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La vida de Calabacín

Claude Barras

Francia / Suiza, 2015

Tariq Porter

 

 

Muy a menudo, el cine de animación menos masivo sufre del velado celo de su autor, dispuesto a afrontar a la vez retos plásticos y narrativos. Se entiende; dejar en manos ajenas, sin ofrecer resistencia, el destino de unos caracteres a los que cada movimiento cuesta meses de trabajo podría –justificadamente– sentirse como una negligencia paternal. No obstante, reconocer límites propios y talentos de extramuros es esencial para construir algo sólido en este arte colectivo llamado cine. Y eso es algo que la animación ha padecido recurrentemente; artes brillantes desmerecidos por un relato mate.

 

 

“La vida de Calabacín”, en ese sentido, se cubre las espaldas con un guion que firman Morgan Navarro, Germano Zullo y una Céline Sciamma que viene de dirigir dos notables dramas con la infancia y adolescencia como principales ejes: “Tomboy” (2011) y “Girlhood” (2014). Se nota, todo ello en la ópera prima de Claude Barras, por breve dos veces buena. Los 66 minutos de las peripecias de Calabacín son efectivamente un dramón en toda regla que, en manos del Disney más oscuro, sería capaz de sembrar un caos benjamín similar al que en su día causaron, entre románticos empedernidos, Goethe y su Werther. Por fortuna, la animación bella y colorista de Barras y el optimismo que a pesar de todo transpira la historia consiguen que se imponga un gozo risueño integral para niñas y niños de los 0 a los 99. El reto del director y Sciamma, Navarro y Zullo no es menor; adaptar la novela original de Gilles Paris, “Autobiographie d’un Courgette”, sin abrazarse a la tragedia ni caer en tonos paternalistas o una excesiva infantilización es trabajo para funámbulos expertos, capaces de encontrar un equilibrio tan frágil como inhabitual.

 

 

“La vida de Calabacín” lo logra con notable naturalidad, aupada por un diseño de personajes y escenarios cautivador que transmite cariño por lo micro, tan grato de encontrar en este mundo macro. Los detalles y la artesanía son virtud, una muestra de afecto que da calidez humana ante cualquiera que sea el texto de fondo; bien lo sabían Chaplin y Tati

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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