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Capitán América: Civil War

Anthony Russo, Joe Russo

Estados Unidos, 2016

8,2

Albert Fernández

 

Solo una cosa podría mejorar el visionado de "Capitán América: Civil War": hacerlo con Zack Snyder en la butaca de al lado; detectar sus gestos cuando escuche las carcajadas y los aplausos, y poder irle dando cada tanto con el codo, para rematarlo con comentarios del estilo "¿Ves? Así. Así se hace".

 

La tercera entrega de las aventuras del super-soldado Steve Rogers, que bien podría pasar también como un tercer episodio de Los Vengadores, los héroes más poderosos de la Tierra, alcanza cotas de infalibilidad que la hacen saltar muy por encima de pastiches como "Superman v. Batman: El Amanecer de la Justicia", en un año en que la oferta de mainstream superheroico alcanza cuotas de pantalla invasivas, con títulos como "X-Men: Apocalipsis", "Escuadrón Suicida", "Gambito" o "Doctor Extraño" (más "Luke Cage" y otras tantas a nivel televisivo) todavía pendientes de estreno. 

 

Aunque el éxito y la persistencia de "Deadpool" (producida por Fox) ha roto por mil lados las costuras de este sub-género cinematográfico, Marvel Studios sigue llevando la batuta en el mapa del séptimo arte superheroico y, visto lo a rebufo que van el resto, tiene pinta de que la cosa seguirá así cierto tiempo. Fox sigue pareciendo algo perdida a la hora de encauzar su franquicia mutante, la alianza Warner-DC no da pie con bola, y seguimos sin noticias de Sony, más allá de que acaba de ceder parte de los derechos de Spiderman para el film que aquí comentamos, después de saturarnos con reboots cansinos del lanzarredes. 

 

 

En todo caso, pese a que no debería hacer falta, aclaremos la nota y el entusiasmo de este post: está claro lo que aquí debatimos no es el súmmum de la creación artística. No estamos ante un nuevo Carl Theodor Dreyer, ni siquiera un Denis Vileneuve de las viñetas en movimiento. La nueva película del Capi es puro entretenimiento, y las bondades y highlights que aquí se cuentan se deben tomar con la sencillez con que se emiten, dentro de este contexto específico, máxime con la economía aseverativa que viene a continuación. En todo caso, el asunto de la exaltación de ánimos ante esas escenas grandilocuentes de personajes sobrehumanos vestidos con colores chillones, hipérbole tras hipérbole, conflicto tras conflicto, me llevan a pensar en el que habría sido otro gran compañero de butaca para este estreno: yo mismo de niño, con 8 o 10 años. Para ese chaval sí que no habría confusión: esta es la mejor peli que podría haber imaginado jamás.

 

Ahora, que empiece el show de los spoilers. Ready? Steady? Assemble!

 

 

 

 

Lo que nos gusta (ALERTA SPOILER BAJA)

 

-El equilibrio entre épica y humor. La gran baza de los films de Marvel siempre ha sido su capacidad auto-paródica, y la agilidad de unos diálogos que siempre saben encontrar el gag perfecto a cada situación. En "Capitán América: Civil War" los guionistas se superan en estas lides. Esta película no es como el típico graciosillo que quiere preponderar y hacer reír a toda la mesa (¿Eh, Jesse Eisenberg?); es un tipo con verdadera gracia, que provoca carcajadas sinceras sin apenas proponérselo. 

 

-La premisa argumental. Aunque lo que prima en un blockbuster de este tipo es que se precipite el conflicto cuanto antes, lo cierto es que el inicio del film dedica algo de tiempo, por breve que sea, a polarizar las posiciones opuestas que generan la guerra civil superheroica que gobierna el argumento. Mientras que Iron Man pondera y decide que el control externo es lo idóneo para las circunstancias y la posición de Los Vengadores tras generar desastres y víctimas colaterales en sus últimas misiones, el Capitán América busca una perfección ideológica, el desarrollo de un yo moral distintivo, que podrá alcanzar únicamente apelando a toda costa a su sueño de libre albedrío elevado a la máxima pureza. Libertad de actuación, sin cadenas gubernamentales o imposiciones derivadas de la agenda de cualquier institución. Luego está el asunto de la amistad y la fidelidad, con esa dualidad Steve-Bucky / Steve-Tony, pero es un tema harto evidente, ¿no?

