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Aphex Twin

20 años de “Selected Ambient Works Volume II”

 

Vidal Romero

 

El lanzamiento de un nuevo disco de Aphex Twin, “Syro” (Warp, 2014), a finales de septiembre, ha vuelto a poner el nombre de Richard D. James en boca de todos. La razón principal es que el barbudo más famoso de Cornwall llevaba sin publicar, con su heterónimo más conocido, la friolera de trece años –sí que han existido maxis y álbumes firmados con otros alias, como AFX o The Tuss; incluso, conociendo el gusto por las bromas privadas que gasta nuestro amigo, es muy posible que haya cosas ahí fuera que no sabemos que son obra suya–. Pero también ayuda la campaña de promoción, loca y extravagante, que han montado en Warp para anunciar el disco, y que incluye cosas como un zeppelín sobrevolando Londres, stencils con su logo en las calles de Nueva York, extraños enlaces hacia la deep web y una de las hojas de promo más delirantes jamás publicada.  

 

Diez días después de aquel anuncio, las noticias acerca de “Syro” se han multiplicado de manera exponencial: ya tenemos portada (que de nuevo juega con la icónica cara del músico), listado de temas y detalles sobre una edición especial de 200 copias, que se sorteará entre los que estén dispuestos a dejarse 250 libras en ella; pero también multitud de discos y temas falsos colgados en youtube, un sin fin de teorías, leyendas antiguas y nuevas, interpretaciones y sentencias proféticas circulando por internet. Es tal la locura desatada que medios como Pitchfork o Fader, que ya han podido entrevistar a un James sorprendentemente locuaz, publican algunos cortes de esas entrevistas, a modo de tráiler, semanas antes de lanzarlas en toda su extensión (compitiendo, además, por ganar el premio al detalle jugoso: ahí están, por ejemplo, unas declaraciones acerca de su parecido físico con Pablo Iglesias, el líder de Podemos). Una vorágine de información y cotilleos que demuestra el peso específico que todavía posee Aphex Twin.

 

Sin embargo, “Syro” no es la única razón por la que James ha estado de actualidad en este 2014. Hace unos meses un white label con material inédito de otro de sus alias, Caustic Window, apareció a la venta en discogs, y en el sello que co-dirige con Grant-Wilson Claridge, Rephlex, decidieron publicarlo de manera oficial, a través de una campaña de Kickstarter. Y no acaban ahí las efemérides: este año se celebra el vigésimo aniversario de la publicación de “Selected ambient works volumen II” (Warp, 1994), una de las obras cumbre en la historia de la música electrónica y, para muchos, también el mejor disco que Aphex Twin ha producido en su larga carrera. Una cifra redonda, que ha servido para que en la editorial Bloomsbury le dedicaran un volumen de su serie  33 1/3 hace unos meses. Escrito por el veterano periodista Marc Weidenbaum, se trata de un libro tan ambicioso en sus planteamientos como fallido y pobre en su desarrollo (en gran medida porque James se negó a concederle una entrevista al escritor), que nos hizo plantearnos un pequeño reto: hablar con seis músicos y productores de la escena electrónica nacional, para que nos contaran sus recuerdos y sus impresiones alrededor de un disco tan icónico.

 

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Vicent Fibla, por ejemplo, recuerda haberlo escuchado el mismo año de su publicación, en 1994. “Aquel fue el año del primer Sónar y eso supuso una revolución en las tiendas de discos de Barcelona. Me pareció un disco con burbujas sónicas enormes, algo que (casi) no había escuchado hasta entonces. Me encantaban un par de temas (permíteme que no me acuerde de qué ‘Untitled’ en concreto), pero ese mismo año cayó en mis manos el volumen 1, más naïf y también más fresco, y me enganchó mucho más. Quizás lo encontraba más en sintonía conmigo mismo”. Curiosamente, el aspecto que más le interesaba de “SAW 2” en aquel momento “es el mismo que ha provocado que, con los años, no me interese de manera especial: resulta excesivamente hermético. A nivel conceptual es inmaculado, pero esa vena creativa –junto con la que le convertiría en un cliché– solo le duró un par de años más a Aphex Twin. Por suerte o por desgracia”.

