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Oasis: Supersonic

Matt Whitecross

Reino Unido, 2016

7,5

 

Beto Vidal

 

Tres años. Tres míseros años bastaron a Oasis para conquistar el mundo a base de himnos fabricados para llenar estadios, un excedente de chulería y litros de cerveza barata. Los 90 les pertenecen, nos guste o no, y el documental "Supersonic" nos recuerda cómo llegaron a ser la mejor banda del planeta a partir de 1994 con la publicación de "Definitely Maybe", hasta su actuación en 1996 en Knebworth Park ante 250.000 personas. Aprovechamos su estreno en España de la mano del festival In-Edit para rememorar aquellos maravillosos años.


1994

El grunge, el rock nihilista que dominaba los charts de occidente con mano férrea desde principios de los noventa, vio temblar sus cimientos con la muerte de Kurt Cobain, líder de Nirvana y buque insignia del género. Cinco tíos de los suburbios de Manchester, enfundados en chándal Adidas y con cara de mala hostia, entran en escena de golpe para reescribir la historia del rock británico. Para bien o para mal. Se trataba de Liam y Noel Gallagher, Paul Arthurs "Bonehead", Paul McGuigan "Guigsy" y Tony McCarroll, y lo tenían todo para ser el nuevo opio del pueblo: eran forofos del fútbol, respiraban cerveza y, sobre todo, capaces de crear canciones pop-rock con gancho repletas de reminiscencias constantes a los Beatles. Es decir, el prototipo de hooligan-estrella del rock que necesitaba el Reino Unido en 1994, año en el que el brit-pop empezaba a tomar su forma definitiva. Y es que Oasis eran unos tipos con los que no querrías tener problemas: les cederías el paso en el ascensor y al salir del parking con tu coche, no les mirarías nunca directamente a los ojos en un pub o jamás les cantarías el himno del Manchester United a la cara. No, con Oasis no se jodía.  

 

 

“Oasis: Supersonic” empieza con unos ensayos en The Boardwalk Manchester de cuando entonces el embrión de Oasis se llamaba The Rain, y culmina con la mítica actuación de Knebworth, probablemente el concierto más grande de los 90, con permiso de los Stone Roses en Spike Island. De 1994 a agosto de 1996. Un ascenso meteórico –e inaudito– que los productores Asif Kapadia y James Gay-Rees, los creadores del documental ganador de un Oscar sobre Amy Winehouse, y Mat Whitecross tras la cámara, se encargan de diseccionar con bisturí. Una historia que merece ser contada –voz en off mediante– con detenimiento por sus protagonistas (la banda al completo y sus allegados más importantes, tales como familiares o productores) con abundante material inédito hasta la fecha, que seguro pondrá los pelos de punta a los más fanáticos de la ahora extinta banda de Manchester: Liam, Noel y su banda casi imberbes, peleando, bromeando, puestos hasta las cejas, viendo fútbol, de gira y entre bambalinas, en el estudio grabando…. Un torbellino de recuerdos imparable que engrandece la cinta de Whitecross y hace más humanos a sus protagonistas. Mención especial para la historia que se encuentra tras la escritura de la preciosa “Talk tonight”, cuando a finales de 1994 Oasis ya era insultantemente famosa. En su primera gira por Estados Unidos, el país que todo súper-grupo debe conquistar, se subieron al escenario de la mítica sala de Los Angeles ‘Whiskey A Go Go’ ciegos de metanfetamina. Incapaces de tocar las canciones al mismo tiempo y con un Liam escondiéndose detrás de los altavoces, Noel, que ya se sentía el jefe de todo aquello, cogió el dinero de la recaudación y se largó a San Francisco para caer en brazos de una groupie que conoció en otro concierto de la gira. En su mente, acabar con aquel monstruo que crecía demasiado deprisa. El resto de la historia dio lugar a una de las mejores caras B de Oasis jamás escritas, sin duda. Una anécdota que sirve como fotografía exacta de la bomba de relojería que estaba alojada en las entrañas de los hermanos Gallagher.

 

Pero antes de eso vinieron una ristra de singles escritos por Noel, uno detrás de otro y con un toque de inspiración casi divino, que Alan McGee supo valorar y darles salida en su sello Creation Records. Hablamos de “Live Forever”, “Supersonic” o “Shakermaker”, que más tarde eclosionarían todos juntos en “Definitely Maybe”, el LP de debut que vendió más rápido por aquellos tiempos. Una jodida locura repleta de sexo, drogas y rock’n’roll. Pero de verdad.