 

-El avance de la trama. Parecería muy obvio, pero no es tan fácil lograr que la dinámica de los acontecimientos en un film con esta carga de adrenalina alcance cotas de agilidad y profundidad compensadas y, aunque estamos ante un espectáculo sin apenas respiro, lo cierto es que el metraje del film sabe repartir juego más que bien, sin apenas despistes. Es cierto que el segundo trailer de la peli, con los planteamientos taciturnos del General Ross refrendados con una marcha épica y dolida, tiene casi más pausa que el film en sí, pero hay algo sobre lo que no existe duda: éstas son las dos horas y media que más rápido te pasarán en mucho tiempo. 

 

-La adaptación del material comiquero de partida, a grandes rasgos. Si bien el arco argumental concebido por el lúcido Mark Millar en la maxiserie "Civil War" aunaba muchos más elementos y personajes en su trama de los que podrían incluirse en un film para todos los públicos, y contaba con algunos giros dramáticos muy superiores a los que se ven en pantalla, lo cierto es que no podemos quejarnos de la efectividad argumental del artefacto de los Russo. Un buen detalle de la adaptación es el Acta de Registro del cómic, que perdería sentido en el cine, donde las identidades secretas de casi todos los super-héroes son de dominio público. En pantalla, ese documento conflictivo se cambia acertadamente por los Acuerdos de Sokovia, una libro de cláusulas para controlar las actividades de los meta-humanos por parte de una coalición de gobiernos. Por lo demás, aunque el film no se pueda considerar un thriller político como presumen los Russo, los sutiles homenajes al cómic, como esa prisión-balsa más alguna que otra sorpresa, contentarán a los fans más radicales.

 

-La consistencia de los personajes. A ver, hasta cierto punto, no nos pasemos. Pero lo cierto es que, con un dramatis personae de más de 10 súper-tipos y súper-tipas de peso, el film logra que sus personajes no se disuelvan en un miasma de acción y frases lapidarias cutres. Se genera espacio, por ejemplo, para que La Visión y la Bruja Escarlata compartan una escena, o lleguemos entender con dos trazos la naturaleza de eterno doble-rasero de la Viuda Negra.

 

-La acción, sin duda. Después de tantas pelis con escenas de acción formidables o por lo menos indeciblemente caras, podría pasar que cuando los tropecientos súperhéroes de la peli se empiezan a dar hasta en el carnet de identidad empezáramos a bostezar o mirar el móvil hastiados. Pero lo cierto es que "Capitán América: Civil War" no da margen para eso. Las coreografías de acción del film son quizás las mejores que se han visto en cualquier película del género, con especial mención, claro está, a la gran batalla en el aeropuerto donde participan todos los personajescon sorpresa en su desenlace y homenaje magistral a "Star Wars" incluido.

 

Todo eso y Spiderman, claro.

 

 

Lo que podría mejorarse (ALERTA SPOILER MEDIA)

 

-La motivación de los personajes. Aunque los extremos que marcan Iron Man y el Capitán América quedan más o menos claros en sus conversaciones, lo cierto es que las facciones de super-héroes que se generan a cada lado tienen algún punto cogido por los pelos, como podría ser el concurso de Visión y la Viuda Negra (vale, aquí hay trampa) en el bando Iron Man, o el Hombre Hormiga y Ojo de Halcón, en el bando Capi. Pero si algo llama la atención y jode sobremanera la función es, como siempre pasa en estas películas, las premisas de los malos de turno. Ni queda demasiado claro qué mueve a Crossbones en el acto que abre el film en Nigeria, ni nos aclaramos del todo con las ideas y el modus operandi del Barón Zemo (lamentable Daniel Brühl, si me preguntan a mí), quien para empezar podría llamarse Zemo o podría llamarse Thomas Müller y que además, por absurdo que resulte, oh, sorpresa, consigue su cometido y siembra el caos entre los superhéroes. Por otro lado, el preámbulo de Tony Stark recapitulando la adolescencia con sus padres, ligado con el giro argumental final donde descubre un hecho revelador sobre la muerte de los progenitores, es de esos remiendos de libreto que sí, significan algunas conductas, pero crujen un pelín por forzados y metidos con espátula.

