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Don't look back

O de como la nostalgia se adueñó de la escena independiente

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Desde hace unos cuantos días, varios de los antiguos componentes de Slowdive (Rachel Goswell, Simon Scott, Christian Savill y Nick Chaplin) están realizando, a través de sus respectivos perfiles de Twitter, una cuenta atrás que llegará a su fin el día 29 de enero. Aunque nadie sabe exactamente de qué se trata, hay bastantes señales que sugieren que ese día se anunciará el retorno de la banda al mundo de los vivos. De confirmarse ese aspecto, las alarmas de toda la escena independiente saltarían por los aires: después de todo, Slowdive es una de las pocas bandas clásicas del indie que aún no habían sucumbido a ese culto por la retromanía que nos invade. Una de las pocas, además, que no se enfrentan a diferencias insalvables a nivel personal entre sus antiguos miembros –como sí sucede, por ejemplo, con The Smiths, Cocteau Twins o Spacemen 3-, y que sigue teniendo a varios de sus componentes en plena forma creativa, como demuestran la carrera en solitario de Simon Scott o el nuevo proyecto de Neil Halstead, esos Black Hearted Brother que exudan shoegaze por las cuatro caras.

 

Y es que vivimos tiempos abonados a la nostalgia: las giras de bandas que recuperan alguno de sus discos clásicos se han convertido en moneda común, proliferan los recopilatorios y libros de viejas glorias y muchos festivales, como el ATP, el Pitchfork o el Primavera Sound confían gran parte del peso de sus carteles a bandas surgidas en los ochenta o (sobre todo) los noventa. Un caldo de cultivo irresistible para muchos artistas de aquellas épocas, sobre todo si pasaron desapercibidas en su momento y no llegaron a sacar réditos económicos de sus discos. Pero también un panal de miel para sellos y promotores, que pueden rentabilizar sus catálogos catálogos y espolear sus programaciones acudiendo a esos nombres. Nombres que pueden provocar interés entre los jovenzuelos curiosos, pero que sobre todo producen un cosquilleo de añoranza entre los antiguos indies que ahora están entre los treinta y los cuarenta años. Es decir, los que todavía tienen (algo de) dinero para comprar discos y acudir a conciertos.

 

Eso sí, no todos los retornos provocan el mismo interés que el de Slowdive. Blur y Suede también han vuelto durante 2013, pero los medios apenas le han dedicado unas cuantas líneas a la noticia, quizás porque a ellos se les asocia generalmente con el brit-pop (ese género que los “indies de bien” consideran el mal), quizás porque no hace tanto tiempo que desaparecieron del mapa, o quizás porque ellos sí que llegaron a saborear las mieles del éxito mientras estaban en activo. Y por último está todo ese pelotón de bandas que en su época no pasaron de un discreto segundo plano, y que han vuelto en busca de una segunda oportunidad, la mayoría de las veces sin éxito. En Blisstopic hemos realizado una selección en la que hay un poco de todo: los que han vuelto para bien, los que nunca deberían haber vuelto y los que han vuelto pero nadie se ha dado cuenta. Incluso hay un par de apuestas de futuro, por si acaso lo de Slowdive acaba siendo un bulo. Por Vidal Romero.

 

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PIXIES

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La de Pixies fue la primera gran reunión del indie. En principio iba a ser sólo para un gira, pero tras casi diez años en la carretera, alimentados apenas con un par de recopilatorios, los de Black Francis han ido decayendo tanto a nivel de popularidad como en la calidad de sus conciertos –sobre todo después de que la buena de Kim Deal decidiera abandonar la banda, harta de los desmanes del cantante-. Para remediar esos problemas y exprimir un poco más la gallina de los huevos de oro, el cuarteto grabó el año pasado suficientes canciones como para publicar tres EPs. Hace apenas una semana que apareció el segundo –aquí está la crítica que publicamos en Blisstopic– y ya estamos deseando que desaparezcan y que dejen de mancillar su propia leyenda de una maldita vez.

