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Houdini & Doyle

Temporada 1

7,3

 

Milo J Krmpotic'

  

Ignoro (o por lo menos no lo recuerdo: quizá con una sesión de hipnosis…) si estos dos personajes habían coincidido antes. Lo cierto es que las posibilidades combinativas de la cultura popular victoriana llevan mucho tiempo dándonos alegrías, siendo las dos primeras que vienen a mi memoria emotiva (esto sin hipnosis alguna) el encuentro entre Sherlock Holmes y Jack el Destripador en “Asesinato por decreto”, de Bob “Porky’s” Clark, con unos maravillosos Christopher Plummer y James Mason como el sabueso de Baker Street y su fiel escudero Watson, y “Los pasajeros del tiempo” de Nicholas Meyer, producida curiosamente el mismo año que la anterior, 1979, con Malcolm McDowell como un H.G. Wells dispuesto a viajar al futuro para impedir que el carnicero de Whitechapel siga haciendo de las suyas en Nueva York. Pero la lista, a partir de entonces, se multiplica, así que baste mencionar “La Liga de los Hombres Extraordinarios” (el cómic, no la película) y “Penny Dreadful” (cuando menos su primera temporada) para constatar las alturas alcanzadas por esta tendencia, amén de su vigencia.

 

“Houdini & Doyle”, una coproducción entre la británica ITV, la norteamericana Fox y la canadiense Global, ha sido el último y breve proyecto, cancelado tras apenas una temporada de diez episodios, del productor David “House” Shore, quien no logra pasar del año uno (o siquiera del piloto) en ninguna de sus empresas desde que finiquitara a la malhumorada pero genial criatura médica a la que prestó gesto sarcástico y cojera Hugh Laurie. A su lado, como creadores y conductores del asunto, David Hoselton, exguionista y también exproductor de “House”, y David Titcher, creador de ese otro simpático pastiche que es la franquicia de “The Librarian”.

 

 

Pero, currículos y fijaciones holmesianas al margen, la principal carta de esta apuesta se dio delante de la cámara y se debió a las entrañables interpretaciones de su trío protagonista (pues a los dos personajes del título hay que sumarles a una tal Adelaide Stratton, primera agente de policía femenina aceptada por Scotland Yard). El escapista y el escritor investigan una serie de crímenes de posible inspiración paranormal y, siguiendo la dialéctica sentada por “The X Files”, mientras Houdini esgrime la razón y la ciencia como estandartes, Doyle ansía creer en la posibilidad de algo más (desde las posesiones diabólicas hasta las apariciones extraterrestres, pasando por la reencarnación, los poltergeist y, claro está, ese hit victoriano que fueron las presencias espectrales), con la citada Stratton como elemento que presta equilibrio a sus mordaces intercambios verbales.

 

En la cristalina pero traviesa mirada de Michael Weston, Houdini encuentra un carácter expansivo, muy norteamericano, pero siempre dotado de cámaras de emotividad no tan estancas como él desearía. Por su parte, el Doyle de Stephen Mangan, en plena crisis creativa y personal, pues viene de matar a Sherlock Holmes en la cascada de Reichenbach tras el fallecimiento de su padre y tras ver cómo su esposa caía enferma de tuberculosis, alterna la ironía del gentleman con unas caídas de ojos sencillamente desarmantes. Y, aunque no tan llamativa, en absoluto deja que desear la interpretación de Rebecca Liddiard, notable a la hora de aunar feminismo y feminidad.

 

 

La constable Stratton, por cierto, es dueña de la trama con que se busca romper el carácter autoconclusivo (por procedimental) de los capítulos: una historia de anarquistas amigos del bombín y razonablemente chestertonianos. Pero, aunque en el fondo ya hayamos visto varias veces antes este “Houdini & Doyle”, su inteligencia, su absoluta falta de pretensiones, la emotiva química entre sus protagonistas y su muy notable diseño de producción nos llevan a lamentar su prematura desaparición. Por no hablar de sus recurrentes guiños al batiburrillo victoriano, con apariciones especiales de un jovencísimo Winston Churchill, Bram Stoker, las sufragistas, Nikola Tesla y Thomas Alva Edison… Una pequeña, breve delicia.

 

   

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com