 

-Algunas interpretaciones. Lo más normal es que en este tipo de películas no demos con el actor o la actriz de nuestras vidas (a ver, juzgando artísticamente, no músculos o figura). Pero ya es mala suerte que, por una vez que nos libramos del vergonzante Chris Hemsworth, los de casting hayan decidido fichar a un torpísimo Chadwick Boseman, que hace que queramos meter la cabeza en el cubo de palomitas cada vez que él se quita la máscara de Pantera Negra. Su acartonada naturalidad se une a los habituales hachazos interpretativos de Jeremy Renner, un Ojo de Halcón que siempre me desagradó, y al ya mencionado Daniel Brühl. Suerte que Paul Bettany salva bastante la cosa, especialmente en las escenas caseras de La Visión, que Chris Evans cumple a la perfección con su papel, y que Robert Downey Jr. y Scarlett Johansson son siempre una mínima garantía. Tom Holland baaastante bien también, la verdad. Martin Freeman y William Hurt, por supuesto, circulan a otro nivel de los mencionados, aunque su concurso sea anecdótico.

 

-Las escenas post-créditos. Honestamente, no las voy a contar aquí, pero esperaba más y mejor. Un parche argumental y un reclamo futuro, ambos sin demasiada enjundia para quien ha aguantado los nombres de todas las productoras de FX del mundo desfilando por la pantalla. 

  

 

Lo que la haría imbatible  (ALERTA SPOILER ALTA)

 

-Un mejor aprovechamiento del cómic. No soy sospechoso de patalear con la infidelidad de las adaptaciones de cómics o novelas a la pantalla, y antes en este texto he mostrado mi conformidad con la traslación de algunos elementos de las páginas al cine. Pero, con todo, no me cabe duda de que algunos de los pasajes de la saga escrita por Millar hubieran hecho detonar el curso de esta película hasta nuevas órbitas de trascendencia, realmente memorables. Algunas muertes de personajes relevantes, sin ir más lejos. Como la del propio Capitán América. Verle caer al final del film, abatido por un francotirador en las escaleras del Congreso, hubiera sido de lo más estimulante, porque esa secuencia del cómic es puro cine, como muchas de las que escribe Millar. Otra imbatible hubiera sido la huída del Helitransporte de Shield del primer episodio del cómic, pero como en "Capitán América: El Soldado de Invierno" sucedía algo parecido, la cosa hubiera quedado reiterativa.  

 

-Un final mejor. Para empezar, en la contienda final entre Bucky, el Capi y Iron Man, el humor que sostiene la carga épica de todo el film se desnivela y decae bastante. Cuando los Russo usan la carta del dramatismo el resultado se resiente. Por otra parte, la espectacularidad del desenlace es mínima después de todo lo visto ya en el film, así que la cosa acaba un poco deshinchada. Ya no te digo en el diálogo final de Zemo con Pantera Negra, una cosa bastante tiesa. Por otra parte, el status quo resultante del conflicto queda desdibujado y turbio. Una cosa es dejar un final abierto, otra es acabar una película de ciento cuarenta y siete minutos de manera apresurada y deslavazada.

 

-Una mayor coherencia con el resto del Universo cinematográfico Marvel. Lo dicho antes sobre las escenas post-créditos, extendido a todo el metraje. Con la Fase 3 de todo el pifostio Marvel-cinematográfico en marcha, tal vez cabía esperar más tentáculos extendidos a las próximas sagas cósmicas ("La Guerra del Infinito" vía "Guardianes de la Galaxia 2"), algo del mundo mágico del "Doctor Extraño" o incluso algún guiño a la faceta urbano-televisiva de Marvel (hablo de Matt, Jessica y el resto, no de "Agent Carter" y "Shield", que está claro que sí). Aunque por otro lado, este episodio funciona bastante bien en su cerrazón y endogamia. Bah! Yo lo que quería es que saliera Howard el Pato.

 

 

 

 

Los momentos de aplauso (ALERTA SPOILER INCANDESCENTE)

 

Por acabar de la mejor manera, hagamos recuento de los mejores highlights de la peli, agarrándonos los dedines de una mano con los dedines de la otra, mientras nos atropellamos recordando pasajes y hablando todos a la vez.

