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Juego de Tronos 4x03

"Rompedora de Cadenas”

7,1

 

Milo J Krmpotic'

 

Con un plano del difunto rey Joffrey nos despedimos la semana pasada e, inevitablemente, con un plano del difunto rey Joffrey dimos la bienvenida al nuevo episodio. Un capítulo a vueltas con la posibilidad de elegir y romper ataduras, durante el que tuvimos que pellizcarnos en un par de ocasiones para asegurarnos de que compartía realizador con el precedente “El León y la Rosa”. Y es que Alex Graves venía de firmar una hora de tensión constante y casi intolerable, pero aquí, mientras la intensidad general bajaba un par de peldaños, al menos dos secuencias fueron contadas a través de soluciones visuales tirando a groseras. Pienso, concretamente, en la huida de Sansa y Ser Dontos de Desembarco del Rey (cartoonesca en su sucesión de carreras encadenadas) y, sobre todo, en el encuentro de Jaime y Cersei Lannister durante el velatorio, con un forzadísimo plano-contraplano entre dos personajes que no dejaban de hallarse situados sobre un mismo eje, el uno al lado del otro.

 

Tropezones artísticos al margen, decíamos que “Rompedora de Cadenas” trató el tema de las elecciones vitales. Y, con él, algunos subtextos tan candentes como el margen de maniobra de que cada cual dispone a la hora de tomar tales decisiones, el acierto o no de las mismas y las consecuencias que de ellas se extraerán. Sansa, según el orden que siguió la narración, optó por escapar con Ser Dontos y pasó de un peligro inmediato, la posibilidad de ser considerada cómplice de su marido en el magnicidio, a uno no tan evidente pero intuimos que tampoco necesariamente menor: se puede sacar a “Meñique” de la capital, pero no se puede sacar la capital (con todas sus intrigas, mentiras y peligros) de “Meñique”. Y el hecho de que el barco en que la recibió se hallara rodeado por una espesa bruma, amén de la forma en que recompensó los servicios del bufón, dieron fe visual y narrativa de lo oculto y peliagudo de sus intenciones.

 

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Mientras tanto, de nuevo en Desembarco del Rey, Margaery lamentó sus opciones matrimoniales ante la persona responsable de las mismas, su abuela, aunque todo parece apuntar a que por el momento no renunciará a su dirección espiritual. Y el velatorio de Joffrey amparó dos escenas muy significativas: en su intento por dar con la cualidad que hace bueno a un monarca, Tommen Lannister se reveló como un chaval en las antípodas de Joffrey, cuyas decisiones como futuro rey se limitarán a la opción múltiple por la que le conduzca su abuelo Tywin; y, al violar a Cersei junto al cadáver del hijo de ambos, Jamie tiró por tierra la redención que venía protagonizando y nos recordó que, en el universo de “Juego de Tronos”, la violencia sexual no hace distinciones entre rameras, campesinas y reinas.

 

Fue otro de los temas de este 4x03, sin duda. “El Perro” siguió instruyendo a Arya para que no deje de escapar a ese femenino destino, y la andrógina de las muchachas Stark disfrutó de una nueva y dolorosa lección de pragmatismo medieval en el contraste con la hija del piadoso aldeano a quien religiosamente despojaron de sus monedas de plata. Hablando de reflejos inversos, Ellaria Arena protagonizó el interludio erótico de rigor como receptora de un cunnilingus por parte de dos prostitutas, pero su explosión de placer representó la excepción a una regla que enseguida vimos remarcada a través del miedo de Sam a que Elí fuera violentada por alguno de sus hermanos cuervos. El problema es que la chica saltó por ello de la sartén de Castillo Negro a las brasas de un refugio más cercano al burdel que a la hostería.

