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Richard Fearless

Gamma Ray

Drone

8,0

Techno

Vidal Romero

 

Confieso que a Richard Fearless siempre lo había visto como un tipo sobrevalorado. Un tipo que tenía evidentes habilidades como productor, de acuerdo, que incluso había grabado algunos temas notables, pero que en el fondo siempre había arrimado su sardina al ascua de las modas en cada momento. De ahí que casi todos los discos de Death In Vegas hayan envejecido mal; sólo esa bendita locura, fuera de toda mesura y escala, que es “Satan’s circus” (04) –y que, no por casualidad, es el título menos popular de la banda–, ha ganado fuerza con el paso del tiempo.

 

Sin embargo, algo ha cambiado en los modos del productor inglés en los últimos años. Es posible que influyan la ruptura (nada amistosa, según parece) con Tim Holmes, su mano derecha durante más de quince años, o el fracaso (comercial, de crítica) de “Trans-love energies” (11), el último disco que ha publicado como Death In Vegas. El caso es que Fearless ha emprendido un viaje hacia territorios más crudos y abstractos, más cercanos a la pista de baile, pero en los que todavía resuena un cierto espíritu rock –un territorio parecido, para que se hagan una idea, al que pisan Justin Robertson o Andrew Weatherall–. Un viaje cuyos primeros frutos se pudieron testar en forma de (excelentes) remezclas para artistas como Toy, Bot’Ox o David Shaw, y que estalló de manera definitiva a finales de mayo, cuando aterrizó en las cubetas “Higher electronic states” (14), el primer maxi que publicaba bajo su nombre de pila.

 

El tema titular de aquel maxi, una bestia mutante de funk ácido, adornada con ribetes psicodélicos y destellos melódicos, era un misil dirigido al centro mismo de la pista de baile; uno de los temas más brutos que se han publicado en 2014. La nueva entrega, “Gamma ray”, comparte algunos de los genes de su predecesor –los arpegios de sabor analógico, un tenue aroma lisérgico, algún chisporroteo ácido–, pero reduce los bpms de manera notable y tuerce la vista hacia el espacio exterior. Es un tema escapista y flotante, de espíritu cósmico y triposo, que funciona mucho mejor en casa que en el club (salvo que se utilice ya bien entrada la mañana, cuando la sutileza química prima sobre la fuerza bruta). Un espléndido remix de Legowelt en la cara B, que potencia las cualidades obsesivas del original y añade más leña ácida, completan un maxi sin desperdicio.

 

Vidal Romero

Como todos los antiguos, Vidal Romero empezó en esto haciendo fanzines (de papel) a mediados de los noventa. Desde entonces, su firma se ha podido ver en infinidad de revistas (Go Mag, Rockdelux, Ruta 66, Playground, aB, Era y Clone entre muchas otras) y algún que otro periódico (Diario de Sevilla, Diario de Cádiz). Es también uno de los autores del libro “Más allá del rock” (INAEM, 08) y ha trabajado como programador y productor para ciclos de conciertos y festivales como Arsónica, Territorios o Electrochock (US). Incluso le ha quedado tiempo para ayudar a levantar España ladrillo a ladrillo con lo que es su auténtica profesión: la arquitectura. Es uno de los mejores analistas de música electrónica de este país.

 

vidal@blisstopic.com

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