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Expediente X

Temporada 10

5,2

 

Milo J Krmpotic'

 

Chris Carter no ha regresado a los Expedientes X porque tuviera algo nuevo que decir. Chris Carter ha regresado a los Expedientes X porque no tenía otra cosa que decir. Que el amigo siga apegado, casi tres lustros después, a la serie que le dio fama intergaláctica es ciertamente humano (en espera de averiguar si los alienígenas comparten con nosotros sentimientos como el de la nostalgia) y no representa en sí mismo un problema. El problema aparece, en cambio, cuando, a la hora de reverdecer laureles, la propuesta se presenta carente de la menor coherencia interna, narrada desde postulados completamente demodés, con una pareja protagonista en modo de piloto automático, como si los actores sólo estuvieran allí para devolverle el favorcete a su descubridor.

 

Pero la culpa no es de Gillian Anderson y David Duchovny. La culpa es de un proyecto donde, de seis episodios, sólo dos (el primero y el último, titulados como “Mi lucha I” y “Mi lucha II”, por si cabía alguna duda acerca de la continuidad entre ellos establecida) intentaron justificar el revival, siendo además los peores de calle, mientras que los otros cuatro se dedicaron a transitar con mayor o menor gracia viejos caminos obviando por completo lo acontecido en el piloto y su promesa de neo-conspiración en torno al ADN extraterrestre recuperado en Roswell allá por los años 1950, presentando como única novedad a la pareja 2.0 que tomará el relevo de Mulder y Scully a poco que sus intérpretes, razonablemente hastiados, decidan abandonar el platillo volador.

 

 

Y sí, Lauren “A dos metros bajo tierra” Ambrose y Robbie Amell (esto es, los agentes Einstein y Miller) representaron un ligero soplo de aire fresco. Lo mismo que Rhys Darby como hombre-lagarto en un 10x03 de desenfadado espíritu camp. Pero cualquier asomo de sonrisa (más o menos condescendiente) que el desarrollo de la cosa pudiera haber generado se fue al garete con su culminación, un capítulo sencillamente lamentable que fue el segundo menos visto de la temporada en Estados Unidos, con 7.600.000 televidentes (cifra respetable, de acuerdo; la cuarta mejor en su noche de emisión, sí, pero a casi nueve millones de distancia en cuanto al número de espectadores que habían asistido al estreno de seis semanas atrás) y que, además de ejecutado patosamente, amén de solventado a través de un deus ex machina tras otro, tuvo la desfachatez de terminar con un cliffhanger cuya enormidad sólo halla parangón en su ridiculez.

 

Hay que ser muy, pero que muy fan de “Expediente X” para salir de esta nueva entrega ansiando saber si Mulder muere en el puente sobre el río Potomac (y, con él, buena parte de la humanidad) o si Scully logra trasplantarle in extremis una ración de células madre extraídas del hijo perdido de ambos, al que tranquilamente nos imaginamos al volante de ese mamotreto espacial llegado sobre la bocina para salvar la noche. Habida cuenta que el cine no está muy por la labor, pinta que la resolución llegará a través de la pequeña pantalla. Pero esta Temporada 10 habrá representado una oportunidad perdida (y enterrada lo antes posible) a la hora de justificar el presente y futuro inmediato de la serie. Casi tres lustros después, Chris Carter ha regresado a los Expedientes X y, salvo por algún simpático momento propio de serie B, le ha salido una producción sencillamente Z.

 

Lo mejor: Que haya 202 episodios anteriores para poder quitarnos el mal gusto de estos últimos seis.

Lo peor: Los vaivenes experimentados por casi todos los personajes, a menudo entre una secuencia y la siguiente, en lo que acabó erigiéndose en una (desafinada) sinfonía a la esquizofrenia.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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