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La Liga - Jornada 10

El Celta toma el Camp Nou

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

La resaca del Clásico pasó factura al Barça, derrotado en casa por un Celta tan sólido como capaz de sobrevivir al desmelene de su rival. Aunque rara vez controló el partido tácticamente (Rafinha aún no es Xavi, tampoco Iniesta), los de Luis Enrique generaron un alud de oportunidades y se encargaron de fallar un tercio de las mismas: todas las que no fueron a los palos ni se vieron repelidas por un Sergio de manos inverosímiles. Habrá cambio de líder, pues, porque al Madrid no hay quien le tosa y su paso por Granada se saldó con otra conquista goleadora: 0-4.

 

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La Liga - Jornada 10

El Celta toma el Camp Nou

 

Textos de Redacción

Fotos LFP / Vídeos de Canal +

 

La resaca del Clásico pasó factura al Barça, derrotado en casa por un Celta tan sólido como capaz de sobrevivir al desmelene de su rival. Aunque rara vez controló el partido tácticamente (Rafinha aún no es Xavi, tampoco Iniesta), los de Luis Enrique generaron un alud de oportunidades y se encargaron de fallar un tercio de las mismas: todas las que no fueron a los palos ni se vieron repelidas por un Sergio de manos inverosímiles. Habrá cambio de líder, pues, porque al Madrid no hay quien le tosa y su paso por Granada se saldó con otra conquista goleadora: 0-4.

 

FC Barcelona-Celta

NO EXISTE EL ENTORNO, PERO HABERLO HAYLO

 

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FC Barcelona 0 – RC Celta de Vigo 1

(Larrivey 55’)

Pasaron muchas cosas sobre el césped del Camp Nou, muchísimas y de corte también variadísimo, tal que si el verde hubiera sido escenario de un aquelarre, de una fiesta de Halloween atrasada que los once de casa abandonaron bajo el disfraz de Santa Compaña: sin duda la prensa de mañana, Día de Difuntos, sumará uno y uno dos, dos derrotas consecutivas, para comenzar a enterrar el proyecto liguero de Luis Enrique. La diferencia entre este 0-1 y un –pongamos– 3-1, no obstante, resultó mínima: los dos grados de inclinación que le sobraron al cuerpo de Neymar mientras lanzaba el tercero de los cuatro balones a la madera, el centímetro de más sobre los dedos anular y corazón con que el guante derecho de Sergio desvió un disparo asesino de Suárez, el grito que le faltó a Messi para que el uruguayo no rematara estático un centro al que él llegaba en desatada carrera…

 

Razones no le faltaron al Barça para explicar su infortunio. Y, aunque siempre habrá quien las considere excusas, ¿cómo asegurar que el fútbol (lo mismo que la vida) es inmune al influjo de circunstancias intangibles, cuando menos de responsabilidad ajena? La tormenta perfecta de la que el Celta salió con los tres puntos, por ejemplo, encontró a otro protagonista en la figura del árbitro, Vicandi Garrido, que respondió a las veintiocho faltas del equipo visitante con apenas dos amarillas. Pablo Hernández, amonestado por un codazo que partió el labio inferior de Busquets en el minuto 14, acumuló otras varias infracciones sin que la reiteración fuera objeto de mayor castigo, y sencillamente asombroso resulta que Hugo Mallo abandonara el campo inmaculado tras su recital de agarrones y patadas a los tobillos de Neymar.

 

Pero se trata de detalles, ninguno determinante por sí solo, un desastre azulgrana en su conjunto. Como tampoco cabe buscar en su cita menosprecio alguno hacia la labor del Celta, firmante de un ejercicio muy argentino y, por tanto, afín a la nacionalidad de su entrenador, rocoso y concentrado abajo, plagado de juego subterráneo y picardía en la medular, y con momentos de bella imaginación arriba. ¿Sabía Nolito de la asistencia realizada por Ronaldo unas horas antes en Granada? Sea como fuere, su hambre dejó en mal lugar a Mathieu y Busquets, superados en la lucha, tal y como su taconazo situó en la mejor de las disposiciones a Larrivey, otro paisano de Messi, que fusiló raso para conseguir su séptima diana en esta Liga, las mismas que ha celebrado hasta el momento la Pulga.

 

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Más sombras inexplicables: desde que se situó a un paso del récord de Zarra, a dos por tanto de superarlo, el 10 no hace más que enredarse en telarañas invisibles. La marca flota en su psique, qué duda cabe, y las olas que desplaza hacen temblar su mirilla. Dos veces se encontró con los postes, la parte de arriba de la cruceta en un lanzamiento de falta y el travesaño después de que Jonny se cruzara en el camino de un disparo raso que ya había superado a Sergio. Pero el gol dejó también de llegar fruto de alguna ejecución acelerada, poco habitual, casi impropia, como la coronilla que ofreció para responder a un centro de Suárez que reclamaba un testarazo con la frente (antes, Neymar había dispuesto de una jugada similar pero, aunque sí picó el remate, este quedó en exceso centrado, una golosina para el portero).

 

Pasaron muchas cosas, ya lo hemos dicho. Tantas que incluso Xavi fue incapaz de poner algo de orden durante sus veintisiete minutos en el terreno de juego. No merecía el de Terrassa, a todo ello, verse señalado por la derrota del Bernabéu, pero su suplencia había permitido que asistiéramos al primer gran partido de Rafinha, falto únicamente de un guiño de sabiduría para añadir alguna pausa a sus muy notables despliegues en vertical. En ausencia también de Iniesta, lesionado, el Barça fue un arrebato constante y por esa misma ladera se despeñó tras el tanto en contra. Más allá de la legión de oportunidades generadas, el tráfico por el centro amparó diversos encontronazos entre las tres puntas de un tridente que Luis Enrique no se atrevió a tocar, pese a que Suárez arrastraba su lógica falta de forma y Neymar cayó en su habitual laguna de las segundas partes.

 

Y en el entrenador asturiano hemos vuelto a desembocar. No fue justo el resultado con él, cabe esperar que los anteriores párrafos lo hayan dejado claro. Pero, con o sin derrota, van ya dos segundas partes en las que su equipo pierde el norte, por pasiva la semana pasada y por (híper)activa esta noche. Tal y como son tres los encuentros marcados consecutivamente por una serie de decisiones técnicas quizá no gratuitas, pero sí extrañas, con algún pie anclado fuera del césped. Si el cambio de Messi ante el Ajax remitió a las portadas de la prensa deportiva, el famoso “entorno” cruyffiano, la alineación de Chamartín contradijo la dinámica de las anteriores siete jornadas y la que de salida ha planteado ante el Celta invita a pensar en otro volantazo ajeno a la realidad. Una realidad maltratada por los elementos, pero que hubiera agradecido un cerebro (Xavi), un mediocentro defensivo en plenitud de facultades (Mascherano por Busquets, espléndido en corto pero una vez más agónico en la carrera) y algo menos de atención al renombre de la delantera (¿o no han contribuido Munir y Sandro a salvar otras situaciones comprometidas? Su electricidad hubiera iluminado ese tercer cambio que jamás se produjo).

 

Lo mejor: El paso adelante de Rafinha y los muchos registros de Luis Suárez, por un lado. Y, por el otro, las manoplas de Sergio y la personalidad de Berizzo.

Lo peor: El caos táctico del segundo tiempo.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com