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4AD

La soledad es un monstruo

 

Vidal Romero

 

No existe en la historia de la música independiente un sello más mítico que el inglés 4AD. Nacido al calor del post-punk y agigantado durante la explosión indie de finales de los ochenta, consiguió construir un auténtico culto a su alrededor, basado tanto en la extraña calidad de sus bandas como en el exquisito diseño con el que envolvía cada uno de sus discos y maxis. Treinta y tres años después de su fundación, el periodista Martin Aston ha decidido acometer la titánica tarea de escribir la historia del sello. Y el resultado, “Facing the other way: the story of 4AD” (Harper Collins, 13), es un artefacto cautivador y fascinante, uno de los mejores libros sobre música que se han escrito en los últimos años.

 

4AD era nuestro sello favorito, tan esotérico y de otro mundo. Los discos de Cocteau Twins y This Mortal Coil eran como partes de Dios; los ponías con delicadeza en el tocadiscos y sentías cómo te tocaba Dios” (Rudy Tambala, A.R. Kane)

 

Advierte Martin Aston, en el prólogo de “Facing the other way: the story of 4AD”, que la historia de 4AD es difícilmente comparable a la de cualquier otro sello de su época; ni siquiera a la de Factory, “su único par posible en el mundo de los sellos independientes vanguardistas, creativos e inconformistas”. La razón principal es que, mientras que los dueños de sellos como Creation, Rough Trade o el propio Factory actuaban como si fueran auténticas estrellas del rock, entregados a una vida desenfrenada alrededor de los focos, las drogas y las complicaciones financieras, el gran cerebro de 4AD, Ivo Watts-Russell, prefería permanecer recluido en sus oficinas, concentrado en una música que no perseguía el zeitgeist de su época, sino que parecía vivir en una burbuja alienígena. “Si la película que narraba la historia de Factory se titulaba ’24 hour party people’, ¿cómo se llamaría una acerca de 4AD?”, se pregunta Aston, “¿’Ocho horas disfrutando y luego a la cama’?”.

 

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Fundado en 1979 por Ivo y Peter Kent (que lo dejaría poco después para montar otro sello, Situation Two) con ayuda de Beggars Banquet, 4AD comenzó tanteando los márgenes del rock gótico y el after-punk, para luego ir adoptando un nutrido grupo de bandas que facturaban un sonido particular, siempre preciosista y misterioso, con mucha atención a la textura y a la utilización atípica de las voces. Una música ultraterrena, cuya belleza se veía aumentada gracias a las hermosísimas portadas que diseñaba Vaughan Oliver, el otro gran nombre asociado a 4AD. Sin darse cuenta, Ivo estaba construyendo un espejo en el que reflejar su personalidad introvertida, su amor por los objetos bonitos y sus tendencias depresivas. Y en ese proceso estético estaba dando lugar a una ética completamente independiente –libertad absoluta para los músicos, arte antes que negocio, instinto como motor creativo– que muchos han intentado imitar con posterioridad sin éxito, y que Ivo fue capaz de mantener durante dos décadas: en 1999, completamente consumido por la depresión y con el sello en crisis, vendió su parte a Beggars Banquet (propietario del 50% desde el principio) y se retiró a vivir al desierto de Nuevo México. Desde entonces, 4AD ha tenido otros directores que han conseguido mantener el buen nombre del sello a salvo –hay quien dice que incluso es mejor ahora, y con nombres en cartera como Scott Walker, Bon Iver, Deerhunter, The National, Camera Obscura, Grimes o Zomby no es una idea descabellada–, pero que no han podido evitar que perdiera parte de su alma. Por eso, “Facing the other way” se concentra en los años en los que Ivo estuvo al frente de la empresa.

 

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Para contar esta historia, además, pocos hombres hay más apropiados que Martin Aston. Uno de sus primeros trabajos como periodista musical consistió en cubrir un concierto de Cocteau Twins, allá por 1983, y desde entonces ha mantenido una relación estrecha con el sello, hasta el punto de que fue él quien le pasó a Ivo Watts-Russell la maqueta que terminaría por convertirse en “Down colorful hill” (92), el primer disco de Red House Painters. Como no podía ser de otra manera, la espina dorsal de “Facing the other way” se sustenta sobra varias entrevistas realizadas con Ivo Watts-Russell. Pero lejos de conformarse con esa fuente, Aston ha entrevistado también a miembros de todas las bandas que grabaron en algún momento para 4AD –las únicas excepciones son Liz Fraser y Nick Cave, que se han negado a participar, y los miembros de Dif Juz, cuyo paradero es desconocido incluso para su empresa editorial–, a todos los que trabajaron en las oficinas del sello en Londres y Los Ángeles, y prácticamente a todos los que tuvieron algo que ver con 4AD (managers, A&R, gente de otros sellos y distribuidoras, fotógrafos y diseñadores). Más de un centenar de voces, en fin, que ayudan a dar forma a un relato que, bajo su superficie tranquila, esconde muchas historias que no son precisamente hermosas, y que hablan de celos, enfermedades, adicciones y traiciones.

