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Los odiosos ocho  

Los odiosos ocho

Quentin Tarantino

EE.UU., 2015

5

 

Tariq Porter

 

Siempre resulta arriesgado cuestionar la obra de un creador consolidado, y muy especialmente cuando se trata de alguien, caso de Tarantino, tan bien aposentado en el universo pop como respetado por las élites de la teoría y la práctica cinematográfica. Como los reproches de antaño a films difícilmente reprochables, quien los suscribe deviene susceptible de verse traicionado por una hemeroteca que todo lo ve y recuerda. Hay ganas, a propósito, de servirle a Boyero con patatas su sutil observación de “Anticristo”: "imbecilidad con ínfulas de transgresión", nada menos.

 

 

Cobarde de mí, no osaría nunca –vanidad retroactiva, asumo– emprar la terminología rotunda del analista madrileño, pero mi humilde puntuación ya está puesta y es un 5, alentado quizás por la inevitable decepción, inherente a tan elevada autoría. Presumo que lo nuevo del bueno de Quentin es más resultón por inercia que por carácter propio, o lo que es lo mismo: mola lo suyo a pesar de autocomplaciente. Mola porque sigue siendo un excelente director y dialoguista; mola porque su banda sonora sigue molando mucho –eterno Morricone–; mola por su técnica, depurada y libre; y mola en definitiva porque él mismo es un tío guay. Rebatir eso sería tan difícil como cuestionar la virilidad de Clint Eastwood. Aun así, “Los odiosos ocho” se encuentran en esa delgada línea roja, el punto de transición que diferencia lo que mola por molón y lo que mola por bueno. Y es que Tarantino peca aquí más de lo habitual sobrepasándose en varios aspectos de los que se sabe dominador. El primero es un metraje dilatado hasta las tres horas que, considerando que se desarrolla en prácticamente un solo escenario, resulta desequilibrado en varios compases que no pueden mantener el ritmo. El segundo son unas actuaciones muy irregulares; del acertado histrionismo de Kurt Russell, Samuel L. Jackson y Jennifer Jason Leigh al desaforado ídem de Walton Goggins y Tim Roth, éste último tan irritante como siempre.

 

 

La violencia en el director de Tennessee es también un recurso recurrente, recreación física a menudo más cercana a los tics del exploit que al amparo del humor negro, ni digamos necesidades de guion. Pues bien, en “Los odiosos ocho” ésta se presume más antojadiza que nunca, atajo a una frivolidad tan innecesaria como la batería constante –incluso patológica– de sorna racista y sexista. De hecho, en esta ocasión Tarantino se despreocupa de buscar coartadas históricas o sociales que hagan de la broma denuncia quedando todo en chistes trash en un Cluedo trash que evidentemente toleramos con júbilo, sólo faltaría. Sin embargo tras ese desenfado hay algo oculto, cuasi inédito, en su filmografía, que es una vanidosa nadería que incluso sus diálogos, aun ingeniosos, refrendan.

 

 

“Los odiosos ocho” es a "Django desencadenado" lo que "Jackie Brown" fue a "Pulp Fiction". Peor aún; un paso en falso amén de su predecesora que a pesar de molar lo suyo demuestra, como Messi errando un penalti, la falibilidad de un director muy acostumbrado al halago. Éste no faltará, y de hecho será mayoritario. El atractivo juego de pistas que propone Tarantino, tan abundante en sentencias lapidarias y giros de guion como en todos los tics ya mentados, seducirá, posiblemente, al fan y al amante de cine. Yo mantendré mi cinco pelado y mi cara de culo a la merced de la inexorable hemeroteca. Vaya usted a saber.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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