 

Fibla no es el único que prefiere el primer volumen de la serie, “Selected ambient works 85-92” (Apollo, 92). David Crespo, de Balago, descubrió el disco “en una fiesta en 1995, a la vez que el ‘Succour’ (95) de Seefeel. Por entonces, Warp era un sello muy productivo y avanzado, y muchos de los discos que publicó en aquella época me marcaron profundamente. Sin embargo, mi sensación acerca de ‘SAW 2’ es que resultaba inferior al primer volumen, y es algo que todavía sigo pensando hoy día”. Algo que tiene que ver, como en el caso de Fibla, con su condición de “difícil”: “se trata de un disco más abiertamente ambiental (contiene menos melodías, menos ritmos) y experimental; pero no creo que el hecho de que sea más conceptual y arriesgado, lo convierta necesariamente en mejor. A mí me ha atrapado todo lo que ha publicado Aphex Twin: ‘Donkey rhubarb’ (95), ‘…I care because you do’ (95), ‘Drukqs’ (01)… discos que demuestran que estamos ante algo mucho más serio que un simple productor de música electrónica. Es un tipo que juega en otra liga; un ejemplar único”. Eso sí, Crespo también reconoce que “con los años, he aprendido a apreciar lo que no pude ver en su momento. Me fijo en las texturas, muy marca de la casa, y en cómo funcionan las estructuras a la hora de cerrar cada canción”. Además, “aunque es un disco bastante experimental, no resulta difícil de escuchar gracias a su homogeneidad sonora y a la capacidad que tiene para transportarte a otros sitios”.

 

Curioso resulta también cómo llegó hasta el disco de Albert Salinas, el tipo que se hace llamar Wooky y que dirige el sello Lapsus. “Mis hermanos tenían en casa una especie de cubo de lata lleno de cintas de casete con grabaciones de lo más dispares, desde Gun o la ELO hasta Aphex Twin. Era 1996, yo estaba en primero de BUP y necesitaba nueva música para mi walkman. De una tacada, y como quien no quiere la cosa, me llevé el ‘Selected ambient works 85-92’ y el ‘Selected ambient works vol. II’, el ‘Debut’ (93) de Björk, ‘In sides’ (96) de Orbital y la banda sonora del videojuego ‘Wipeout 2097’… unas cintas que terminaría por destrozar de tantas escuchas, y que todavía conservo como oro en paño”. Para Salinas, hablamos de “una obra maestra, aunque yo siempre me quedaré con el ‘Selected ambient works 85-92’ y con el ‘Richard D. James album’ (96). Pero creo que el cambio de registro que realizó con ‘SAW II’ dejó a todo el mundo con el culo torcido, y cuanto más tiempo pasa, mejor disco parece”. Dice también que lo que más le interesa del disco es “la faceta melancólica de Aphex Twin, sus ritmos menos "nerviosos", los sintes desafinados y esos pads que pareces estar hechos de gas. Es un teletransporte a otra dimensión. De hecho, desearía no conocerlo para poder volver a descubrirlo hoy mismo”.

 

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Un camino inverso al de los tres músicos anteriores es el que ha recorrido José Pérez Piña, cincuenta por ciento de I Am Dive. “Mi primer contacto con Aphex Twin fue a través de algunas recopilaciones en CD muy típicas de los noventa, de esas con títulos tan esotéricos como ‘Trance Europe Express’ o ‘Dream Injection’, allá por el año 1994. Luego me compré el ‘Classics’ (95) y de ahí pasé a los dos volúmenes del ‘Selected ambient works’ de golpe. De entrada me pareció un disco un poco raro; por aquel entonces yo no escuchaba música tan (digamos) abstracta, y como era de esperar me enganché más al primer volumen. Sin embargo, con el tiempo he ido cogiéndole más gusto al otro”, hasta el punto de que “hoy es mi título favorito dentro de su discografía. Creo que es difícil encontrar discos donde se planteen estos niveles de preciosismo sin hacer que sea demasiado obvio o pasteloso; posee un balance perfecto entre belleza y aridez. Me interesa también mucho la manera tan sutil en la que aparecen los ritmos y los elementos percusivos a lo largo del disco. Y, por supuesto, lo primario de la producción: hay momentos de distorsión y mucho ruido de cinta, que es algo poco habitual en las grabaciones de la época”.

 

La historia de Olivier Arson, cabeza pensante en Territoire y en el proyecto ambiental The Folding And The Point, tiene también su miga. “Debí escuchar el disco por primera vez en 1996, después de descubrir el ‘Richard D. James album’. Pero lo disfrute realmente partir del 2001: entonces vivía en Reykjavík, estaba muy metido en la escena ambient y enseguida se convirtió en mi disco de cabecera. En aquel momento me parecía un música muy familiar, encajaba totalmente con lo que necesitaba escuchar”. Opina también Arson que lo más interesante del disco es que, “con él, Richard D. James supo tomar el legado de Brian Eno, Robert Fripp y toda esta gente, y lo recondujo hacia un territorio menos intelectual y más sensorial, menos paisajista y más hipnótico. Yo recuerdo las siestas que me echaba con él. A menudo tenía sueños rarísimos y me despertaba sin saber donde estaba. Incluso de noche en verano, cuando todavía había sol de madrugada, las sensaciones eran muy extrañas”.


