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Coco

Lee Unkrich y Adrian Molina

Estados Unidos, 2017

8,5

Manu González

  

 

Francamente, había mucho miedo con la nueva película de Pixar. Más que nada porque huían de su zona de confort americana que tan bien controlan en sus producciones. “Ratatouille” (2007) es una maravilla, pero su París se parece demasiado a un barrio de Nueva York; y la segunda parte de “Up” en los Andes flojea bastante. Ahora Pixar se atrevería con el folclore mexicano al situar su nueva producción en un pueblo ignoto de la geografía de México y en una tradición tan reconocible como el Día de Muertos, esa imposible mezcla entre el día de difuntos nacional y el Halloween norteamericano con sus brillantes flores naranjas cempasúchil y sus calaveritas tan exportable a todo el mundo. Ya ha habido voces que han criticado la película desde un punto vista étnico, diciendo que “Coco” es la visión americana de las tradiciones mexicanas, pero nada más lejos de la realidad. Todo está hecho con un mimo y un respeto impresionante. Como muy bien indica la crítica Jessica Oliva en Premiere México: “(Coco) es Pixar enviándole una carta de amor sobre México al resto del mundo”.

 

 

Como en “Up” o “Del Revés”, “Coco” explica casi todo el leitmotiv de la película en apenas tres minutos de manera brillante, como siempre. En este caso se sirve de unas banderolas decoradas donde se van contado la peculiar historia de la familia de Miguel, el chamaco protagonista. Como su tatarabuelo abandonó a su mujer e hija para hacerse mariachi y triunfar en la música y cómo la poderosa tatarabuela prohibió la música en su casa y convirtió a toda la familia en ilustres zapateros al grito unánime de “los Rivera hacemos zapatos”. Miguel quiere ser cantante, como su admirado Ernesto de la Cruz, la más grande estrella mexicana (al estilo de Jorge Negrete o Pedro Infante en la época de oro del cine mexicano), pero la música está prohibida en su familia, sobre todo por su abuela, que dispone a toda su prole con firmeza pero con un cariño que la hace adorable. La parte familiar de “Coco” está bien equilibrada y es el centro de toda la película, pero el film de Lee Unkrich y Adrian Molina comienza a despegar cuando el protagonista es “maldecido” y entra en el mundo de los muertos, donde todo el folclore mexicano estalla en un mundo de color y fantasía que en algunos momentos recupera la maravilla de “Pesadilla antes de Navidad”. Sin lugar a dudas, el ilustrador José Guadalupe Posada hubiera disfrutado como un enano con este mundo de calaveritas donde no faltan otras estrellas mexicanas como Frida Kahlo, Cantinflas o el luchador El Santo.

 

 

Aunque algunos sostienen que es demasiado abrumadora visualmente, “Coco” es uno de los films más bellos de Pixar; también es uno de sus films con los momentos lacrimógenos mejor conseguidos de todos. Como ya denunciaba en la crítica de “Del revés”, a Pixar se le nota mucho las costuras cuando quiere hacerte llorar. En este caso, la emoción es bastante más fluida, como en los mejores momentos de “Up”, “Buscando a Nemo” o en la última “Cars 3”, un film bastante emocionante que me sorprendió bastante. Como muy bien apuntaba el crítico Pere Vall de Fotogramas, “traigan pañuelos XXL y sabanas de cama de matrimonio”. En el momento más lacrimógeno de la película me dediqué a mirar a la platea lleno de críticos y más de una mano se iba a los ojos y se escuchaba algún “sob” apagado. “Coco” recupera al mejor Pixar, a aquel que se fijaba en Frank Capra para hacer sus películas, con momentos para el humor, la reivindicación, la ternura y el llanto. Tampoco rehuye los momentos más tétricos de una celebración como el Día de Muertos. “Coco” es un canto de amor a la cultura mexicana, sí, pero también a la música (emocionante ese primer contacto del público con el niño tocando su guitarra cochambrosa) y, sobre todo, un canto de amor a la familia, a respetar sus recuerdos, sus enseñanzas y su amor sin dejar de ser siempre nosotros mismos. Otra gran acierto de Pixar.

 

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Manu González

Hizo su primer trabajo periodístico entrevistando a Derrick May por fax en 1995 para la desaparecida revista aB. Desde entonces, este natural de Hospitalet de Llobregat (1974) ha colaborado en publicaciones como Qué Leer (donde se encarga de la sección de cómic), Guía del Ocio BCN, Playground Mag, Revista Trama, EnBarcelona Magazine, Terra Gum, Hoy Empieza Todo (RNE 3), Agenda San Miguel o los catálogos del Festival Sónar 1997 y el Festival Doctor Music 1998. Experto en cómic y literatura fantástica, ha colaborado con editoriales como RBA, Random House Mondadori y Círculo de Lectores. Pero sobre todo es conocido por haber sido el Jefe de redacción de la revista Go Mag desde mayo de 2001 hasta su último número en junio de 2013.

manu@blisstopic.com

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