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El Ministerio del Tiempo 01X04

“Una negociación a tiempo”

7,5

 

David Aliaga

 

Justo cuando en Internet corre como la pólvora el rumor de que "El Ministerio del Tiempo" no tendrá continuidad la próxima temporada,  la serie firmó su mejor capítulo. Los espectadores, claro, se están movilizando y change.org ya registra varios miles de firmas pidiendo a la televisión pública española que renueve la serie. Y es que pese a las carencias de guión que venimos consignando y las inconsistencias en el mecanismo del viaje temporal, la serie entretiene, es plásticamente bella, educa y tiene el mérito de atreverse a cultivar un género exigente como la ciencia ficción, a la que el mercado español está poco acostumbrado. Quien firma, también espera que "El Ministerio del Tiempo" continúe la próxima temporada.

 

Tal vez me hubiese dado igual después del tercer capítulo, –insatisfecho que se quedó uno con el desaprovechamiento del antagonista nazi–, pero tras asistir a “Una negociación a tiempo” recuperé el entusiasmo por la serie. En la cuarta entrega, la misma estética exquisita de siempre –escenario, vestuario, maquillaje…– sirvió para vestir un guión más arriesgado, tenso e imprevisible que los anteriores.

 

El capítulo nos devuelve al reinado de Isabel la Católica, en el que se descubrieron las puertas del tiempo y se fundó el Ministerio. Michelle Jenner aparece encarnando a la monarca, haciendo que resultase irresistible para los chistosos guionistas hacer que Julián (Rodolfo Sancho es Fernando el Católico en la serie Isabel) le dijese: “tu cara me suena”. ¡Ahg! Humor patrio a parte, Michelle Jenner lo hace tan bien o tan mal como en "Isabel".

 

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El viaje a 1491 se debe a la amenaza de denuncia que recibe el Ministerio por parte de los descendientes del rabino que descubrió las puertas. El abogado de la familia Leví reclama una suma multimillonaria a cambio de no desvelar el secreto agraviados porque la reina dejó que se asesinase al rabino cuando le había prometido protección. Y, si con la crisis no nos da para mantener hospitales pediátricos en la comunidad de Madrid, imagínense para pagar chantajes a los judíos, con lo poco que gustan en este país –de hecho, fue Fernando el católico quien firmó el edicto de Granada, expulsando a los judíos de Sefarad. Imagínense al ministro pidiéndole un extra en su partida presupuestaria a Rajoy. Así que Martí manda al trío protagonista a evitar que la Inquisición queme al rabino Levi.

 

Y ahí empieza el día de la marmota. La puerta que conduce al día en que el rabino será quemado está sumida en un bucle temporal, de manera que al atravesarla, se regresa siempre al mismo punto de inicio, cuando Abraham Levi es conducido frente al tribunal presidido por Torquemada.

 

Si las tres entregas anteriores habían concedido un protagonismo especial a Julián y Amelia –que en esta ocasión se ve reducido a la simpática mascarada que interpretan para los padres de Amelia, fingiendo que Julián es su pareja y quiere casarse con ella–, esta vez serán el soldado Alonso de Entrerríos y Ernesto “Agente de S.H.I.E.L.D.” Jiménez quienes más luzcan. Juan Gea, además, se enfrenta al reto de interpretar dos papeles en un mismo capítulo, haciéndose la tonsura para dar vida al antipático y soberbio inquisidor Torquemada. Pese al excesivo patetismo de la caracterización de tipo duro del personaje de Gea, el actor consigue que el suyo sea uno de los papeles más creíbles y sólidos del reparto.

 

Así, con la reina Isabel, Torquemada, el rabino Levi y los agentes del Ministerio del Tiempo disfrutamos el lunes por la noche de lo escabroso del Santo Oficio, la emoción de los viajes en el tiempo y la novedad en la estructura del guión. Esperamos volver a hacerlo unos cuantos lunes más.

 

David Aliaga

David Aliaga es escritor y periodista especializado en literatura contemporánea. Ha publicado la novela breve Hielo (Paralelo Sur, 2014) y el libro de relatos "Inercia gris" (Base, 2013), algunos de cuyos cuentos han sido incluidos en las antologías "Cuentos engranados" (TransBooks, 2013) y "Madrid, Nebraska" (Bartleby, 2014). En su faceta académica destaca el ensayo "Los fantasmas de Dickens" (Base, 2012), un estudio sobre lo sobrenatural en la obra del inglés. Ha traducido al catalán a Dickens y Wilde. Es colaborador habitual de Quimera, Qué leer y Blisstopic.