 

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MY BLOODY VALENTINE

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Si la de Pixies fue la primera, la de My Bloody Valentine ha sido la madre de todas las reuniones. Tras casi dos décadas de misterio, de informaciones contradictorias, de anuncios y cancelaciones de un nuevo disco, la formación clásica de la banda volvió a juntarse para una gira que se ampliaba una y otra vez. Así que Kevin Shields se puso manos a la obra y, tras remasterizar los discos y EPs de la época clásica de la banda, ha sido capaz de completar un disco nuevo, que apareció en primavera del año pasado. Un “m b v” (MBV Records, 13) que mezcla grabaciones antiguas y nuevas, que es digno sucesor del inmenso “Loveless” (91), y que por tanto –y a diferencia de lo sucedido con los Pixies- ha servido para prolongar su (ensordecedora) leyenda.

 

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SWANS

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En realidad, Michael Gira siempre ha estado ahí, una presencia ominosa que igual publicaba discos en solitario que montaba bandas estupendas (Pigface, The Body Lovers, Angels Of Light) o ejercía de exquisito Pigmalión desde su sello, Young God Records –hogar, recordemos, de gentuza como Akron/Family, James Blackshaw o Devendra Banhart-. Pero ha sido la resurrección de Swans lo que ha marcado un antes y un después en su carrera: si en la introducción hablábamos de bandas minoritarias que han vuelto en busca de una segunda oportunidad, este es el mejor ejemplo de que es posible conseguirlo. Desde su resurrección en 2010, Swans ha publicado dos discos en estudio notables –el inmenso “My father will guide me up a rope to the sky” (Young God, 10) y el inabarcable “The seer” (Young God, 12)- y otros dos en directo, pero sobre todo ha conseguido afianzarse como una de las mejores bandas que es posible ver ahora mismo en directo en todo el mundo: una auténtica apisonadora, un martillo pilón, capaz de arrasar las audiencias de todas las salas y festivales por las que pasa. Palabra del señor.

 

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THE KITCHENS OF DISTINCTION

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Ya en su época les tocó vivir a la sombra de Cocteau Twins y Echo And The Bunnymen, dos bandas con las que siempre eran comparados, a pesar de que sus discos exhibían mucho más músculo y tenían una mayor vocación pop. Es posible que esa eterna (e injusta) condición de segundones les siga persiguiendo todavía a día de hoy, porque poca gente se ha enterado de que en otoño de 2013 publicaron un nuevo disco, con el que rompían casi dos décadas de silencio. Y es una pena, porque a pesar de ciertos guiños a The Smiths que estropean el conjunto, “Folly” (3 Loop Music, 13) demuestra que The Kitchens Of Distinction no han perdido el nervio en todo este tiempo; que siguen siendo capaces de construir brumas atmosféricas y estribillos emocionantes.

 

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SWERVEDRIVER

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La banda más salvaje que alumbró nunca el shoegaze volvió a los escenarios en 2008, y desde entonces ha realizado varias giras pequeñas; conciertos que, según los afortunados que los han llegado a ver, conservan la furia y peligrosidad de los buenos tiempos. Sus miembros manifestaron desde el principio que su intención era volver también a los estudios y, según confirman en su página web, esa promesa se hará realidad en la primera mitad de 2014. Para entretener la espera, han publicado hace unas semanas un nuevo single, “Deep wound” (Tym Records, 13), con dos canciones que reviven el espíritu de “Mezcal head” (93) y permiten soñar con un álbum repleto de épica y ruido.

 

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BAILTER SPACE

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A pesar de los esfuerzos de Captured Tracks por recuperar el legado del mítico sello Flying Nun, las bandas neozelandesas siguen siendo unas grandes desconocidas para los indies modernos. Y es una pena, porque a diferencia de lo que sucede con muchas medianías de aquella época, convertidas ahora mismo en héroes, el legado de bandas como The Chills, Tall Dwarfs, The Clean o The Verlaines sí que merece ser reivindicado. De toda aquella familia, los únicos que se han atrevido a regresar son Bailter Space, quizás porque en su día ya eran los más conocidos de la familia, gracias a un acuerdo de licencias con Matador. Y aunque todavía resulta muy difícil verlos tocar en directo –siguen siendo un tercer plato dentro del underground-, ya han publicado dos discos más que interesantes, “Strobosphere” (12) y “Trinine” (13). Dos discos que demuestran que su particular visión del shoegaze, más ruidosa y rugosa de lo habitual, con un complejo y psicodélico juego de guitarras como seña de identidad, no ha envejecido en absoluto.