 

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Estructurado en dos decenas de capítulos, que van recorriendo la historia del sello año por año, “Facing the other way” es un libro repleto de anécdotas y de datos poco conocidos, que incrementan el valor de 4AD y demuestran la enorme influencia que ha dejado detrás suya. Un libro que narra básicamente la vida y milagros de Ivo, la particular manera que tenía de dejar su impronta en los discos que publicaba –grabando cintas a sus músicos para dirigir sus gustos, buscando productores que dirigieran el sonido hacia lugares concretos, sugiriendo versiones, organizando el orden de las canciones y remezclando muchas veces el material junto a su fiel John Fryer– y las relaciones de amor-odio y de dependencia que muchas de las bandas del sello desarrollaron hacia él. Un libro que, por tanto, habla también de todas esas bandas, de sus pequeños milagros y de sus problemas, de sus fuentes de inspiración y de sus sentimientos, de la adicción a las drogas de Robin Guthrie y de los problemas de creatividad de Colourbox, de cómo las peleas entre Kim Deal y Frank Black acabaron con los Pixies, de las redes de seguridad personales que Ivo desarrolló alrededor de varios de sus protegidos (Robin Guthrie, Lisa Germano, Heidi Berry, Warren Defever, Kristin Hersh), de cómo se gestó el proyecto de This Mortal Coil o de cómo terminó montando, sin darse cuenta, uno de los sellos que más ha hecho por visibilizar la presencia femenina dentro de la escena independiente. Todo, antes de que la depresión fuera minándole poco a poco, a medida que 4AD dejaba de ser un sello para convertirse en una compañía discográfica.

 

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Es un libro que habla también de Vaughan Oliver (de hecho, le dedica un capítulo entero), de sus manías y de lo difícil que podía llegar a ser su trato. De cómo había artistas que se negaban a trabajar con él –el caso de Dead Can Dance o de Cocteau Twins– mientras otros adoraban su imaginación –“uno de los mejores momentos de grabar un disco era descubrir qué nueva maravilla habría imaginado Oliver para la portada: siempre conseguía sorprendernos” (Frank Black, Pixies)–. De sus proyectos megalómanos (llegó a gastar mucho más dinero en fabricar un neón para la portada de un disco, el de Spirea X, del que había costado grabar ese disco) y de los problemas que provocó su exceso de ego con varios de los colaboradores de v23 Envelope, la empresa que dirige desde hace muchos años. Pero también de su amor por la tipografía, de cuáles eran el proceso y la inspiración por los que llegó a desarrollar aquellas maravillosas portadas.

 

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Es, además, un libro que habla de los aciertos de 4AD, pero también de sus fracasos: de fichajes difíciles de entender, como Spirea X, Swallow, Scheer o The Paladins. De fichajes que Ivo intentó y se le escaparon entre las manos (cosas tan grandes como The Sundays o PJ Harvey), y de aquellos que tuvo delante de las narices y que no supo ver por culpa de su enfermedad: Belle And Sebastian, Low, Sigur Rós, Stars Of The Lid; asusta imaginar lo que habría podido hacer 4AD con bandas y artistas como esos. Un libro que contiene historias maravillosas, como la recuperación de la (olvidada) figura Tim Buckley a partir de la versión de “Song to the siren” que grabó This Mortal Coil. Una canción que David Lynch intentó comprar para la banda sonora de “Terciopelo azul” y que, al no poder pagar los derechos que le pedían los herederos, le llevó a montar un proyecto junto a Angelo Badalamenti y Julee Cruise con el que replicar aquel sonido.

 

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Pero además de todo lo anterior, “Facing the other way” es también una lectura imprescindible porque relata a su manera la historia de la música independiente durante los ochenta y los noventa. Porque cuenta cómo el brit-pop canibalizó gran parte de esa cultura independiente, y cómo esa misma industria independiente abandonó el romanticismo para abrazar el negocio, firmando el principio de su destrucción. Todo cabe en un libro que funciona como una ofrenda de amor hacia un sello y una persona, Ivo, fundamental para entender la historia de la música a día de hoy. Una historia que, desgraciadamente, y debido a las penurias económicas que se han convertido en la norma dentro de la industria discográfica, no se volverá a repetir. Y es una pena porque, como dice muy acertadamente Grimes en capítulo final, “siempre pensé que, si la industria musical fuera como The Simpsons, entonces 4AD sería como Lisa Simpson. No es la persona más popular de la familia, pero sí la más cool, la inteligente, la subversiva”. Seguro que Ivo ha disfrutado con esa comparación.