 

-La escena de reclutamiento de Peter Parker para la causa de Iron Man. Ver a Spidey convertido en un chaval de 16 años parlanchín e inseguro, y ese súper-acierto de volver a su tía May una cuarentona sexy (Marisa Tomei, no less) en vez de una anciana con todas las arrugas que le diera la gana dibujar a Steve Ditko, no  tiene precio. La escena de Tony Stark en el diminuto cuarto de Parker, desvelándole grabaciones de YouTube de sus primeros escarceos como Spiderman, y la sencilla manera en que se comenta de pasada el origen del personaje ("bah, es una historia muy larga") es sencillamente magistral. El actor Tom Holland explica muy bien la comparecencia del trepamuros en el acto principal del film: es un chaval rodeado de Vengadores, reaccionando como lo haría un chaval rodeado de Vengadores. 

Por si esto fuera poco, sobre el campo de batalla, los chistes de Spiderman en la pantalla por fin se parecen a los del cómic, hacen verdadera gracia y rivalizan en comicidad con su compi de peli, el Hombre Hormiga, o el otro súper-gracioso del año, Deadpool. 

 

-Pantera Negra cuando viste su traje. Ver en acción al Príncipe de Wakanda con su uniforme negro de Vibranium, saltando sobre coches, lanzando zarpazos letales y arañando fachadas para descender de edificios de mil plantas nos abre la boca de admiración infantil. El actor que interpreta a T'Challa podrá ser un intérprete incapaz y diletante, pero ver a su contrapartida felina en acción, con ese gesto frío e implacable, es sencillamente formidable.

 

-La Visión con ropa casual. Aplausos y más aplausos para el que se le ocurrió vestir al androide de los Vengadores con pantalones de pinza, camisa y cuello de pico, y hacerlo posar en un sofá juntando los ápices de los dedos de ambas manos y cruzar las piernas con actitud distinguida. Eso por no mencionar su debut en el film, olvidando que ha atravesado un muro en vez de abrir una puerta, o su virginal confesión sobre la comida mientras trata de sacar adelante una receta para la Bruja Escarlata. 

 

-Los pequeños homenajes a las viñetas. Como ese momento sobresaliente del Hombre Hormiga lanzado sobre una flecha de Ojo de Halcón, que trae a la memoria la clásica portada de Avengers 223, obra de Ed Hannigan y Klaus Janson. O ese otro, protagonizado también por Scott Lang, cuando el diminuto personaje gira la balanza de la gran pelea superheroica del film al invertir el orden de las cosas y pasar a convertirse en una suerte de Golitah, claro y fabuloso homenaje al cómic de "Civil War". Solo que Lang no la palma por obra y gracia de un clon de Thor como el pobre Bill Foster. Sigh<<

Por cierto, ¿a alguien más le suena que James Rhodes quedó parapléjico en algún momento en la serie de "Iron Man" de los años 90, y solo podía moverse cuando se ponía la armadura?

 

 

 

 

¡Ah! ¿Sabes qué me acaba de venir a la cabeza? El compañero de butaca ideal para ver "Capitán América: Civil War": Ben Affleck. Ése Ben Affleck sad que solo puede escuchar el "The sound of silence" al contemplar miles de reseñas señalando el desacarrilamiento absoluto de "Batman v. Superman", al que ayudaría a enjugarse las lágrimas definitivamente al final de la peli del Capi. Todo por comparar su cara de tristeza con la de Tony cuando Steve le dice que Bucky es su amigo, a lo que el pobre filántropo-millonario-inventor-playboy-alcohólico-y-superhéroe responde dolido: "So was I"

 

 

 

Albert Fernández

En el desorden de los años, Albert Fernández ha escrito renglones torcidos en publicaciones como Mondo Sonoro, Guía del Ocio o Go Mag, tiempo en el que ha tenido oportunidad de ir de tapas con Frank Black o escuchar a Patrick Wolf bostezar por teléfono. Además, ha sido jefe de redacción de las secciones culturales de H Magazine, y ha aportado imaginación tras los micrófonos de Onda Cero, Cadena Ser y Scanner FM, donde facturó la sitcom musical de creación propia “2 Rooms”. Aunque sabe que no hay lugar mejor que aquel de donde viene, a Albert no le hubiera importado nacer en Gotham City o en el planeta Dagobah. Con tendencia a la hipérbole y a la imaginación desatada, Albert sigue buscando el acorde que dé la vuelta a sus días.

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albert@blisstopic.com

 

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