Menu
 

Tots els camins de Déu

Gemma Ferraté

España, 2016

6

 

Tariq Porter

 

Cada pequeño milagro en forma de largometraje sin presupuesto ni posibilidades comerciales se convierte, automáticamente, en la coartada perfecta para desacreditar a quien lo tache de innecesario, intrascendente o impostado. Son sólo palabras, y el film un hecho. En tanto que no hay en él sombra alguna de ínfulas lucrativas, lo resultante es una neta expresión artística, y como tal indudablemente valiosa, ergo vale la pena verla. Deberíamos recibirlas siempre con los brazos abiertos.

 

 

De la cooperativa de hacedores de luz llamada Niu d’Indi, encabezada por una suerte de Lluís Miñarro júnior sin americanas pintorescas, Aritz Cirbián –lo recordarán de extraordinarias miniaturas como “Otel·lo” (Hammudi Al-Rahmoun Font, 2011) o “El camí més llarg per tornar a casa” (Sergi Pérez, 2015)–, emerge como un parto natural “Tots els camins de Déu”, ópera prima de Gemma Ferraté. Ésta, entiéndase como prólogo, corrobora para empezar la existencia de un hermoso sello que huele a juventud en una cinematografía que constantemente la demanda, quizás sin ser consciente. Las mismas obras de Al-Rahmoun, Pérez u otras joyas de bajo impacto y altos vuelos –¿“Amor eterno” (Marçal Forés, 2014)?– no hacen más que subrayar la positivísima regeneración del séptimo arte que surge últimamente del país de la sardana.

 

“Tots els camins de Déu” forma parte de esa regeneración; obra tan valiente como difícil que, para bien o para mal, convierte rápidamente el derecho a contemplarla en deber de acabarla, algo así como un ejercicio de militancia. Nada reprochable; funcionaba con varios predecesores y al final uno sabe a lo que va. Ocurre con ésta, no obstante, que peca de insistente, y lo que representa una alegoría sencilla y acaso contundente sobre la culpa y los remordimientos va perdiendo fuelle por cada minuto de esforzada dilatación hacia el largometraje. Su talla ideal, parece evidente, es el mediometraje, no así para su potencial distribución. Entrar en los cánones que dicta el circuito de festivales era posiblemente imperativo, aunque no responda a las necesidades del propio film… o así se intuye.

 

 

Lo que Ferraté plantea, con todo, es un retrato moderno del Judas y su errar consumido, el rumbo a ninguna parte por un bosque infinito en el que sólo habita una culpa acechante. Su premisa es sugestiva y su realización cruda, directa y pretendidamente orgánica, en lejano diálogo con un cine argentino muy específico, también joven, en que el que la naturaleza actúa como un atrapa sueños. “Leones” (Jazmín López, 2012), “Algunas chicas” (Santiago Palavecino, 2013), “Noche” (Leonardo Brzezicki, 2013)… Como todas estas, “Tots els camins de Déu” es efectiva a ratos, altamente estimulante en momentos –la poza, por ejemplo–, condimentados además con la excelente banda sonora de Maik Maier, pero demasiado irregular y traicionada por su único exceso: los minutos. Tampoco es redondo el trabajo de un protagonista, Marc García Coté, que en solitario deja poco espacio a la sutileza pero en dúo con Oriol Pla funciona perfectamente, subrayando una vez más la necesidad de una mayor dosificación en la sala de montaje. Ahora, si la pregunta es si vale la pena, la respuesta seguirá siendo igualmente taxativa.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

Más en esta categoría: « Remember Bone Tomahawk »