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Una familia de Tokio

Yôji Yamada

Japón 2013

7,5

 

Marta Armengou

 

¿Se puede copiar una obra maestra? El director japonés Yôji Yamada retoma la obra cumbre de Yasujiro Ozu, "Cuentos de Tokio", para revisitar la misma historia. A priori, no parecería necesaria una nueva versión cuando ya existe la original, considerada una de las mejores películas de la historia del cine. Pero superada la desconfianza, hay que reconocer que el resultado no podía ser mejor.

 

Yôji Yamada, de 82 años, lleva medio siglo dedicado al séptimo arte, ha rodado 79 películas y es uno de los cineastas más populares en el país nipón, aunque aquí se han estrenado muy pocas de sus películas. La última, "Una familia de Tokio", no es exactamente un remake de "Cuentos de Tokio", sino más bien un híbrido entre el homenaje, la revisión y la actualización de la de su compatriota.

 

La nueva versión parte de la misma premisa: un matrimonio viaja a la capital para ver qué ha sido de sus hijos. Existen pequeñas variaciones argumentales que difieren de la de Ozu. Desaparece el telón de fondo de la entonces reciente Segunda Guerra Mundial y sitúa los personajes en la actualidad –con referencias a las nuevas tecnologías e incluso al terremoto de Fukushima–, pero los hace vivir, prácticamente, las mismas situaciones. Incluso llega a reproducir algunas escenas y diálogos de la original. El cambio más sustancial lo encontramos en el personaje de Noriko, que pasa de ser la nuera viuda de uno de los hijos a ser la novia de uno de ellos.

 

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Que la puesta en escena de Yamada sea casi calcada de la de Ozu, así como su característica planificación, no es lo más importante. Lo que cuenta es que transmite el mismo mensaje universal y aborda también algunos de los grandes temas de la condición humana: la descomposición de la unidad familiar tradicional, las complejas relaciones entre padres e hijos, el inexorable paso del tiempo, o cómo se han desmoronado ciertos valores tan importantes como el del respeto por los ancianos.

 

Enfrentarse a la idea de revisitar un clásico, actualizarlo y convertirlo en una nueva película que satisfaga a crítica y público no es tarea fácil. En la mayoría de los casos, la original supera a la copia y ésta siempre sale perdiendo en la comparación. Es indudable que la de Yamada no hace sombra a la de Ozu. En realidad, la hace más grande, si cabe. Se nota que está hecha desde la más profunda admiración, humildad y respeto de la que rodó su mentor. Y demuestra que, 60 años más tarde, las cosas no han cambiado tanto. Como su referente, es un fresco perfecto, melancólico y conmovedor de la vida de Japón. Eso sí, ahora, a todo color.

 

Marta Armengou

Marta Armengou (Barcelona, 1976). Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Ramon Llull. Crítica de cine. Llevo 15 años trabajando en el ámbito de la cultura en general y del cine en particular. Actualmente, dirijo el programa cinematográfico "La Cartellera" de BTV. Durante cinco años fui Jefa de Cultura de los Informativos de Localia TV. También he ejercido de redactora en diversas publicaciones y de realizadora y guionista de programas para TVC o La2.

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