De todos los entrevistados, Carles Guajardo, aka bRUNA, es el que más tarde llegó a “SAW 2”. “Después de buscarlo durante muchos años, di con una copia del disco en la mítica tienda Kim's, en Nueva York, a principios de 2003. Yo era muy muy fan de Aphex Twin desde hacía varios años y había leído muchísimo acerca del disco, pero nunca lo había podido escuchar. Todavía recuerdo lo hecho polvo que me quedé cuando llegó la tercera canción del primer CD (la que se conoce como ‘Rhubarb’); es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos”. Guajardo describe el disco con toda una colección de adjetivos: “es largo, denso, atípico y en ocasiones hasta difícil de escuchar; pero también es un artefacto tremendamente original y cautivador. Si hay una cualidad que destaca sobre cualquier otra es el altísimo grado de personalidad que tiene; es un mundo en sí mismo”. Un disco de ambient, sí, pero construido, “al igual que sucedía con el primer volumen, fuera de los parámetros que en su día acuñó Brian Eno. Eso sí, en ‘SAW 2’ el camino escogido es mucho más radical: un disco larguísimo, con canciones extremadamente minimalistas y por lo general incómodas, que inducen a cualquier cosa menos a la relajación, que no están pensadas para ser escuchadas ‘de fondo’. Antes bien, son canciones que difícilmente pueden ser ignoradas, que reclaman tu atención constantemente. El maravilloso artwork y la ausencia de títulos de las canciones también merecen un comentario aparte”.  

 

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En lo que todos nuestros invitados sí están de acuerdo es en la repercusión que “SAW 2” ha tenido a lo largo de sus dos décadas de existencia. Una influencia que se puede rastrear, incluso, en algunos de los discos que ellos mismos han producido. “Aphex Twin es un tipo que ha marcado el camino de muchas cosas que suceden hoy, un tipo que acostumbra a crear tendencia”, sentencia David Crespo. “Es posible que pasados 20 años no tenga tanto valor acercarse a este disco como en 1994. Ahora estamos más acostumbrados a este tipo de sonoridades, pero en aquel momento lo primero que pensabas era en cómo podía hacer aquel tipo aquellas cosas”. De hecho, reconoce que “hay algunas cosas que se quedaron en mi subconsciente y nunca más se han ido. Pasajes y ciertos sonidos que han sido claves para entender y construir ciertos aspectos en mis propios discos”. Para Pérez Piñas, se trata de un título “que está en el ‘altar del ambient’, junto al ‘Music for airports’ (78) de Brian Eno y el ‘Chill out’ (90) de The KLF. De los tres, eso sí, es mi favorito, porque es el más compacto en conjunto, aquel en el que lo bonito es menos obvio. Además, las voces tratadas con delay en canciones como ‘Cliffs’ me han influido mucho más de lo que nunca pude imaginar”.

 

Para Fibla, la influencia de “SAW 2” es evidente, “aunque da un poco de cosa ver a gente de 20 años intentando sonar, a día de hoy, como ese disco. Es algo que me sucedió hace poco en un festival, y que me recuerda a la gente de esa misma edad, pero con otros intereses; gente que intenta reproducir las estructuras clásicas del pop tal y como se entendían hace 25 años. Es un poco triste y desangelado. En cuanto a su rastro en mi música… supongo que sí existe algo, sobre todo en cierta manera de utilizar los pads. Que es algo de lo que me alegra haberme ido desprendiendo poco a poco. O al menos, eso quiero pensar”. Olivier Arson añade que “popularizó una música y unos conceptos que, a día de hoy, todavía estamos desarrollando. Yo por supuesto me siento muy influido, aunque cuando hice el disco de The Folding And The Point me llamaba más el lado analítico del asunto, y ahora diría que me gustan minimalismos más extremos, del tipo William Basinski”. Y también es interesante la reflexión de Albert Salinas: “no creo que nadie haya intentado hacer algo estrictamente similar; sería meterse en aguas pantanosas. Quiero decir, igual que muchos productores no han dudado en echarle mano a los recursos ‘Burialescos’ de ‘Untrue’ (07), pocos han tenido suficientes agallas para intentar hacer lo mismo con este disco. Tengo la sensación de que se trata de uno de esos discos que mucha gente lleva en el corazón, pero que siente el suficiente respeto por él como para no destrozarlo a base de plagios”.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com