 

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4AD. UN PLAYLIST EMOCIONAL

 

Nada mejor para acompañar un artículo sobre 4AD –uno de los sellos favoritos de esta santa casa– que una buena selección de canciones de su catálogo. Como sucede en “Facing the other way: the story of 4AD”, el espacio temporal se acota al periodo entre 1980 y 1999, los años que Ivo Watts-Russell estuvo al frente del sello. Y dentro de ese periodo, se ha dividido la lista en varias épocas que no siguen un orden cronológico, sino ideológico, ya que se trata de espacios temporales que no tienen un principio ni un final claros; antes bien, se van fundiendo entre sí. La primera época se refiere a los orígenes del sello, esos tiempos en los que 4AD basculaba entre la estética gótica y los experimentos after-punk, con bandas como Bauhaus o Birthday Party por bandera. La segunda época es esa en la que de verdad se definen las características del sello: cuando Vaughan Oliver se convierte en una presencia constante y entran en escena nombres clásicos como Cocteau Twins, Dead Can Dance, The Wolfgang Press, Modern English o This Mortal Coil. Una época que sí tiene un final marcado: la publicación del “Pump up the volume” de M|A|R|R|S, cuyo éxito inesperado y arrollador estuvo a punto de destrozar al sello.

 

La tercera época, la época dorada, incluye a las bandas que expandieron la estética de 4AD hacia el rock –nombres como Pixies, Unrest y Throwing Muses, como Lush, Ultra Vivid Scene, Pale Saints o His Name Is Alive– y que proporcionaron al sello ventas millonarias –Belly, The Breeders–. La cuarta época, la deriva acústica, refleja la progresiva caída de Ivo en la depresión y sus esfuerzos por refugiarse en una música que le recordara a los días felices de su juventud, ese folk de naturaleza cósmica en el que encajaban artistas como Heidi Berry, Tarnation, Mojave 3, Lisa Germano o, sobre todo, Red House Painters. Y la quinta época, por último, habla de ese tiempo en el que Ivo se había desentendido casi por completo del sello, lo que provocó una errática política de fichajes.

 

Se trata, en total, de cincuenta canciones de otras tantas bandas y proyectos. Cincuenta canciones que basculan entre los escasos hits de éxito que tuvo 4AD (siempre un sello de álbumes antes que de canciones), los temas por los que Ivo muestra su amor a lo largo del libro, y algunos que tienen un cierto valor sentimental para el que esto suscribe. Cosas de las licencias, hay varias faltas importantes –las remezclas de “L’esclave endormi” de Richenel, el “Kid’s allright” de Bettie Serveert, el “Punk rock girl” de That Dog entre otras cuantas-, pero la selección es más que suficiente para que los viejos seguidores del sello se den un baño de nostalgia y para que los que aún no hayan entrado en el universo 4AD (afortunados ellos, porque les queda mucha belleza por descubrir) lo hagan por la puerta grande.

 

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Parte 1. Los primeros pasos.

01. Rema-Rema “Fond affections”

02. Bauhaus “Dark entries”

03. The Birthday Party “Release the bats”

04. Cupol “Like this for ages”

05. Matt Johnson “Time (again) for the golden sunset”

06. Mass “Cabbage”

07. In Camera “The conversation”

08. Dif Juz “Gunet”

 

Parte 2. La época clásica.

09. Dead Can Dance “De profundis”

10. This Mortal Coil “Strenght of strings”

11. Budd/Fraser/Guthrie/Raymonde “She will destroy you”

12. Pieter Nooten/Michael Brook “Equal ways”

13. Cocteau Twins “Sugar hiccup”

14. The Wolfgang Press “Hammer the halo”

15. Modern English “I melt with you”

16. X Mal Deutschland “Mondlicht”

17. Clan Of Xymox “Michelle”

18. Colourbox “The official Colourbox world cup theme”

19. M|A|R|R|S “Pump up the volume”

 

Parte 3. La época dorada.

20. Ultra Vivid Scene “Mercy seat”

21. Pixies “Gigantic”

22. Lush “Sweetness and light”

23. Pale Saints “Hunted”

24. His Name Is Alive “In every ford”

25. Throwing Muses “Counting backwards”

26. Breeders “Cannonball”

27. Unrest “Cath Carroll”

28. Frank Black “Headache”

29. Belly “Feed the tree”

30. Underground Lovers “Your eyes (remix)”

31. Insides “Darling effect”

32. Spoonfed Hybrid “Boys in zinc”

 

Parte 4. La deriva acústica.

33. Kristin Hersh “Your ghost”

34. Spirea X “Chlorine dream”

35. Kendra Smith “Valley of the morning sun”

36. Red House Painters “Mistress”

37. Heidi Berry “Only human”

38. Tarnation “Game of broken hearts”

39. Glee Club “Bad child’s dolly”

40. Mojave 3 “Mercy”

41. Lisa Germano “Happiness”

42. Liquorice “Blew it”

 

Parte 5. Los últimos días.

43. Tanya Donelly “The bright light”

44. Scheer “Sad loved girl”

45. The Amps “Tipp city”

46. Air Miami “World cup fever”

47. Gus Gus “Believe”

48. Thievery Corporation “Transcendence”

49. starry smooth hound “Dreamt u in a dream”

50. The Hope Blister “Spider and I”

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com