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Corn Island George Ovashvili  

Corn Island

George Ovashvili

Georgia, Alemania, Francia, 2014

8

 

Tariq Porter

 

Cuando “Boyhood” (2014) aterrizó en nuestras salas, luego de causar un gran revuelo en Berlín y Donosti, se confirmó a su director, Richard Linklater, como un malabarista de lapsos que ha sabido jugar, de manera prácticamente inédita, con el paso del tiempo plasmado al séptimo arte. También su ya crepuscular trilogía romántica, con Ethan Hawke y Judy Delpy como testimonios del paso de los años y sus consecuencias sentimentales, evidencia la aventajada percepción de su director, inversor a largo plazo cual plantador de nogales.

 

Corn Island George Ovashvili

 

Resulta que algunos meses después, y con mucho menos bombo, penetra en algunas salas una joya georgiana que también tiene en el tiempo un elemento esencial, en tanto que activo silente que da fe del transcurrir de la vida. “Corn Island” es ficción, pero tan verídico su escenario, al que vemos en constante metamorfosis, que todo lo que pasa en él transmite realidad. Nada mejor que eso para hablar, sin perder nunca de vista el lenguaje cinematográfico, de lo efímero y lo perenne. Efímero como la pubertad, el verano y las mazorcas de maíz. Perenne como la guerra; perenne como la familia.

 

“Corn Island” se refiere a Georgia poco después de que, casualmente, se estrenara en nuestros lares “Mandarinas” (Zaza Urushadze, 2013), coproducción estonia y georgiana que sin acaso el mismo virtuosismo visual pero de espíritu igualmente lírico y sereno ya hablaba de la historia reciente de un país que en los últimos veinte años ha padecido especialmente su condición fronteriza entre continentes. Dirigida por George Ovashvili y escrita por él mismo junto con Roelof Jan MinnebooNugzar Shataidze, “Corn Island” cuenta la historia de un anciano agricultor y su nieta adolescente, dos indígenas del Cáucaso que se dedican al cultivo estival de maíz en una de las diminutas islas que, cada verano, se forman en la desembocadura del río Enguri y son usadas por los oriundos para proveerse el resto del año.

 

Corn Island George Ovashvili

 

Ovashvili conoce perfectamente el potencial de lo que propone y acierta en prácticamente todos los frentes. Con una impecable pulcritud formal y una visión nunca intrusiva, el film retrata al ser humano desde su vertiente más orgánica, como un actor más del ciclo natural. Allí están sus hostilidades, en auge o residuales; allí está su amor y su deseo primal y contenido. Allí está la muerte y de nuevo la vida. Todos estos elementos están presentes sin un gramo de impostura: el director –se aprecia– no pretende una ópera bigger than life sino todo lo contrario, la plasmación de todo ello desde la óptica más pequeña. El resultado, en cambio, es grande y bello, placer de la mirada y encuentro de sensaciones. Lo erótico de la juguetona curiosidad adolescente; lo venerable de una voz cuya palabra nunca es vana; un cultivo que crece, un río que fluye.

 

“Corn Island” ganó en Karlovy Vary, que no en Berlín, pero como la de Linklater es una película trascendente, artísticamente portentosa –exquisita la fotografía de Elemér Ragályi y exquisitos los protagonistas, Ilyas Salman y Mariam Buturishvili– y tan hermosamente singular como un breve poema ermitaño.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.