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Lost  

Lost Twin

The mist

Squaring The Circle

8,5

Abstract beatz

Vidal Romero

 

Han quedado un poco sepultados en la memoria, apenas una nota al margen en la rica escena del hip hop nacional de finales de los noventa, pero lo cierto es que Hippaly fue uno de los proyectos más interesantes de aquella época. Un trío sevillano que, nadando un poco en contra de la corriente imperante, se dedicaba los beats abstractos, y que encima lo hacía bastante bien. Hippaly ha quedado en el olvido, como iba diciendo, y a mí me produce particular orgullo que Carlos R. Pinto, otro sevillano (aunque exiliado en Brighton desde hace años), aproveche para reivindicar al trío cada vez que tiene ocasión. Es la manera que tiene de reivindicar también sus propias raíces, que deben tanto al electro y al hip hop instrumental de los noventa (aquello que se dio en llamar abstract beatz), como al ambiente de la ciudad en la que creció.

 

Lost Twin, el proyecto que gestiona Pinto en solitario, comenzó reinterpretando esas influencias con una notable habilidad, pero en algún momento se convirtió en algo mucho más interesante. Se convirtió en una criatura que mezclaba beats a cámara lenta con imágenes cinematográficas, ambientes en descomposición y sonidos de naturaleza incierta –más cercano en espíritu a Prefuse 73, Flying Lotus o Hieroglyphic Being que a DJ Shadow, para entendernos–. Que los amalgamaba en composiciones de formato libre, repletas de emoción y melancolía. Una manera de hacer que cristalizó por primera vez en la (fantástica) mixtape “Twin talk”, publicada a principios de 2013, y que con su nuevo mini-LP, “The mist”, alcanza una madurez plena.

 

Y eso que el título no me termina de convencer: “The mist” significa la niebla en inglés, y en realidad gran parte de los sonidos y de las imágenes que se amontonan en los ocho cortes que contiene este disco trasmiten una sensación acuática. Son canciones de bordes difusos y pulso cinemático, que igual recurren a los glitches y a las voces recortadas –como en la estupenda “Snake snake”–, que reinterpretan a su manera el legado de la IDM más melancólica (el de artistas como Boards Of Canada o Tycho). Que en “Acuario de plantas” utiliza arpas y otros instrumentos orquestales para dibujar un ambiente deliciosamente retro (es como ver una película de la Disney en una cinta de vídeo que se ha utilizado demasiadas veces), y en “The tides” apila drones, marimbas y percusiones exóticas, añade un juego de melodías que surgen desde el plano de fondo, y da forma a una pieza que suena como a Steve Reich, pero leído a través de los ojos de Tortoise. Que manipula los sonidos para darles un aura mágica y mística, que juega con las sensaciones del oyente –un poco a la manera del pop hipnagógico-, o directamente se permite pequeños chistes: ahí está “Gamelan”, un delicado interludio con sabor oriental, que da exactamente lo que su título promete. Todo eso cabe en treinta minutos que se cierran entre aires fantásticos –con la estupenda “Coda”, una pieza que me trae a David Axelrod a la cabeza–. Treinta minutos que además vienen prensados en un precioso vinilo de color verde. Tan bonito por fuera como por dentro.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com