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Jurassic World  

Jurassic World

Colin Trevorrow

EE.UU., 2015

7

 

Tariq Porter

 

La primavera cada vez lo es menos y el verano lo es cada vez más. Junto con un mercurio insanamente crecido, aparecen otros síntomas que nos hacen pensar en un estío prematuro: playas abarrotadas y salas de cine jadeantes de unos blockbusters que llegan con insólito estruendo. Hablamos, evidentemente, de “Mad Max” o unos “Vengadores” que llevan ya semanas bailando la conga, a la que siguen sumándose miles de espectadores diarios junto con su respectiva liquidez. No menos ruidosa, portentosa, onerosa y escandalosa en general será la vuelta a las grandes pantallas de los dinosaurios de Spielberg, que cual Pokemons con esteroides han evolucionado para ser más de todo.

 

Jurassic World

 

Llama especialmente la atención que el director de este inmenso tinglado sea un tal Colin Trevorrow, conocido tan sólo por una pequeña –y muy entrañable– comedia indie de ciencia ficción llamada “Seguridad no garantizada” (2011). Como en su día Marc Webb, pasando de otra pequeña –y muy entrañable– comedia romántica indie, “(500) días juntos” (2009), al Spiderman más súper cool del celuloide, Trevorrow afrontaba con “Jurassic World” el reto de resucitar una saga que se había deshinchado con su segundo y tercer capítulos, solventes pero inferiores a su hermana mayor. Así, tanto el susodicho como los guionistas, con él mismo junto con Rick Jaffa, Amanda Silver y Mark Protosevich, tenían que ponerse manos a la obra para lograr una obra que rizara el rizo evitando a toda costa argumentos excesivamente alucinados –es decir, tomándose a sí misma demasiado en serio– y también personajes cuya función recreativa acabara desacreditando los cimientos de la saga al estilo Jar Jar Binks jurásico, tomándose a sí misma demasiado a risa.

 

Jurassic World

 

Lo consiguen a medias Trevorrow y compañía, aunque al final lo que queda son dos horas de break dance cinematográfico que sin la épica de su primer episodio logran que nunca bajes la guardia, atento a los movimientos de los velociraptors y demás carnívoros compulsivos; tiranosaurios, cachalotes con dentaduras infinitas y la guinda del pastel: el depredador transgénico definitivo. “Jurassic World”, aquí sí, trata de reabrir el debate que “Jurassic Park” (1993) y tantas otras antes habían planteado; hasta qué punto es lícito el intervencionismo humano en la creación y modificación de seres vivos, y hasta qué punto son controlables sus consecuencias. En el caso de los dinosaurios se antoja una mala idea que por cuarta vez se confirma. Los humanos no aprendemos, quizás es esa la mayor moraleja de una película que a pesar de todo difícilmente podría encontrar una trama mejor pensada. A estas alturas, el T-rex impresiona tanto como Bowser o el bueno de Pepe, y en tanto que máximo depredador terrestre la voracidad jurásica había tocado techo con él. Por eso, sólo una intervención extraterrestre o lo que acertadamente plantea la película podían causar un desbarajuste en una cadena trófica para ese entonces estancada.

 

Jurassic World

 

Al ultra dinosaurio se le suma el nuevo actor más carismático de Hollywood, un Chris Pratt que ha necesitado solamente dos películas para reventar el molómetro, perfilándose como el Harrison Ford del nuevo siglo. A él, una Bryce Dallas Howard –BELLA– en perfecta química y unos entregados Nick Robinson y Ty Simpkins, además de varios y muy acertados secundarios, completan el que es uno de los mayores puntos fuertes de la película: el reparto. Otro, que sigue brillantemente intacto, es la maravillosa banda sonora de John Williams.

 

En el rincón de los peros, de cara a la pared, están un malogrado secundario encarnado por el gran Omar Sy, que debía estar constantemente preguntándose “qué estoy haciendo yo aquí”, una carrera en zapatos de tacón casi insultante y la  nada rigurosa exposición, en varios puntos, del comportamiento animal, sea dinosaurio o humano.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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