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True Detective 02X01

True Detective 02x01

Pizzolatto, Lynch Pizzolatto

8,3

 

Milo J Krmpotic'

 

En “True Detective 2” –comencemos sentando una obviedad–, Nic Pizzolatto debía lidiar con un enemigo para él desconocido y para todo hijo de vecino ingobernable: la expectativa de corte masivo. Ante la alargada sombra que proyectaba su trabajo en la anterior temporada, el guionista ha optado por cobijarse parcial pero notablemente bajo un árbol ajeno, de trayectoria crítica intachable más allá de alguna acusación a vueltas con su gesto críptico. Y es que, a la hora de presentar un Los Ángeles de ribetes malsanos, desgarrado en el desencuentro entre actitudes superficiales y voluntades oníricas que inevitablemente abocan a lo pesadillesco, ¿qué mejor padrinazgo que el de don David Lynch?

 

Como si el dos multiplicara antes que sumar, cuatro van a ser los personajes principales en esta ocasión: Ray Velcoro (Colin Farrell) es un detective de la ciudad californiana de Vinci para el que no hay sustancia prohibida o desconocida, corrupto desde que aceptara un favor envenenado del mafioso/hombre de negocios Frank Semyon (Vince Vaughn), hoy día necesitado de cerrar un trato a vueltas con la construcción de una monumental autopista. Para ello, el primero debe dar con el administrador municipal Ben Caspare, aparentemente secuestrado pero que aparecerá al borde de una carretera con la pelvis destrozada y los ojos quemados con ácido. A su lado, el agente motorizado Paul Woodrugh (Taylor Kitsch), responsable del hallazgo, y Ani Bezzerides (Rachel McAdams), detective de procelosa vida familiar (el padre es un gurú religioso y la hermana se gana la vida con el sexo cibernético) y pinta que inevitable pareja-a-la-fuerza de Velcoro de cara a investigar el asesinato.

 

True Detective 02X01

 

La presencia de Lynch, tramas aparte, va a ser constante a lo largo del episodio, dirigido por un Justin Lin cuya trayectoria (“Fast & Furious” partes 4-5-6, por ejemplo) desconozco, pero de quien hubiera esperado (equivocadamente, visto queda) mayor gusto por la acción que por la atmósfera, aunque cojee en las secuencias más prosaicas. Y lo va a ser primero por su desasosegante (badalamentiana) banda sonora, cortesía de T Bone Burnett; a continuación, a través de un homenaje tirando a evidente, ese automóvil de conductor desconocido y ocupante a unas gafas de sol pegado que recorre la sinuosa pendiente de Mulholland Drive; finalmente, en secuencias como la del bar donde actúa Lera Lynn y planos nocturnos que parecen recién extraídos de “Carretera perdida” o incluso de “Twin Peaks” (Velcoro hablando con su grabadora, Woodrugh revelando ser un chico guapo al que se llevan todos los demonios cuando se sube a la moto).

 

Pero, más allá de tales camuflajes –he aquí la gran noticia–, Pizzolatto sigue brillando en todo su esplendor gracias a los constantes puentes creativos (o autopistas, por abundar en el Leitmotiv) que con absoluta naturalidad se extienden entre esta temporada y la anterior. El de los títulos de crédito podría parecer evidente, pero la canción escogida para acompañarlos, “Nevermind” de Leonard Cohen, añade a la siempre impactante voz del canadiense una temática del mal-que-anida-entre-nosotros que no nos cuesta nada reconocer. Algo más allá, regresa la reflexión sobre la masculinidad, en esta ocasión dolorosamente venérea: el hijo de Velcoro parece fruto de la violación sufrida por su mujer, ya que antes de la misma llevaban años fracasando en sus intentos de procrear; Semyon padece problemas similares, pues afirma no sentir el menor deseo de “cascársela en un vasito” de la clínica de reproducción asistida; Woodrugh necesita una pastilla de Viagra para poder satisfacer la sed erótica de su pareja… Y, si las vistas aéreas de vías de comunicación comienzan siendo la constante, la mención a un instituto religioso en el que trabajaba la muchacha hispana desaparecida se traduce ipso facto en el plano de una factoría prima-hermana de las de “True Detective 1”.

 

True Detective 02X01

 

Ninguno de los actores, en cambio, comete la temeridad de lanzarse tras los pasos del Rust Cohle de Matthew McConaughey, pero por acumulación todos acaban dando el do de pecho torturado, desde un Colin Farrell a quien ya hemos visto en este tipo de papeles hasta un convincente Taylor Kitsch, pasando por un Vince Vaughn que alterna momentos blandos con otros de muy humana profundidad y una Rachel McAdams que parece la respuesta de Pizzolatto a las críticas que en su día recibió por la ausencia de personajes femeninos fuertes en “TD 1”. No se puede celebrar de igual manera el apartado de secundarios más allá de ese David Morse con pinta de Zeus hippie (que, ojito, bautiza a sus hijas como Antígona y Atenea)… o quizá no falte tanto carácter como diálogo (Morse es el único que disfruta de un buen monólogo), pero sí tengo la sensación de que al menos Kelly Reilly hace aguas por todos los costados en su aproximación a Lady Macbeth.

 

Bonus tracks:

* El episodio lleva por título “El libro occidental de los muertos”, lo cual ampara una doble interpretación. Por un lado, el “Western” del original apuntaría a la Costa Oeste, donde se desarrolla ahora la acción; por otro, si “El libro tibetano [esto es, oriental] de los muertos” ofrece instrucciones para alcanzar la iluminación y escapar a la reencarnación, ¿no será su opuesto un manual para quedarse atascado en el karma de la existencia?

* La secuencia de Velcoro ante su abogada demuestra hasta qué punto Pizzolatto sabe jugar con el tono autorreferencial. Servidor cayó en la trampa de cuatro patas al anotar “vuelven los interrogatorios” en sus apuntes de visionado.

* Es excelente la presentación que se hace de los personajes de Velcoro y Bezzerides, el uno enfrentado a la incomunicación paterno-filial y la otra reaccionando a la incomprensión de su pareja después de haberse abierto a ella sugiriendo una práctica sexual que desconocemos pero que intuimos alternativa. Mucha carretera física, pero las emotivas no hacen más que saltar por los aires.

* En ese sentido, los padres van a pagar por los pecados de sus hijos: “Lo hace por ti”, le dice Velcoro al adolescente abusador mientras destroza a su progenitor con un puño americano. Aunque en realidad, viendo al propio Velcoro, mucho nos tememos que se trate de una maldición de ida y vuelta.

* Ben Caspare representa una sutil pero constante fuente de alivio cómico a los cristales rotos emocionales del capítulo. Por un lado, tiene apellido de fantasma y en efecto vamos a descubrirlo como tal. Por otro, sus apariciones segunda y última remiten gloriosamente a “Este muerto está muy vivo”. Sin olvidar que suyo va a ser el McGuffin de la temporada, claro.

 

         

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com