Menu

Ministerio-01

El Ministerio del Tiempo 01X06

“Tiempo de pícaros”

7

 

David Aliaga

 

El sexto capítulo de “El Ministerio del Tiempo” empezó mal. Muy mal. Dos arqueólogos descubren un teléfono móvil en yacimiento del siglo XVI y, en lugar de pensar que alguien ha estado ahí antes que ellos y que ha contaminado el escenario, dan por sentado que ese aparato procede del pasado, que es un rarísimo anacronismo tecnológico y sabemos por boca del ministro que a uno de ellos lo tienen que ingresar en un psiquiátrico porque no ha sido capaz de procesarlo. Igual se les ha ido un poco la mano a los guionistas, ¿no?

 

La ciencia ficción no tiene que ser real, pero sí verosímil y con semejante arranque, me costó entrar en el capítulo. Pero entré.

 

El móvil en el yacimiento del siglo XVI pertenecía a Díaz Bueno, un empresario estafador bien alimentado, como en España hay tantos, que se fugó de la cárcel durante un permiso (“¿Ah, pero que a los prisioneros se le conceden permisos?”, pregunta atónito Alonso de Entrerríos) y se refugió en 1520, donde ha llegado a ser el tiránico gobernador de Carlos I en Salamanca.

 

En 1520 se está gestando la revuelta de los comuneros que en “El Ministerio del Tiempo” presentan como un movimiento de protesta a un rey extranjero que gravaba con excesivos impuestos a la población, que no hablaba español y que había otorgado cargos a un buen número de nobles también extranjeros, lo que enervaba a la población castellana. El clima previo a la revuelta se adereza con la aparición de Lázaro de Tormes, el pícaro de ficción, que en “Tiempo de pícaros” es convertido en personaje histórico enfrentando al pícaro simpático de clase baja con el ladrón antipático que roba y oprime al pueblo. Interesante también la postura de Alonso de Entrerríos, que se plantea que si no se publicase el “Lazarillo de Tormes”, como ensalzamiento de la picaresca, tal vez a su querida España le iría mejor en el futuro. Pero pese a sus reticencias, Lázaro se convertirá en aliado del trío protagonista, que viaja a 1520 a detener a XXXX. Allí se toparán una vez más con la irredenta y enigmática Lola Mendieta (Natalia Millán) que todavía no se sabe muy bien si es de los buenos, de los malos o de Kas Naranja.

 

Ministerio-02

 

Mientras tanto, Irene Larra debe viajar al penal medieval en el que tienen encerrado al viajero en el tiempo americano, Walcott, que intentó que España no pudiese justificar que el Guernica es de su propiedad. Sin embargo, lo más interesante que sucede en las mazmorras ministeriales es la visita de la agente Larra a un prisionero, ex agente del Ministerio, condenado por haberse saltado las normas para procurarle a su hijo un tratamiento para la leucemia que no existía en su tiempo. De nuevo se reflexiona sobre el funcionamiento y la ética de la institución a la que sirven, que permite alterar la historia para salvar a los ilustres, pero no a los anónimos. Junto con algunas reflexiones del trío protagonista, especialmente de Julián, la serie tiene un aire crítico, de izquierdas, que al tiempo que me agrada me hace preguntarme cuánto va a dejar que dure el gobierno del PP, que ha rubricado la Ley mordaza, que no permite a sus ciudadanos manifestarse frente al que debería ser el órgano de expresión de la voluntad popular. Veremos.

 

En cuanto a ritmo, el capítulo funciona bien, en la línea que viene mostrando la serie después del piloto. La narración es ágil y las tramas entrecruzadas mantienen la atención sobre las acciones que se van desarrollando. Tras seis capítulos, además, los hilos argumentales propios de cada capítulo se ven complementados por las que se vienen desarrollando de forma transversal enriqueciendo la serie. Protagonistas y secundarios empiezan a tener su propia historia, sus propias inquietudes, y el espectador lo agradece. Queremos ver qué sucederá entre Julián y Amelia, esperamos las respuestas de Alonso ante la indignidad y el deshonor, nos preguntamos qué papel juega realmente Lola Mendieta o qué saben los Estados Unidos de los viajes en el tiempo.

 

“Tiempo de pícaros” empezó mal, muy mal, pero siguió bien y terminó con una escena clásica, pero excelentemente resuelta, de liberación en el patíbulo del preso que va a ser ajusticiado. La serie crece y mejora, mantiene el interés, pero debería solucionar errores de guión que vienen siendo demasiado frecuentes.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.