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Lou Reed y Delmore Schwartz

¿Y si alguien hablara ahora de Reed como él habló de Schwartz?

 

Isabel Sucunza

 

En el cuento de Delmore Schwartz "En los sueños empiezan las responsablidades" todo pasa en una sala de cine. El protagonista sigue en la pantalla la historia en blanco y negro de la noche en que su padre pidió a su madre que se casaran. El padre no parece convencido; todo pasa, se dibuja, arrastrado por la costumbre –ahora toca saludar a la familia, ahora toca bromear con el hermano pequeño; ahora es cuando vamos a Conney Island, ahora es cuando miramos el mar–. El protagonista, futuro hijo que mira su posibilidad de ser desde su ser ya irremediable, en un momento de angustia, se levanta de su butaca y grita: "¡No! ¡Ni se os ocurra! Estáis a tiempo de dejarlo correr los dos. De esto no saldrá nada bueno, sólo rencor, odio, escándalos y dos hijos con caracteres monstruosos". Y llora. El padre, en la peli, siempre con aparente desgana –"A mi padre la realidad en cierto modo siempre le sabe a poco"–, sigue avanzando sin embargo imperturbable hacia el destino que se le supone: marido y padre. Incluso hay un momento en el cuento en el que se enfrenta con alguien que quiere salirse un poco del guión: se enfada con un fotógrafo a quien le piden que los retrate –quieren tener una foto de la noche en que se comprometieron–, que los hace esperar, posar y reposar, para que la foto sea perfecta. El padre le mete prisa, el fotógrafo le explica que él no trabaja por dinero sino porque las fotos sean bonitas. Dice Delmore entonces: "Me encanta el fotógrafo. Le apoyo de todo corazón porque sé muy bien cómo se siente y veo crecer mi esperanza a medida que critica cada una de las posturas y las corrige con arreglo a cierto ideal secreto de corrección".

 

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El día que Lou Reed estuvo en Barcelona presentando "Pass Thru Fire" ("Travessa el foc", Empúries, 2008 / "Atraviesa el fuego", Mondadori, 2000), concedió una entrevista al programa “L'hora del lector” de TV3. Temps era temps, servidora estaba en la habitación de aquel hotel de la Rambla, cámaras montadas, todos de pie mirando a la puerta, esperando a que apareciera Reed. Apareció, preguntó si había maquillaje. No. No hay entrevista, dijo. Nos temblaron las piernas. Llamamos a la tele. Conseguimos maquillaje. Esperamos media hora a que llegara la maquilladora. Llegó. Hay maquillaje, dijimos. Volvió Reed. Él también había estado esperando. Se maquilló, hizo sentarse a una persona en la silla que le teníamos reservada. Miró los tiros de cada una de las cámaras. Corrigió algún ángulo. Se sentó finalmente él y, finalmente, él también chocó las manos haciendo la claqueta para empezar a grabar.

 

 

Prácticamente lo primero que dijo fue: Delmore Schwartz.

 

Dos años después, cuando Alpha Decay publicó "En los sueños empiezan las responsabilidades", corrí a una librería a comprarlo. Cuando, leyendo, llegué a la escena del fotógrafo perfeccionista, recordé todo el episodio del maquillaje en aquella habitación de hotel. Reed fue Schwartz en aquel momento. Reed no quería verse atrapado en una entrevista que a todos nos supiera a poco, igual que a poco le sabía la realidad a él, a Schwartz; igual que a poco les sabía a sus padres, probablemente, aunque no llegaran nunca a desembarazarse de ella. Reed estaba siendo maestro. Reed estaba haciendo exactamente aquello que llevaba diciendo toda la vida: "Yo quería hacer eso que hacía Schwartz pero con una guitarra debajo".

 

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Ahora que Reed está muerto, se suceden las crónicas, los testimonios de amigos que, hablando de Reed, están en realidad hablando de Delmore. Miren qué claro lo dice Patti Smith, por ejemplo: "I would try to steer clear of him, but, catlike, he would suddenly reappear, and disarm me with some Delmore Schwartz line about love or  courage”.

 

"Fue el poeta de Nueva York de nuestra generación", dice también la Smith, y yo me pregunto si el poeta –Schwartz, Reed– no será siempre el mismo, con o sin guitarra debajo; si la marca del poeta no será siempre el estar dispuesto a cargar con la responsabilidad que conlleva acometer el sueño; el sueño que también siempre es el mismo: el que te quema las alas cada vez que intentas acercarte. "My Dedalus to your bloom"; el que hace que las cosas sean perfectas, una vez consigues que entre definitivamente en tu casa. "To find you in my house makes things perfect".

 

 

"Before I slept, I searched for the significance of the date—October 27th—and found it to be the birthday of both Dylan Thomas and Sylvia Plath. Lou had chosen the perfect day to set sail—the day of poets, on Sunday morning, the world behind him.", acaba el recuerdo de Patti Smith.

 

Lou Reed nos ha dejado a todos atrás, a la espera de la llegada del próximo poeta.

Isabel Sucunza

Isabel Sucunza (Pamplona, 1972). Vivió en Navarra hasta finales de los 90, cuando se le acabó el chollo de estudiar y decidió buscarse un trabajo en Barcelona. Lo encontró en la redacción de la Guía del ocio. Trabajar allá durante cinco años supuso una especie de segunda carrera sobre qué se cocía en la ciudad. Pasó después por BTV y TV3 como miembro del equipo de los programas "Saló de lectura" y "L'hora del lector", y aquello fue como una especie de tercera carrera sobre qué se cocía en los libros. En los últimos dos años ha publicado un libro suyo ("La tienda y la vida". Blackie Books) y ha colaborado en la publicación de unos cuantos libros de otros en Navona Editorial.