 

 

1995

El fiasco de la gira norteamericana puso todavía más en evidencia el choque de trenes entre los hermanísimos. Noel, el cerebro y la profesionalidad. Liam, el guaperas macarra con una estudiada pose de Ian Brown. El hambre y las ganas de comer. El periodista Paolo Hewitt lo describió a la perfección: “La democracia no funcionaba en la banda. Había dos personas luchando por un puesto de Primer Ministro. Esa tensión, ese antagonismo, dirigió y mató a la banda”. El documental trata de poner voz a ambos protagonistas, para que cada uno cuente su versión. Si bien la fama de bocazas precede a ambos, también es cierto que muchas de sus afirmaciones rebosan sinceridad y clarividencia durante todo el metraje. La producción intrépida de “Oasis:Supersonic”, casi a modo de thriller, tan solo nota algún palo en la rueda cuando se mete por historias como la del abandono familiar del señor padre Gallagher o bien las idas y venidas con la prensa rosa, que poco aportan a la gran historia del ascenso de la formación.

 

Pese a las constantes trifulcas entre Liam y Noel, o la patada en el culo a McCarroll por no tocar del todo bien la batería, la mega-banda sigue su imparable camino hacia el olimpo de los dioses del rock. Tras un pelotazo de single navideño del calibre de “Whatever”, se encierran en los Rockfield Studios de Gales para elaborar su segundo disco, “(What's the Story) Morning Glory?”. Liam solo acude para grabar las partes vocales, que las clava en un par de tomas, para asombro del productor, Owen Morris. El resto del tiempo lo pasa emborrachándose en el pub o viendo fútbol, como el resto del grupo. Algo que, de manera automática, suposo darle el poder absoluto a Noel, que también se lanzó a cantar potenciales hits como “Don’t look back in anger”. Otro temazo, el primer número uno de Oasis, “Some might say”, supone el primer single del lanzamiento oficial de Morning Glory, que también se vendería como churros. Empiezan a llenar estadios por todo Reino Unido. En Japón ya son deidades. El pico más alto de la cresta de la ola del tsunami llamado Oasis estaba a punto de tocar el cielo.

 

 

1996

La mecha, encendida durante dos años, logra por fin activar el explosivo (o la lanzadera, mejor dicho) de forma definitiva gracias a un single. Sí, el que todos conocemos de memoria. El de vídeo en blanco y negro con payasos. A partir de ahí, la locura más absoluta abraza a los de Burnage: Noel clama ante las cámaras tener más de 80 millones de libras esterlinas en el banco, llenan el estadio Maine Road dos noches seguidas, toman drogas como quien toma una taza de té, se autoproclaman más grandes que jesucristo, los telediarios ingleses interrumpen para anunciar la enésima chorrada de los Gallagher, recogen varios galardones Brit Awards cagándose en todos, “Don’t look back in anger” consigue otro número uno y la cadena MTV les invita a hacer un unpplugged (sin Liam, en el que quizás es de lo mejores directos de Oasis jamás realizados, con Noel en un estado de gracia apabullante). La situación, al igual que el britpop, se estaba yendo de las manos. Y todos eran conscientes.

 

Los grandilocuentes conciertos de Knebworth fueron el inicio del fin. Y cada miembro de Oasis lo sabía. 1 de cada 20 personas pidió una entrada para una de las dos noches programadas, que podŕian haber sido muchas más. ¿Cuántas bandas de rock han conseguido eso en tan poco tiempo? Todo aquello fue demasiado grande, incluso para un megalomaníaco Noel propulsado por montañas de cocaína, cual Tony Montana enfurecido en el sillón de su despacho. Llegaron al mega escenario de Knebworth (ojo, en helicóptero), tocaron, vencieron y se despidieron: el vagón de la épica montaña rusa llegaba al punto de partida, para dejar paso a otros. ¿O hablamos del último concierto más grande de la historia antes de la era Internet?

 

Fin de la historia. A partir de ahí, el declive más absoluto, con un álbum más con la formación original (“Be Here Now”, de 1997, ese engendro sobreproducido de cocaína, mucho más pasado de rosca que el “Second Coming” de los Stone Roses) y una posterior reformación de la banda que sirvió de autoparodia permanente, activos hasta 2009 y salpicados por vergonzosos álbumes de estudio. Pero eso ya es otra historia. Aquí se viene a hablar de cuando cinco quinquis conquistaron el mundo con un puñado de buenas canciones. Porque, te guste o no, Oasis fueron más grandes que tú y que yo. Y lo sabes.

 

Comentarios
Beto Vidal

Desde que tuvo de bien pequeño en sus manos el doble compacto azul de los Beatles (1967-70) hasta que pudo colaborar en la mejor cabecera española de música independiente, Beto Vidal no cesó en su empeño por descubrir, adorar y recomendar música “rara” y “oscura” (palabras textuales de sus progenitores). A partir de esos primeros ramalazos psicodélicos, Beto ha intentado dar forma a una cultura musical que pasa por la electrónica, el rock independiente más atrevido o el pop más cósmico. Go Mag ha sido su casa desde 2009, lugar donde tuvo el eterno placer de entrevistar a Daft Punk, Plastikman, Carl Craig, Apparat, Ellen Allien o Agoria, así como por otros valores del underground español (Wooky, Monki Valley…) e internacional (Rone, Sinkane, Echospace, Peaking Lights, etc.).

 

beto@blisstopic.com

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