 

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Más elecciones, no les vaya a dar por negarme la tesis… Tywin seleccionó a los miembros del jurado encargado de condenar o exonerar a Tyrion, y, junto a él mismo, tras asegurarse la mayoría absoluta en cualquier votación reclutando a Mace Tyrell, aprovechó la otra vacante para buscar una tregua con el príncipe Oberyn, no en vano miembro de la única estirpe que en su día supo hacer frente a los dragones Targaryen. Algo más allá, Pod escogió mantenerse fiel a Tyrion por más que eso pueda acabar costándole el cuello. Jon Nieve dio muestras de inteligencia y liderazgo al cambiar de parecer y oponerse a la decisión que la Guardia había tomado cinco minutos antes: alguien debe acudir al torreón de Craster para acabar con los amotinados de Daga y evitar que Mance Rayder descubra que son apenas cien, y no mil, como él mismo le vendió, los cuervos que protegen Castillo Negro. Y Daenerys también tuvo que optar por un “campeón” que se enfrentara al mejor guerrero de Meereen.  

 

Así desembocamos en la “Rompedora de Cadenas” que dio título al episodio, por más que las dichosas cadenas constituyeran uno de sus Leitmotivs (las del matrimonio, las de la sangre en su variante venérea, las del miedo, las de Tyrion, las que dejaron su marca alrededor de las muñecas de los dos cuervos que huyeron de Daga…). Como viene siendo habitual, la Madre de Dragones planteó el asedio a la ciudad de las pirámides escalonadas apelando a la revuelta de sus esclavos bajo la promesa de concederles la libertad; en consecuencia, las catapultas no lanzaron proyectiles contra sus muros, sino barriles llenos de collarines y argollas que a nadie someten ya. Y esa actitud volvió a encumbrar a Daenerys como uno de los dos centros morales del relato (junto a Tyrion, también protagonista de una decisión noble al liberar a Pod de su vasallaje), quizá el principal pues, siendo mujer, su recorrido hasta llegar aquí ha resultado doblemente espinoso. A la vez, por no aportar grandes novedades, el plano final difícilmente alcanzó la categoría de cliffhanger.

 

 

Bonus tracks:

* Lord Petyr “Meñique” Baelish a Sansa, justificando el asesinato de Ser Dontos: “Money buys a man’s silence for a time. A bolt in the heart buys it forever”. La pobre chica es un imán de psicópatas, oigan.

* Otra que no tiene demasiada suerte es Margaery Tyrrell, quien pasó así revista a su trayectoria como esposa y reina: “One of my husbands preferred the company of men and was stabbed through the heart, the other was happiest torturing animals and was poisoned at our wedding’s feast”. No desesperes, chica: quizá a la tercera…

* Sandor “El Perro” Clegane intentando vacunar a Arya contra el sentimentalismo con la sutileza que en él es habitual: “I just understand the way things are. How many Starks they got to behead before you figure it out?”.

* Los thenn siguen dando mucho miedo: son el encuentro perfecto entre los cenobitas de Clive Barker y el Pluto de “Las colinas tienen ojos”, aficiones caníbales incluidas.

* Y la ironía de Tyrion, inasequible al desaliento e incluso a las mazmorras de Desembarco del Rey: “I would like to think, if I were arranging a Royal assassination, I’d plan it in such a way that I wouldn’t be standing there gawking like a fool when the king died”.

Milo J. Krmpotic’

Milo J. Krmpotic’ debe su apellido a una herencia croata, lo más parecido en términos eslavos a una tortura china. Nacido en Barcelona en 1974, ha publicado contra todo pronóstico las novelas “Sorbed mi sexo” (Caballo de Troya, 2005), “Las tres balas de Boris Bardin” (Caballo de Troya, 2010), “Historia de una gárgola” (Seix Barral, 2012) y "El murmullo" (Pez de Plata, 2014), y es autor de otras tres obras juveniles. Fue redactor jefe de la revista Qué Leer entre 2008 y 2015, y ejerce ahora como subdirector del portal Librújula. Su firma ha aparecido también en medios como Diari Avui, Fotogramas, Go Mag, EnBarcelona, las secciones literarias del Anuari de Enciclopèdia Catalana

 

milo@blisstopic.com

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