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Dalglish  

Dalglish

Dorcha aigeann

Ge-stell

8,5

Drones

Vidal Romero

 

Lleva más de quince publicando discos, casi siempre entre el notable y el sobresaliente, pero por alguna razón que se me escapa Chris Douglas sigue siendo un perfecto desconocido. Y no es porque le falte currículum: sus primeros pasos los dio a la sombra de Mike Banks (Underground Resistance) y el desaparecido James Stinson (Drexciya), dos tipos que le inculcaron el amor por el electro y el techno de formas punzantes. Más tarde volvió a su San Francisco natal, donde ayudó a dar forma a la escena de IDM local, aquella que floreció alrededor de sellos como Phthalo, Plug Research o Mush, y de la que saldrían artistas del calibre de Dntel, Daedelus, Sutekh o Kit Clayton. Que Douglas nunca alcanzara el reconocimiento de sus compañeros de generación sigue siendo un misterio, porque sus discos de la época (entonces grababa como O.S.T.) son ejemplos finísimos del género; artefactos en los que se funden de manera ejemplar melancolía, ritmos cubistas y texturas alienígenas –no es casual que Autechre, tipos listos, se hayan declarado siempre seguidores del chaval.

 

Quizás para intentar cambiar su suerte, Douglas se mudó a mediados de la década pasada a Berlín, y con la mudanza su estilo viró hacia una especie de ambient oscuro y ponzoñoso. Un ambient en el que gobiernan los drones y las formas mutantes, que graba bajo varios heterónimos creados ex profeso (Seaes, Scald Rougish o el que nos ocupa aquí, Dalglish), y guarda poca relación con aquella IDM que practicaba en su juventud. Antes bien, “Dorcha aigeann” está repleto de formas metálicas y de esputos de ruido; elementos de naturaleza abstracta, cuyo origen es a la vez indeterminado y extrañamente familiar –“Onair” parece estar montado a partir de fragmentos inconexos de emisiones radiofónicas, en “Uisge” muchos de los sonidos poseen una cierta resonancia acuática-, que colisionan entre sí en un magma volátil y abrasivo, que supone un asalto frontal para el oyente, pero que al mismo tiempo posee una rara cualidad hipnótica. Y es en ese equilibrio inestable entre caricia y violencia, entre emoción y alienación, donde se encuentra el valor de un de los EPs más salvajes e intensos que servidor se ha llevado a la oreja en los últimos meses. Una muestra más del talento superlativo de su autor.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com