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Negociador

Borja Cobeaga

España, 2015

7

 

Tariq Porter

 

Un sabor amargo empaña desde el principio una pantalla que debería saber, por el género al que dice pertenecer y los precedentes de su responsable, al postre con el que uno contrarresta el café del domingo a media tarde. Sin embargo, Borja Cobeaga –director y guionista– parece abogar al principio de “Negociador” por desconcertar al respetable con una segunda taza sin azúcares ni leches, de tono más bien dramático y tan seco como la dialéctica de su protagonista. Éste, un vasco seguido –seguro– por sus ocho apellidos ídem, representa al ciudadano de Euskadi que, cumplido el primer lustro del nuevo milenio, trató de representar al gobierno socialista vasco en las negociaciones con ETA que tuvieron pie en Francia. De eso trata la película: “Negociador” es una tragicomedia sobre un fracasado acercamiento, un flirteo con la reconciliación que quedó en agua de borrajas y que el director vasco se aventura a descubrir, calculando siempre el tono sin renunciar a algunos de los arrebatos cómicos más propios de su filmografía. Empieza todo amargo, sí, pero como en una negociación se distiende poco a poco, y ahí se filtra un humor al principio involuntario y solemne y después simple, desesperada e irremediablemente involuntario.

 

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Y es que el humor en el film de Cobeaga no se basa tanto en los gags prediseñados como en la disección en frío de un desencuentro y la observación de los más que plausibles patetismos de uno y otro lado, indisimulables muy a su pesar como las flatulencias de un monarca. Así, la nueva comedia del realizador vasco nada tiene que ver con su “Pagafantas” (2009) o “No controles” (2010), obras tan abiertamente humorísticas como relativamente inocentonas. “Negociador” parte de una premisa tan delicada que inmediatamente se contiene y, al igual que un superviviente del apocalipsis zombie falto de munición, guarda cuidadosamente sus cartuchos para los momentos clave. Ahí es cuando el director demuestra que su sexto sentido es el del humor, arrojado sutil y precisamente a lo largo de la trama para el gozo del espectador. La otra clave es un elenco que a temor de sonar grandilocuente resulta inmejorable. Su protagonista, Ramón Barea, es el reverso del Karra Elejalde de “Ocho apellidos vascos” (Emilio López-Lázaro, 2014), igualmente genuino pero menos necesitado de tics caricaturescos. Lo acompañan un gran Josean Bengoetxea, que está en racha goleadora después de participar en las películas made in Euskadi más interesantes del año –“Loreak” (José María Goenaga, Jon Garaño), “Los tontos y los estúpidos” (Roberto Castón) y “Lasa y Zabala” (Pablo Malo)– y el que es sin duda uno de los mejores actores actuales de comedia del país: Carlos Areces. Imposible no reírse con el exChanante e imposible no agradecer también la presencia de otros secundarios de lujo, Melina Matthews y Raúl Arévalo entre otros.

 

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Con todo, “Negociador” es una película única en su especie; una singular incursión cinematográfica más positiva por valiente que por redonda, con un guion de irregular efectividad pero muy interesante en tanto que serena y doble afrenta. Es una afrenta, en primer lugar, a la comedia tradicional y ligera en materia gris que tan a menudo pulula en nuestras salas. En segundo lugar, y más importante, el film de Cobeaga se encara también con el óxido político que predomina en la España más conservadora a través de la desmitificación del proceso; de la incorruptible firmeza del gobierno; de la misma banda terrorista y en definitiva de un tema que por sensible a tocar fibras ha sido sistemáticamente instrumentalizado. Así que algunos, a pesar de lo trágico, se reirán con Cobeaga. Otros, a pesar de reír, dirán que Cobeaga es ETA.

 

Comentarios
Tariq Porter

Tariq Porter Astorga (Barcelona, 1988). Licenciado en Bellas Artes en la Universitat de Barcelona y Master en Ficción en Cine y TV en la URL. Ha criticado cine gozosamente en TuPeli o la Revista Mabuse y sigue haciéndolo en Serra d’Or y Blisstopic. Ha trabajado –aún con gozo– en los festivales chilenos Femcine y Fidocs, y sigue haciéndolo en la Acadèmia del Cinema Català y, como programador, primero en el CCCB y actualmente en el Festival de Cinema de Menorca. Escribe harto y pretencioso y lo intenta también con el guión. A ver qué.

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