Menu
 

Moonlight

Barry Jenkins

Estados Unidos 2016

8,5

 

Tariq Porter

  

No es habitual encontrar películas tan armónicas como “Moonlight”, en las que el complejo engranaje cinematográfico funciona sin desfalcos ni disonancias. El segundo largometraje del director norteamericano Barry Jenkins –tras el drama mublecore “Medicine for Melancholy”– encuentra sin mucho esfuerzo el tono y la cadencia para explicarse. La cámara, versátil y temperamental, acompaña unas escenas que basculan naturalmente entre estados de ánimo y poderosas contradicciones morales. No hay llanuras ni caminos asfaltados en “Moonlight”; todo lo que plantea tiene los claroscuros que sugiere su precioso cartel.

 

 

Por ese trabajo de guion, el film de Jenkins no padece su carácter episódico, de tres actos, ni tampoco el siempre delicado raccord físico del trío de actores protagonista, representantes de sendas edades del mismo personaje. A pesar de que el parecido entre Alex R. Hibbert, Ashton Sanders y Trevante Rhodes no es para nada evidente, su extraordinario trabajo de mímesis gestual, su gestión de los silencios, y la simbiosis entre ellos y la narración, tan coherente, hacen que el pacto de ficción entre la historia y el respetable sea facilísimo de saldar. Lo rubrican las formas, elegantes a pesar del contexto y contenidas cuando podrían no serlo, oliendo la sangre y el humo de crack, blanco fácil para sibaritas del porno feísta. Artífices de ello, más allá del director de orquestra, son la fotografía de James Laxton y el montaje de Joi McMillon y Nat Sanders, todo un dream team del indie yanqui que logra encontrar belleza también en la desdicha, protagonista de esta imaginaria pero más que plausible biografía noventera de extrarradio. También ayuda, y mucho, una banda sonora en la que incluso Caetano Veloso está invitado.

 

 

Así, la película de Jenkins mantiene un equilibrio cinematográfico que perdura durante sus dos horas, aunque sea el primer compás, posiblemente, el más surtido en hallazgos estéticos, pinceladas de parentesco lejano a Wong Kar-Wai que ensalzan los momentos clave en el planteamiento de los conflictos. Y éstos no son sencillos; necesitan una sensibilidad especial para su narración que el director y guionista demuestra tener. “Moonlight” habla de una alienación consciente pero involuntaria, de un chico contraído por la realidad que sólo mediante la lucha silenciosa por vivir; seguir, puede llegar a la eclosión. Lucha que pasa por obstáculos de clase, familia, droga y sexo, aliños clave de toda ensalada melodramática que conviven en la película sin invocar a la llorera ni caer en la frivolidad y protagonizan, cada elemento a su manera, distintos momentos del intenso –y al fin bello– recorrido.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

Más en esta categoría: « La autopsia de Jane Doe Jackie »