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True Detective 02x07

Conócete a ti mismo... o muere

7,1

 

Milo J Krmpotic'

 

El tonti-clímax de la semana pasada, con ese asalto nocturno más propio de “El Equipo A” que de “True Detective”, tuvo un efecto positivo sobre este penúltimo episodio: desatascó la acción, contribuyó a delimitar el Mal al que se enfrentan los protagonistas y, en consecuencia, por percibirlos al fin en peligro, logró que la temporada regresara a las cotas dramáticas de sus dos primeras entregas. Y de ese modo lo sintieron dos de ellos, obsesionados con poner a sus seres queridos a salvo para evitarles el daño de la inevitable onda expansiva. Así, mientras Velcoro regresaba durante un rato a la posición de invitado de piedra, Bezzerides creció en las conversaciones con su hermana y padre, e incluso logramos hacer las paces con el topicazo de saberla sometida a abusos sexuales en su infancia. Por su parte, Woodrugh…

 

Bueno, vale la pena detenerse en Woodrugh por motivos literalmente sangrantes. Mientras conduce a Emily camino del motel, cuando ella le pregunta por qué están juntos, él responde que tan solo intentaba ser un buen hombre, lo que motiva la réplica: “Pues no lo intentaste de la forma correcta”. En efecto, media hora más tarde su excompañero de penurias afganas y examante le va a echar en cara que, de haber sido fiel a sí mismo, caso de no haberse escondido bajo una piel que no le correspondía (y recordemos que el amigo intentaba justificar sus tropiezos homosexuales en la misión “undercover” que le había correspondido realizar), no hubiera podido atraerle hacia la trampa haciéndole chantaje con las fotos que tomó Dixon.

 

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Pese a que la encerrona en los túneles (“están por debajo de toda la ciudad”, revela el jefe de policía en irónico contrapunto a las tomas aéreas que han constituido el Leitmotiv de la temporada) le permite en un primer momento seguir luciendo palmito bélico, Woodrugh va a caer al estilo Jesse James, ejecutado cobardemente por la espalda, en una secuencia excelente por afín a la aureola legendaria del personaje (¿no se dijo de él, a raíz del final de 2x04, que era un “dios de la guerra”?) y, esta vez sí, por las implicaciones a que conduce el montaje paralelo entre el tiroteo y la confluencia emotiva y erótica que viven Velcoro y Bezzerides. Un encuentro de almas afines que no en vano ha llegado precedido de la insistencia de Velcoro en ser una mala persona. Y es que, aunque torturados todos ellos, Velcoro y Bezzerides pasan de pantalla por haber conocido las limitaciones y oscuridades de su naturaleza, apartado en el que Woodrugh fracasó con fruición idealista.

 

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Semyon, por cierto, se vio también acorralado. Pero, por haber sacado a la luz lo peor de sí mismo (tal y como con total naturalidad le ha mostrado a su esposa el cadáver resultante), contará con una pequeña ventaja a la hora de lidiar con la OPA hostil de Osip para hacerse con sus clubs. Así, lo veremos desatado, descerrajando tiros en frentes ajenas sin pensárselo dos veces, encontrando combustible para su rabia en la concepción familiar del crimen organizado: si hasta ahora no ha podido procrear, Blake era su hijo en el ámbito de los negocios y la traición de este representará el empujoncito que necesitaba para cambiar de aires. “Omega Station” será el título del capítulo final (y uno de repente piensa en DeLillo, decide que Semyon se ha venido expresando como recién salido de una de sus novelas), pero bien podría haber sido “Dos parejas y un destino”: Frank y señora en los bajos fondos, lo mismo que Velcoro y Bezzerides en las esferas policiacas, solo se tienen a sí mismos. Y Pizzolatto que se sacude las telarañas para firmar un 2x07 de inteligencia no reñida con el entretenimiento.

 

Bonus tracks:

* ¿Cuántos vasos llena Semyon durante la charla en su despacho con Blake?

* ¿Y por qué, en su mejor faena, tenemos que ver la ridícula lista de la compra de armas y coches que entrega a los mafiosos rusos?

* Eliot “Zeus” Bezzerides: “Mi padre era estricto. Yo no iba a ser como él”. Puesto que esa libertad testimonió el secuestro de su hija, queda claro que no hay filosofía de la paternidad exenta de espinas.

* Dirigía Dan Attias, que se inició en esto de la tele cuando “Miami Vice” y pasó por “The Wire”, “Los Soprano”, “A dos metros bajo tierra”, “Ray Donovan”… Tipo solvente, sin genio pero solvente, este Dan.

 

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com