalea. Más lista, que no inteligente. En esta fase de su vida tiene muy claro que ya no más “No money / no family / 16 in the middle of Miami” y va a llenarse el bolsillo con todo el pastizal que pueda. Pero “The New Classic” es tremendamente irregular, capaz de lo mejor y lo peor. Nos ha entregado a una Iggy sin inocencia y que funciona solo por fogonazos de locura que aún le quedan de su loca juventud, como cuando da tumbos entre el reggae y el chiptune ­("Lady Patra"), el soul ("100"), la EDM para yuppies divorciados ("New Bitch"), riffs heavy que le dan la vuelta al marcador de lo horteras que son –"Goddess" es para escucharla con la boca abierta de la poca vergüenza que destila, todo esto dicho como el mayor de los halagos–, y el brostep a lo Diplo y Skrillex –esas sirenas– de "Fuck Love". El resto, pues bueno. "Fancy" es una tontería en la que se da el capricho de colaborar con la reina teen del momento, Charlie XCX, "Walk The Line" no da la talla para comenzar un disco: demasiado blandita para lo que se espera de ella, en "Don't Need Y'All" se limita a imitar a Drake, "Change Your Life" y "Work" nos las sabíamos de memoria y funcionan de cara a la taquilla. No son malas composiciones, simplemente resultan anodinas aunque sí, efectistas. Pero aburridas a la tercera escucha. "Impossible is Nothing" y "Black Widow" ­–en la que colabora con Rita Ora– son rutinarias e inocuas. Y es lo peor que se puede decir de una canción de Iggy Azalea que, como ya decíamos antes, le cantaba a su coño en 2011. Qué le ha pasado en tres años, no lo sé. Pero ahora le canta a otra cosa. ¿Al dinero? Seguramente. Pero cuando escuchéis el disco os daréis cuenta de cuales son las canciones que ha parido y cuales las que han ido a convertirse en puritito cash.

 

Antonio Bret

Nacido hace 36 años en el sur de España, Antonio Bret estudia producción de cine y TV pero se dedica, durante dos años, a contar historias de copleros en “Se llama Copla” de Canal Sur. Cinéfago y heterosexual solo de cintura para abajo, es fan de Lucio Fulci, David Cronenberg, Hayao Miyazaki y Mónica Naranjo. También es adicto a los one hit wonders de los 80 y el porno de los 70. Rechaza la depilación púbica y quiere abrazar, un día, a Phil Collins