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Taxi Téhéran  

Taxi Téhéran

Jafar Panahi

Irán, 2015

7

 

Tariq Porter

 

Constatar que una tela blanca no es siempre el mejor lienzo vendría a ser lo mismo que afirmar –sin querer frivolizar– que las imposiciones externas pueden ser, en ocasiones, creativamente estimulantes. Seguramente, si Jafar Panahi leyera estas líneas no sería afecto lo que sentiría hacia mí. El director iraní, uno de los más destacados de la actualidad, se encuentra desde hace varios años condenado a un arresto domiciliario que le impide pisar la calle, privado de una libertad de movimientos con la que ha tenido que lidiar, por fuerza, en su cotidianidad, así como también en su afán expresivo artístico y cinematográfico.

 

Taxi Téhéran

 

Director ya experimentado, con ocho largometrajes a sus espaldas, sus tres últimas obras han tenido, como premisa involuntaria, un enclaustramiento que no obstante ha desembocado en un cine inequívocamente reconocible, haciendo de la imposición un resignado juego audiovisual. En su singular trilogía, conformada por “Esto no es una película” (2011), “Closed Curtain” (2013) y “Taxi Téhéran” (2015), este aislamiento es tratado con un ingenio que va desde lo puramente narrativo hasta un forzoso cuestionamiento cinematográfico. Panahi compensa la restricción ajena con una nula –o imperceptible– autoimposición creativa, resultando un cine de calidad y sin género, prescripción comercial o complejo formal.

 

Así, en “Esto no es una película”, el cineasta habla de sus inquietudes –el cine, su encierro y la situación de su país– desde un tono agrio, lúcido pero ofuscado. En “Closed Curtain” su celda se expande convirtiéndose en un juego de ficciones que, sin perder de vista el contexto, juegan a despistar al espectador, y de tan escurridizo termina siendo incluso desconcertante. Por eso, este tercer episodio es quizás el más equilibrado, conjugando algunas virtudes de las anteriores y posibilitando inspirar, gracias a su planteamiento, una bocanada de aire fresco en el Irán de hoy. “Taxi Téhéran” transcurre en un solo espacio, un coche, y en un breve espacio de tiempo. Antónimo a “Locke”, a pesar de la descripción, Panahi se convierte aquí en un taxista –presumimos que su arresto contempla excepciones– que recoge oriundos de su ciudad. Éstos interactúan con el director, y en su diversidad y autonomía, dentro del taxi, se va configurando una descripción de la ciudad y cultura iraníes.

 

Taxi Téhéran

 

Ganadora del Oso de Oro en la Berlinale, “Taxi Téhéran” retoma el realismo ambiguo de sus dos anteriores películas –¿documental ficcionado o ficción documental? ¿Drama social o comedia satírica?– y, sin necesidad de excusas ni una excesiva sofisticación técnica; sólo lenguaje cinematográfico, consigue ser sugestivo en todas sus facetas. Su film provoca risa, provoca enfado, provoca ternura y tristeza. Es ameno, nunca banal, en tanto que preciso ejercicio de abstracción de una sociedad compleja que Panahi, a pesar de todo, no renuncia a radiografiar.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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