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La extranjera Miquel Ángel Blanca  

La extranjera

Miguel Ángel Blanca

España, 2015

6,5

 

Tariq Porter

 

El cine de Miguel Ángel Blanca ha ido inclinándose, película a película, hacia el tentador low cost experimental que varios realizadores practican últimamente con desigual desenvoltura –¿Cavestany?, ¿Padial? –. Su primer documental, “Your Lost Memories” –codirigido con Alejandro Marzoa, con quien forma el grupo Manos de Topo– ya tenía un espíritu vanguardista y flirteaba con el mockumentary a la vez que exponía una iniciativa real muy interesante basada en la recuperación de antiguos films familiares. En esa obra, Blanca y Marzoa ilustraban un relato bastante claro decorado con imágenes anónimas de archivo, quedándose claramente trazada una frontera entre la propuesta conceptual –la trama– y su correspondiente envoltorio visual.

 

En una segunda obra, “Després de la generació feliç”, Blanca –aka Guillothina– volvía a aprovechar materiales de archivo para plantear un extrañísimo collage musical que remitía, efectivamente, a una generación –jóvenes entre los 30 y los 40– a través de la estética VHS y, sobre todo, un angustiante discurso entre líneas sobre la cara más siniestra de la institución familiar. Todo ello a través de canciones infantiles tradicionales reinterpretadas por artistas como Joan Colomo, Spazzfrica Ehd (Za!)Carlos Carbonell (Internet2) o Sara Fontán (Manos de topo), que entre lo naif y el nihilismo del “no future” punk las hacen, de algún modo, horrorosamente coetáneas.

 

 

En esta cuarta muestra, Blanca centra su visor en Barcelona buscando, con el mismo ahínco, su cara b, y como en “Després de la generació feliç”, encuentra el camino para obviar la frontera que limitaba su ópera prima fusionando concepto y forma. La metrópolis, como la familia antes, es una perfecta víctima para gourmets del feísmo, la antipostal. Barcelona no es aquí ninguna hermosa dama; sólo un maniquí con un pareo hortera constantemente retratado por personajes igual o más horteras, turismo de plástico y fijación por la antiestética. En manos de Blanca, la capital catalana y por extensión la sociedad devienen algo deprimente y roto. “La extranjera”, de hecho, da la sensación de ser el mensaje póstumo de un predicador desgañitado; la constatación, entre el cinismo y la desesperación, de que el abismo está a la vuelta de la esquina y cualquier tienda de souvenirs barcelonesa es una prueba irrefutable de ello.

 

Con un montaje que en Blanca ya nos es familiar, y siempre acompañado por voces y música de cantautores y poetas, “La extranjera” logra tocar la fibra y evocar, provocar un profundo hastío, desasosiego incluso, a través de imágenes superpuestas y melodías de sintetizador. La trama, entendemos, consiste en la observación del turismo más pervertido y la venganza, por parte de alguien, no importa, hecha ficción ocasional. Da lo mismo porque dice algo. Pero todo resulta tan extrañamente inquietante que después dan ganas de ver “Love Actually”. O mejor: “Barcelona, nit d’estiu”.

 

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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