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Una pastelería en Tokio  

Una pastelería en Tokio

Naomi Kawase

Japón, 2015

7

 

Tariq Porter

 

Naomi Kawase vuelve a hacer acto de presencia en nuestra cartelera después de estrenar, este mismo año, “Aguas tranquilas”, película que cautivó el público en el Festival de Cannes 2014 y que, por cierto, tenía al siempre intrépido Lluís Miñarro como uno de sus coproductores. Pocos meses después de aquella pequeña joya nos encontramos con “An”, o como la ha titulado la distribución española con su más conocida que admirada libertad creativa, “Una pastelería en Tokio”. Escrita y dirigida por la directora nipona, el film se sumerge de nuevo en el costumbrismo de su país exponiendo sus gracias y desgracias desde una mirada versada y crítica, pero no por ello menos fascinada.

 

Una pastelería en Tokio

 

“Una pastelería en Tokio” cuenta un encuentro entre tres personajes muy distintos; la improbable convergencia, a través de la pastelería, entre personas que, por una u otra razón, se sienten excluidas de la sociedad. Midiendo muy bien sus dosis de dulzura y gravedad, Kawase logra un agradable equilibrio entre el verso y la prosa, trazando una suerte de poesía sociológica que ni es banal ni avasalla, aunque por tibia tampoco llega a conmover como podría. Y es que cuesta en verdad encontrar argumentos para reprobar una cinta con tantas tablas, aunque también se hace complicado hablar de ella con rotundidad. No es por la poca originalidad de su trama, de la que hemos visto mil y una declinaciones, ni por sus dilatadas dos horas de metraje, sino más bien, quizás, por la falta de intensidad en algunos momentos clave. Se agradece, en todo caso, que no se doblegue ante el seductor discurso hastiado y permanezca en sus imágenes y palabras la búsqueda de la belleza en cada detalle, omnipresente –se entiende– para el observador atento.

 

Una pastelería en Tokio

 

Así, la película avanza serena, con la buena compañía del afortunado trío de intérpretes, Kirin Kiki, Miki Mizuno y Masatoshi Nagase, y proyectando sutilmente en las costumbres y dotes culinarias, en el proceso de realización de los dorayakis –pastelitos rellenos de pasta de alubias dulce–, una lúcida ilustración del comportamiento y relaciones humanas remitente a la interesantísima cosmovisión del humanismo oriental. Al fin y al cabo, cocinar no es tan distinto de hacer el amor, la guerra o a trazar caligrafías.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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