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Blade Runner 2049

Denis Villeneuve

Estados Unidos, 2017

9

Manu González

  

Momento nostálgico ON. Como la mayoría de fans de “Blade Runner” (1982) de Ridley Scott, no descubrí esta película en el cine (yo tenía nueve años), sino cuando pude disfrutarla en mi casa con mi reproductor de vídeo VHS. Fue en el año 1986, rodeado de colegas que vinieron a mi casa a ver una peli de ciencia-ficción de Han Solo. La decepción fue mayúscula, claro. Recuerdo que hasta una amiga me echó la bulla por invitarles a una película tan mala (¿¿??). Pero a mí me dejó fascinado y bastante tocado: no entendía nada, y eso que se trataba de la primera versión, la de la voz en off tan Sam Spade de Harrison Ford (edición a la que le tengo mucho cariño, por cierto). Años más tarde, antes del reestreno del Director’s Cut de Scott en 1992, ya había leído la novela del siempre olvidado Philip K. Dick (“¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”), ya había caído en mis manos algún Dirigido donde se hablaba de las virtudes de un film que fue un fracaso en el momento de su estreno en 1982, y disponía de una copia en VHS de Warner que todavía conservo… Al grano: lo que quiero decir es que “Blade Runner” fue la primera película que me introdujo en una experiencia cinematográfica diferente, en mi concepción adulta del cine. Con doce años descubrí que en una película era mucho más que sus diálogos y que se podía narrar de otra manera: visualmente. Algunos lo descubren con Kurosawa en un salón de la Moncloa, yo lo descubrí mientras mis amigos me echaban la bulla por haber alquilado una peli tan mala. Momento nostálgico OFF.

 

 

Mucha gente dice actualmente que la original “Blade Runner” es una película muy poética. Se cree, sobre todo, por el discurso final de Rutger Hauer (improvisado totalmente el último día de rodaje) o la impresionante puesta de escena de la casa de J. F. Sebastian, ese Gepetto solitario y moderno. Pero yo estoy de acuerdo con Harrison Ford, quien no encuentra alma a la película. Creo que ese siempre fue la intención de Scott y uno de sus grandes aciertos: que el público estuviera siempre tan perdido como su protagonista Deckard. Que fuéramos torpes, viscerales, andrajosos y llenos de miedo, para situarnos por debajo de los perfectos Replicantes, esos ángeles caídos que iban a la búsqueda de su Dios. Los guionistas Hampton Fancher y David Webb Peoples se olvidaron del material original y fijaron su vista en un material de la ciencia-ficción más vetusto, el del Moderno Prometeo de Mary Shelley. ¿Una máquina tiene alma? ¿Una máquina inteligente es un ser vivo con libre albedrío?

 

 

Treinta años después, en tiempo fílmico, Hampton Fancher (otra vez a la partitura) y Ridley Scott (como productor) vuelven a esas mismas preguntas que se dejaron en el tintero en el 2019 (o en el 1982): las clásicas preguntas de ¿Quién soy? ¿Qué hago aquí? ¿Cuál es mi propósito? ¿A dónde voy?... pero añaden otra característica muy humana, inherente a la vida, que no revelaré para que lleguen vírgenes a la película, sin spoilers. La buena noticia es que “Blade Runner” continúa con esa tradición de la otra franquicia de Ridley Scott, “Alien, el octavo pasajero”, de dejar jugar a otros creadores visuales con su propio estilo, dándole nueva vida a la idea original. En “Blade Runner 2049” se ha contado con un artesano tan perfeccionista como Scott, pero mucho más frío y personal en sus películas (y bastante mejor director de actores): Denis Villenueve, quien entregó la película de ciencia-ficción de 2016, “La llegada”, y ha tratado la metafísica fantástica en una de los mejores films de la segunda década del siglo XXI, “Enemy” (2013).

 

 

En “Blade Runner 2049” tenemos a un director que sabe tratar a sus personajes (la duplicidad morbosa de “Enemy”, la impotencia policial de “Sicario”, tan cercana a la impotencia ciudadana de “Prisioneros” o las dudas sobre el libre albedrío de “La llegada”), un gran director de acción (la larga escena de tensión fronteriza de “Sicario” debería estudiarse en todas las escuelas de cine) y un gran visionario fantástico (“Enemy” o “La llegada” son dos películas de autor, aunque el guion sea de otra persona). La duda principal era si los señores del dinero iban a aplacar esa voz propia como ya hicieron en 1982 con el metraje original de Ridley Scott. Seamos francos, teníamos miedo, y más cuando nos enteramos que el compositor original de la banda sonora, el muy querido en Blisstopic Jóhann Jóhannsson, había sido despedido por su “poca comercialidad” y le habían traspasado la batuta al omnipresente Hans Zimmer y su amigo Benjarmin Wallfisch. Pero la gran noticia de “Blade Runner 2049” es que se trata al cien por cien de una película de Denis Villenueve: tan fría como perfecta, tan humana como robótica, tan poética como aséptica, como esos Replicantes que el agente protagonizado por Ryan Gosling da caza. Y como en toda buena distopía que se enorgullezca de serlo, el aire triste del film original continúa estando presente, empapando de desolación todo el metraje.

 

 

Y claro, existe algún juego de espejos con el film original, pero normalmente son sutiles, nada que ver con la excesiva memorabilia del “Star Wars: El despertar de la fuerza” (2015) de J.J. Abrams. Un omnipresente Gosling se supera con cum laude como el nuevo blade runner perseguidor de replicantes sediciosos; Ford puede entender, por fin, el papel de su personaje en la película y dotarlo de la profundidad que no tenía en el original; Robin Wright sigue robando todas las escenas donde aparece; y la dupla de actrices robóticas (Ana de Armas y Sylvia Hoeks) son las encargadas de interpretar todo el espectro humano de la película. Pero el do de pecho lo da Villeneuve, con una progresión de momentos visuales memorables: como la primera aparición de Los Angeles 2049 (más cercana a la escena aérea de Ciudad Juárez de “Sicario” que al film original); el trío sexual más inquietante y bello que se haya rodado nunca (cercano metafísicamente al sexo de “Enemy”); o algunas de las escenas de acción más originales vistas en un cine recientemente. El único “pero” que le podríamos poner a la película es el mismo que tenía el film original: ese frágil entramado noir con algunos macguffins demasiado poco elaborados. Pero no lo duden, “Blade Runner 2049” está a la altura intelectual y visual de la película original de 1982 (o 1992).

 

Comentarios
Manu González

Hizo su primer trabajo periodístico entrevistando a Derrick May por fax en 1995 para la desaparecida revista aB. Desde entonces, este natural de Hospitalet de Llobregat (1974) ha colaborado en publicaciones como Qué Leer (donde se encarga de la sección de cómic), Guía del Ocio BCN, Playground Mag, Revista Trama, EnBarcelona Magazine, Terra Gum, Hoy Empieza Todo (RNE 3), Agenda San Miguel o los catálogos del Festival Sónar 1997 y el Festival Doctor Music 1998. Experto en cómic y literatura fantástica, ha colaborado con editoriales como RBA, Random House Mondadori y Círculo de Lectores. Pero sobre todo es conocido por haber sido el Jefe de redacción de la revista Go Mag desde mayo de 2001 hasta su último número en junio de 2013.

manu@blisstopic.com

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