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Kalo Pothi, un pueblo de Nepal

Min Bahadur Bham

Nepal, Francia, Suiza, Alemania, 2015

8

Tariq Porter

 

En tiempo de generalidades, en que el viaje del héroe y sus proezas son sólo sorprendentes por ampulosas, en que la fuerza subyuga la maña y en que (casi) toda sala de exhibición se construye mirando a una Meca en perenne crisis creativa, oxigenar la mirada con paisajes remotos y tempos parsimoniosos se antoja necesario para almas inquietas y vistas cansadas. Por fortuna, no es excepcional que, mínimo una por semana, aparezcan en los cines propuestas que hacen de la globalización un concepto menos grave.

 

Es el caso de “Kalo Pothi, un pueblo de Nepal”, película que llega directamente del donde reza el título y que, evidentemente, se postula como uno de los estrenos cinematográficos más exóticos del año. Indiferentemente de su calidad –que la tiene– y capacidad de trascender como obra artística –que lo hace–, su llegada a nuestros cines es positiva en tanto que retrato genuino de realidades radicalmente lejanas, de un país que, como todo lo que nos es ajeno, conocemos, muy probablemente, a través de interlocutores contaminados o contaminantes. El cine, en ese sentido, es un extraordinario embajador, capaz de dar la vuelta al mundo sin ver su mensaje empañado ni tergiversado, e inherentemente ilustrativo.

 

 

La ópera prima de Min Bahadur Bham tiene, ante nuestros ojos, esa virtud. Sus intérpretes no lo son y en sus lugares no hay rastro de cartón piedra; menos aún CGI. La impostura brilla por su ausencia.  Sin embargo, inconforme con su autoconsciente singularidad –el cine nepalí no es precisamente prolífico; o no de puertas para afuera– el debutante cineasta consigue, con éxito, crear a la vez una historia inevitablemente agreste y sorprendentemente onírica. El relato de dos niños que, en el contexto de una embrionaria guerra civil, buscan la manera de recuperar una gallina que les ha sido arrebatada y que representa esperanza, conciliación e inocencia, se convierte en manos de Bham en un conmovedor y profundo retrato de –valga el tópico– valores y conflictos universales en un concretísimo contexto.

 

Resulta, además, que “Kalo Pothi” es un film entretenido, dinámico y hábil con el lenguaje cinematográfico. Tres momentos destacan por insólitos, inesperadas metáforas en forma de coreografía, descubiertas a fuego lento. Nada falta y poco sobra en esta deliciosa miniatura venida de lejos. A propósito: hace unos meses se estrenó un film del Kirguistán, “Sutak, nómadas del viento” (Mirlan Abdykalykov, 2015), similar argumental y conceptualmente, igualmente valiosa, serena, y con la misma mala leche, velada pero punzante. ¿Vista cansada? Sesión doble.

 

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Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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