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El Ministerio del Tiempo 01X05

“Cualquier tiempo pasado”

6,9

 

David Aliaga

 

Habrá segunda temporada de “El Ministerio del Tiempo”. Los espectadores más fieles de la serie –los “ministéricos”– no han tenido que estar movilizados más de tres semanas para ver atendidas sus plegarias. El director de TVE, José Ramón Díaz, confirmó oficialmente la renovación de la serie por una temporada durante la presentación de "MasterChef" en Murcia. La noticia llegó apenas unas horas después de la emisión del quinto capítulo de la primera temporada: “Cualquier tiempo pasado”.

 

Después de vivir el día de la marmota en 1491 para que el Ministerio no fuese demandado y chantajeado por los abogados del rabino que descubrió las puertas que permiten viajar en el tiempo, en esta nueva entrega nos situamos a caballo entre el inicio de la Guerra Civil y los años ochenta. En un escenario o en otro, la misión que debe cumplir el trío protagonista, auxiliado, como de costumbre por Irene Larra y Ernesto Jimenez, es la de recuperar el recibo de pago que firmó Picasso al gobierno de la República que certifica la legítima propiedad del Guernica por parte del Estado español.

 

Pero, de nuevo, parece que no sólo el Ministerio del Tiempo de España es conocedor de los resortes de los viajes temporales. Un agente estadounidense interpretado por Jimmy Shaw –cuya actuación no logró sacármelo de la cabeza en el papel de cuñado guiri-llorica de Enrique Pastor, concejal de juventud y tiempo libre, en “La que se avecina”– se interpondrá entre Amelia, Julián, Entrerríos y el recibo. La presencia de este agente Walcott aporta un punto de intriga que promete desarrollarse en los próximos capítulos y una dificultad añadida al trío protagonista.

 

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Dificultad añadida que concede su minuto de gloria al pintor Diego VelázquezJulián Villagrán– que después de estar todo el capítulo dando la matraca con que quiere que lo envíen a conocer a Picasso, verá satisfecho su deseo y acabará tomando una copa con el pintor malagueño en el mítico Cafè dels Quatre Gats de Barcelona. Claro que, el Velázquez de la serie se va a dormir con una sonrisa a cambio de que, durante algún tiempo y para un buen puñado de españoles, el autor de las Meninas quede fijado en su imaginario como un tipo larguirucho, despeinado, quejica y bastante idiota.

 

Por otra parte, el capítulo vuelve a plantear al espectador alguno de los dilemas que podrían ofrecer los viajes en el tiempo. Julián, quizá el personaje más apegado a su pasado, se enfrentará a tener que decidir cómo actúa tras descubrir, al regresar a los ochenta, que su padre se enamoró de otra mujer –y le demostró su amor en el lavabo de una sala de conciertos en la que está tocando Leño– cuando ya estaba casado con su madre. Como ya ha sucedido en otros capítulos, el planteamiento es interesante, su desarrollo genera tensión, pero la solución acaba siendo melindrosa.

 

Después de cinco entregas, “El Ministerio del Tiempo” parece haber puesto todas las cartas sobre la mesa y haber fijado los ingredientes por los cuáles algo más de 2 millones y medio de espectadores le vienen siendo fieles durante el último mes. A su favor, la ambientación y la estética, su capacidad pedagógica, una mejoría en la estructura narrativa de los capítulos, un buen sentido del ritmo, la consolidación de los personajes principales y de las subtramas que se tejen entre ellos. En contra, sólo se me ocurren algunos pecados de sensiblería, los muchos agujeros en su lógica de los viajes en el tiempo y, según el día, diez o quince minutos sobrantes en la duración de los capítulos.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.