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The Knick 

Temporada 2

9

 

Rodolfo Santullo

 

Dos circunstancias hicieron difícil la reseña capítulo a capítulo el análisis de “The Knick”. La primera, error mío, fue no reseñar de inmediato cada capítulo al momento de verlo, haciendo complicado el repaso días más tarde. Porque, y aquí viene la segunda circunstancia, esta temporada de la serie ­–incluso superando a la primera­– tuvo una complejidad, una densidad, una carnadura, que hizo muy duro el poder destacar todo lo destacable, analizar cada elemento de la trama, cada desarrollo de personaje y entender en una palabra lo profundo de una historia que desafía los límites de la ficción en televisión. Porque, una vez más, la saga del hospital Knickerbocker se propuso con el desarrollo y concentración más propios de una novela que de una serie para la pantalla chica.

 

Steven Soderbergh hace de su relato una de esas historias “más grandes que la vida misma” porque de la suma de todos los componentes ­–que en este caso son sus personajes– crea una historia mayor que la de cada una de sus partes. Así, cada relato individual compone la historia mayor y el avance de cada una de sus historias termina por ayudar a conformar el fresco de época que es la suma. Porque el año es el 1902 y es un mundo muy distinto al que vivimos hoy. Un mundo donde todo lo que hoy damos por sentado recién se está descubriendo y cómo tal, hay prueba y error para todo, en muchas ocasiones con funestos resultados.

 

En esta temporada fue aún más protagonista, si tal cosa era posible, el Dr. John “Tack” Tackery. El personaje de Clive Owen continuó con su camino completamente autodestructivo pero al mismo tiempo genial (tanto por su interpretación, como por la genialidad del mismo personaje, una persona que siempre desafía los límites). En su búsqueda de una cura o terapia para las adicciones- la adicción entendida en sí misma como una enfermedad- estuvo el centro de la temporada. Su relación con Abigail Alford (trágica Jennifer Ferrin) fue su faro de luz y su condena. Thackery retoma el arco de personaje iniciado en la temporada uno y lo completa con valentía. No hay paz para él ni la habrá nunca. Un flashback (curioso) ubicado en el capítulo 9 de esta temporada, nos lo muestra en un momento anterior a toda esta locura y es raro verlo fresco, joven, no consumido por sus vicios y (por qué no) por su propia genialidad. El final –su final– nos plantea la incógnita. ¿Hay "The Knick" sin él? Se verá en la temporada –ya confirmada– qué viene.

 

 

Si pensamos en cada personaje y su progreso –entendiendo como progreso la evolución del arco dramático de cada uno de ellos– mucho pasa con los doctores Algernon Edwards y Everett Gallinger (Andre Holland y Eric Johnson). El primero se ve involucrado como nunca en los reclamos que le corresponden en defensa de su valor sin importar su raza (el regreso de su esposa, sí, tenía una esposa, interpretada por Zaraah Abrams le funciona como incentivo y condena) pero bien sabemos que la época no le es propicia y sus chances serán pocas. Esto, sumado a su creciente pérdida de visión no hacen de esta temporada un campo fértil para su felicidad. Por su parte, Gallinger sólo puede crecer en su frustración (profesional y personal, a partir de la insalvable locura de su esposa) y encuentra salvación en una relación prohibida con su cuñada al mismo tiempo que encuentra resquicio profesional con la práctica de la Eugenesia. Y la serie tiene mucho cuidado de no volverlo nunca “el villano”, sino simplemente mostrarlo como otra manera (completamente contemporánea) de hacer las cosas.

 

Menos suerte tienen el Dr. Bertram “Bertie” Chickering Jr y la enfermera Lucy Elkins (Michael Angarano y Eve Hewson). El primero amaga a tener un gran desarrollo y no cabe duda que en su historia pasan muchas cosas (se va del Knickerbocker, vuelve, rehace su vida amorosa, tiene pérdidas familiares) pero al final de la temporada, está en el mismo punto del principio y –más allá de que parece que al fin ha comprendido que el Knick es su lugar– no hay verdadero movimiento. Por su parte, más desgraciada es Lucy. Al no haber esperanzas de mantener su relación con Thackery, la serie la lleva por derroteros entre trágicos y crueles, planteando una relación pésima con su padre (gran aparición de Stephen Spinella) pero volviéndola de la nada una mujer ambiciosa y despiadada.

 

Esto último es quizá el aspecto diferente entre temporada una y dos. Si bien se mantiene el tono iluminista de la serie –ese maravillarnos ante los descubrimientos y el obligado buscar en Wikipedia para comprobar admirados que efectivamente se combatió la sífilis provocando malaria– hay una subtrama cuasi policial (a partir de la muerte del Inspector Speight, grande David Fierro) que provoca inevitablemente la aparición de “villanos”. Y eso sabe un poco raro en el contexto general de la serie toda. No la malignidad hasta simpática del administrador Barrows (Jeremy Bobb sale ganando sorpresivamente esta temporada) sino la de distintos personajes (los Robertson, Hobart Showalter) que ya funcionan como malos de verdad.

 

Lo que no afecta, por supuesto, que allí estaremos para esa tercera temporada. Si algo nos dejó claro estos dos años de la maravilla creada por Steven Soderbergh es que es "The Knick" una de las mejores series que ha visto la luz en esta era de la televisión moderna. Y eso no se puede dejar pasar.

 

Rodolfo Santullo

Rodolfo Santullo (Mexico D.F., 1979) es periodista, escritor, guionista y editor de historietas al frente de Grupo Belerofonte. Ha publicado novelas, cuentos e historietas en Uruguay, Argentina, Ecuador, Alemania, España, Chile, Gran Bretaña, Perú, Italia y Chipre. Actualmente prepara su debut como guionista de cine con la película "La teoría de los vidrios rotos".