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La vida de Adèle

Abdellatif Kechiche

Francia, 2013

6,5

 

Lidia Noguerol

 

 

Si Abdellatif Kechiche quería que “La vida de Adèle”, fuera la obra maestra que tantos ríos de tinta ha hecho correr entre la crítica, tendría que haber cogido la tijera, como hacen las protagonistas del film, y utilizarla para lo que sirve: para cortar metraje. Y es que la película, ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes de este año, se hace larga, pero a la vez, y de ahí su subtítulo de “Capítulos 1 & 2”, te deja con la sensación de que no te lo ha contado todo, y que lo que cuenta no acaba de convencer.

 

“La vida de Adèle” es una historia de amor abrumadora entre dos mujeres, que atrapa y que despierta sentimientos y emociones contradictorios, porqué sus virtudes son también sus defectos. Los primeros planos que Kechiche utiliza, hacen que sigas muy de cerca a los personajes y que los sientas muy próximos, viviendo intensamente sus emociones, pero también incomoda y a veces, ver a Adèle (Adèle Exarchopoulos) con la boca llena o llorando –literalmente– a moco tendido, no basta para entender como es su relación con Emma (Léa Seydoux).

 

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Para explicar las dificultades que las relaciones sentimentales comportan, el coraje que requieren y el dolor que provocan al romperse, Kechiche escoge el punto de vista de Adèle –el título de la película lo deja bien claro– y se olvida un poco del de Emma, personaje que no esta bien desarrollado y, que a veces, aunque Seydoux no hace una mala interpretación, no se acaba de comprender.

 

Aunque tanto el personaje de Adèle como el de Emma tienen carencias, hay química entre ellas. Una química que se percibe más fuera de la cama, que dentro, lo que provoca que las escenas sexuales que tanta controversia –entre otras cosas– han levantado, no funcionen. Impactan y sorprenden –sin escandalizar– porqué en una película “convencional” no esperas escenas de sexo tan largas y tan explícitas, pero les falta autenticidad. Además, estas escenas rompen con el tópico de que en el sexo entre mujeres todo es ternura y delicadeza.

 

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Julie Maroh, la autora del cómic en el que se basa la película “El azul es un color cálido” (Dibbuks, 2011), describió el sexo del film en su blog como “un escaparate brutal y quirúrgico, exuberante  y frío de supuesto sexo entre lesbianas que se transforma en pornografía”. Sobre las reacciones de las homosexuales que vieron la película escribió: “Se reían porque no eran en absoluto convincentes y las encontraban ridículas”. Maroh también comentaba “que le costaba reconocer su libro en la película”, que tampoco consideraba una traición. Y es verdad. El film parte del cómic e intenta usar el recurso del color azul, pero no logra los resultados de Maroh. Y, además, la película cuenta otra historia.

 

Una historia de amor que aunque este protagonizada por dos mujeres, según su director, no habla de la homosexualidad. Quizás no sea el tema central de la película, pero Kechiche también se pierde al hablar de como Adèle va descubriendo su sexualidad y utiliza los tópicos más manidos para hablar del sexo femenino y lésbico, como la superioridad del orgasmo femenino frente al masculino o la presencia de ostras en una cena. Antes de que la palabra “Fin” aparezca en la pantalla, el director intenta dar sentido y unidad a “La vida de Adèle” poniendo sobre la mesa (del bar) que, a veces, la pasión sexual no es suficiente para sacar adelante una relación. A lo que habría que añadir que tampoco basta para que una película sea considerada una obra maestra.

 

Lidia Noguerol

Lídia Noguerol comparte profesión con Barbara Gordon (Batgirl). Cuando no le toca lidiar con adolescentes descarriados, borrachos y indigentes, se dedica a seleccionar música, cine, libros y cómics. Por la noche, cuando no va al cine o se queda en casa leyendo, transita autopistas y carreteras secundarias y recorre los ejes de comunicación del país, en busca de conciertos de los que hablar por la mañana siguiente en prensa local, portales culturales, blogs y prensa especializada como la extinta Go Mag. Buscando un mundo mejor, ha ido a parar a Blisstopic, un lugar tan excitante como Gotham.

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