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Lucha Underground

Wrestling al estilo Robert Rodríguez

 

David Aliaga

 

En la década de los noventa, Hulk Hogan y El Último Guerrero eran invitados habituales de los hogares españoles los fines de semana. Con la locución de Héctor del Mar, niños y adultos veían a tipos musculosos embutidos en mallas intercambiar golpes de cartón piedra que encajaban como si recibiesen patadas y puñetazos de puro plomo. ¿No se acuerdan de Macho Man o El Poli Loco?

 

Aunque en España ya no se emite en ninguno de los canales principales, a fecha de hoy Neox sigue emitiendo cada fin de semana un par de capítulos del principal espectáculo deportivo del mundo. Los luchadores hablan más y pelean menos, la realización se ha renovado, así como los personajes que encarnan los atletas. Pero aunque WWE sigue siendo la empresa referente en el mundo de la lucha libre y su modelo es mil veces imitado, en una nave industrial de Boyle Heights, California, Matt Burnet (multipremiado presidente de la división televisiva de Metro Goldwin Meyer), Eric Van Wagenen (productor ejecutivo con experiencia en la WWE) y Robert Rodríguez ("Sin city", "Abierto hasta el amanecer") han reinventado el concepto del espectáculo de la lucha libre dotándolo de un formato que lo lleva plenamente al siglo XXI.

 

 

"Lucha Underground" ya no es tanto un espectáculo deportivo como una serie de televisión, estructurada formal y narrativamente como tal. Los combates entre fornidos enmascarados se producen como nudo o desenlace de tramas dramáticas que giran en torno al cuadrilátero en lugar de ser el único centro de interés. Cuando los luchadores se presentan fuera del ring ya no lo hacen exclusivamente para vociferar mirando a cámara que quieren luchar contra tal o cuál rival y dar un respiro al espectador, sino que actúan como personajes con motivaciones e intereses distintos. Así, el cinturón de campeón de "Lucha Underground" no es sólo un metal codiciado por pura ambición deportiva. Se trata de un artefacto al que los antiguos chamanes aztecas dotaron de un poder mágico cuyos efectos se hacen sentir en los personajes. Tenemos también a Darío Cueto, que dirige la empresa según sus intereses sin necesidad de subirse al ring; a una espía infiltrada por el gobierno para controlar las posibles actividades ilegales que Cueto esconda tras la actividad de "Lucha Underground" … Secuencias plenamente cinematográficas que ocurren a pie de ring o en los vestuarios, pero también en exteriores, articulan narraciones con aire de noir que avanzan o se resuelven cuando dos contendientes suben al cuadrilátero.

 

 

La mano de Robert Rodríguez se deja notar en la estética del programa. Hay un punto de decadencia en el templo de "Lucha Underground" que recuerda al tugurio en el que se desata la locura en Abierto hasta el amanecer y la sordidez moderada de algunas tramas hace pensar que Cueto, Mil muertes y compañía son los hermanos tímidos de los protagonistas de Sin city.

 

 

En cuanto a la parte deportiva, "Lucha Underground" toma como referencia ineludible la lucha libre mejicana, más que el modelo de WWE. Máscaras vistosas, movimientos aéreos, preferencia por los luchadores más ágiles que fuertes. Y es que la serie rodada en California está inequívocamente pensada para el público latino de Estados Unidos. El español se entromete en una locución vehiculada en lengua inglesa. Los gringos que comparten asiento con los mejicanos residentes en California gritan “¡Lucha! ¡Lucha! ¡Lucha!” desde la gradería. Cuando Prince Puma o Fénix actúan, pronuncian en un inglés que no busca disimular su origen hispano. Cuando pelean, intercambian llaves que se encadenan, se mueven deprisa, saltan sobre las cuerdas y se abalanzan unos sobre otros con movimientos espectaculares.

 

En lo que también ha innovado el espectáculo diseñado por Burnett. Wagenen y Rodríguez es en el papel de la mujer en el wrestling del siglo XXI. Confinadas tradicionalmente en una división secundaria en la que muy a menudo primaba el tamaño de los pechos de las deportistas sobre sus capacidades atléticas, Lucha Underground ha liberado a las peleadoras de sus cadenas concediéndoles un protagonismo (casi) equiparable al de los hombres y enfrentándolos en combates mixtos en los que luchadores y luchadoras se golpean sin distinción de género. El resultado es, por ejemplo, un combate tan vistoso como el que ofrecieron Ivelisse y Mil Muertes en la primera temporada. En este sentido, sólo queda por ver cuál es la primera mujer que se corona como campeona de Lucha Underground, algo que sin duda sucederá.

 

 

El trabajo de cásting indica también cuál es el producto que se pretende filmar. La selección de luchadores con capacidad para ejecutar saltos y golpes visualmente atractivos define la parte deportiva, pero a diferencia de lo que sucede tradicionalmente, el equipo de guionistas de "Lucha Underground" diseña personajes para los que posteriormente buscan wrestlers que los encarnen. Así sucedió por ejemplo con Ricochet, escogido para ponerse la máscara amarilla de Prince Puma.

 

 

Por supuesto, "Lucha Underground" no es "Los Soprano", ni "True Detective". Las tramas son más sencillas, menos profundas; los personajes son menos complejos. Sí. Pero es la fórmula más arriesgada y contemporánea de llevar la lucha libre al espectador. Una agradable sorpresa cuya segunda temporada emite El Rey Network desde finales de enero y cuya audiencia no ha dejado de crecer desde el primer capítulo.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.