 

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AUTOMATICS

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En España también hemos tenido nuestras propias raciones de nostalgia local. Los primeros que abrieron la veda fueron Surfin’ Bichos, con una gira de reunión en 2006 que pretendía darles, por fin, el papel de pioneros del indie que siempre se les había negado. Y desde entonces se han sucedido con cierta frecuencia las giras de bandas pioneras en la escena local, como El Inquilino Comunista o Sexy Sadie. En 2013 volvieron a la palestra dos (pequeños) mitos más: Lagartija Nick reunió a su formación original para recuperar el mítico “Hipnosis” (90) y Automatics volvieron a coger las guitarras para una gira que todavía no ha terminado, y que viene arropada por “1991-2001” (Clifford Records, 13), un recopilatorio de “éxitos” de la banda que incluye un par de canciones nuevas. La pregunta en este caso es, claro, quiénes vendrán después: un servidor daría un brazo por volver a ver en directo a Cancer Moon o a Penelope Trip, pero es seguro que los muy sobrevalorados Family serían quienes despertaran mayor revuelo mediático.

 

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SEBADOH

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Teniendo en cuenta que Dinosaur Jr. ha triunfado más que Los Chichos en el Tivoli World desde que la formación original decidió volver a reunirse, mucho tiempo ha tardado Lou Barlow en revivir su proyecto en solitario. Pero quizás debería haber madurado mucho más esa decisión, porque “Defend yourself” (Domino, 13) suena como una versión adulta de los discos de Sebadoh que todos recordábamos. Y “adulto” es posiblemente el peor adjetivo que se le puede dedicar a un tipo que convirtió la baja fidelidad en arte, que supo aprovechar como nadie el zeitgeist del indie rock de los primeros noventa –incluso a la hora de reírse de ese zeitgeist; ahí tienen temas como “Gimme indie rock”- y cuyos discos, en fin, siempre han olido a libertad y adolescencia. ¿De verdad le interesa a alguien que siga enamorado de su mujer, veinticinco años después?

 

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FÜXA

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Más que de un retorno, en el caso de Randall Nieman habría que hablar de una salida de la hibernación. Y es que el pequeño geniecillo del space rock nunca ha dejado de mandar señales desde el espacio exterior, ya fuera en forma de conciertos (muy) ocasionales o mediante los discos que publicaba en Mind Expansion, ese sello-ONG con el que espolea las carreras de amigotes como Spectrum, Telescopes, Martin Rev o Cheval Sombre. Sin embargo, desde hace un par de años ha intensificado su actividad, tanto en directo como en estudio: ahí están los entrañables “Electric sound of summer” (Rocket  Girl, 12) y “Dirty D” (Rocket Girl, 13) para demostrarlo. Pero no son sólo esos discos los que hacen interesante el retorno de Füxa: los que sigan a Nieman en las redes sociales sabrán ya que entre sus planes inmediatos hay giras con otros ilustres olvidados como Transient Waves o Add N To (X), y sobre todo un supuesto nuevo disco con Flying Saucer Attack. Como él mismo dice, “space rock is back!”.

 

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MAZZY STAR

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Cuentan Dave Roback y Hope Sandoval que nunca lo dejaron; que simplemente decidieron tomarse un respiro y que ese respiro al final ha durado diecisiete años. Y efectivamente, “Seasons of your day” (Rhymes Of An Hour Records, 13) suena como si se hubiera grabado un par de meses después que “Among my swan” (96), su penúltima aventura. No importa, porque pocas bandas hay que condensen de una forma tan pura el sonido del rock independiente de los noventa como Mazzy Star. La vocación atmosférica, el gusto por los tempos ralentizados, el contraste entre una voz cándida y una música repleta de texturas ominosas, el hábil manejo del ruido como elemento con el que crear tensión: todo eso está atrapado en un disco atemporal, repleto de buenas canciones.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com