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Matias-Aguayo  

Matías Aguayo

El Rudo del House round one

Cómeme

8

House

Vidal Romero

 

Espíritu inquieto, culo de mal asiento, Matías Aguayo es de esa clase de tipos que no pueden parar de crear; un productor bien dotado a nivel técnico y con una capacidad asombrosa para parir hits incontestables –de “Rollerskate” a “One to three (no gravity)”, de “Pitaya frenesí” a “Walter neff” o “El sucu tucu”-, pero que no se conforma con explotar la misma fórmula una y otra vez. Que disfruta marcándose retos personales y tirando piedras a su particular tejado, consciente de que la música de baile sólo puede evolucionar gracias a la existencia de gente como él, que fuerza los límites de los géneros y procura introducir siempre recursos novedosos (muchas veces propios de la esfera experimental) dentro de su particular paleta de sonidos.

 

¿Ejemplos de lo anterior? “Ay ay ay”, su disco de 2009, estaba construido únicamente con samples de su propia voz; el siguiente, “The visitor” (13), desdibujaba las fronteras entre la música de clubes europea y la tradición folklórica tropical; y eso sin contar los innumerables maxis en los que ha experimentado con ideas alocadas (ese himno a favor de recuperar la diversión en las pistas de baile que era “Minimal”) o ha sido capaz de convertir sus bromas privadas en pequeños diamantes: ahí está, por ejemplo, el despiporre de “I don’t smoke”. Un espíritu que se traslada a un nuevo proyecto, El Rudo del House, que el propio Aguayo describe como “una criatura imaginaria que habla con una voz que tiene el pitch bajado y produce ritmos de house pesados, pensados para hacer reaccionar de manera directa las distintas partes del cuerpo”. Ritmos que no proceden de sintetizadores o instrumentos de percusión, sino que están construidos a partir de samples de la vida cotidiana moderna: “grandes aparatos metálicos que atraviesan el cielo, voces que resuenan desde altavoces en salas de espera gigantescas, máquinas de seguridad, el pequeño ruido amortiguado que produce un mensaje de spam a través de altavoces baratos y de mala calidad”. Materiales de desecho, en fin, que en las manos de Aguayo cobran una nueva vida.

 

La mejor demostración de todo lo anterior está en el corte que abre el EP: “El Rudo del House” no tiene bombos, sino drones, cortinas de ruido, zumbidos maquinales y golpeteos hidráulicos; elementos que, unidos a un par de samples vocales, dan forma a un tema cinemático y sorprendentemente bailable, que suena como la versión amable de alguna banda industrial de los ochenta. Una sensación de desarraigo temporal que comparte también “At the gate”, que con su ritmo seco y primitivo, con su par de samples vocales manipulados, está más cerca de los ejercicios de sampledelia que realizaban M/A/R/R/S o Bomb The Bass hace treinta años que de cualquier productor actual. El festival prosigue en la cara B, con un “Bai a Sali bolando” que tira de esos ocurrentes samples vocales que son marca de la casa Cómeme, y los superpone a un ritmo insistente e incisivo, punteado por una especie de pito infantil y un sonido como a rueda de maquinaria antigua. Y también en “Elefante”, el tema más cercano a la riqueza cromática y la complejidad rítmica del ya citado “The visitor”, y que celebra la auténtica declaración del intenciones del Rudo del House: “hay un elefante en tu casa”. Lo mejor es que, como bien advierte su título, este EP es el primero de una serie de cuatro (el segundo, de hecho, ya está anunciado para mediados de abril). Una serie que también tendrá su reflejo particular en forma de espectáculos en directo: algo que, teniendo en cuenta los carnavales electrónicos que suele montar cuando se junta con sus amigotes de Cómeme, sólo puede significar cosas sabrosas. Así que prepárense, porque “esta disco está tomada”.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com